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La Europa sin brújula toma el timón
Arde París. El primer ministro Manuel Valls armó nuevo Gobierno tras sofocar una rebelión en la granja, y el presidente François Hollande reclama una cumbre de la eurozona para mitigar la ortodoxia de la dama de hierro alemana, Angela Merkel. No reniega del ajuste, pero quiere extender plazos. Y la propia Merkel luce perpleja al preguntarse, días atrás en Lindau, cómo la teoría económica falla en anticipar la crisis y tampoco acierta en el impacto de las medidas adoptadas para combatirla. "Ustedes podrán decir que no escuchamos bien, o que no escuchamos a la gente correcta", confesó.
Hay que comprender que el contexto cambió: Alemania ya no es inmune. La economía cayó el 0,2% en el segundo trimestre y la situación no repunta en lo que va del tercero. Las sanciones a Rusia -y las represalias de Moscú- le pasarán factura. Y la crisis de Ucrania no tiene visos de resolverse sin primero complicarse. El vuelo a la seguridad hunde la curva de rendimientos de los bunds germanos: la tasa a un mes es negativa; la de 10 años, apenas el 0,89%. No es buena noticia: refleja un continente al que se le nubla el horizonte más y más.
La desinflación descendió un escalón en agosto. La medición flash señala un ascenso de precios minoristas de la eurozona, en doce meses, de sólo el 0,3%. Se transita la huella del Japón de mediados de los 90. Y otra recaída en recesión -el "triple dip"- no puede descartarse. Queda claro que la baja tenaz de la inflación no se curará sola. Y hasta que los gobiernos reaccionen, mejor que el BCE le salga al cruce.
Las expectativas se multiplican. Wall Street le tiene fe a Draghi. El S&P500 no trepidó en cerrar por primera vez por encima de 2 mil puntos, pese a los riesgos de un fin de semana largo en un mundo tan corto de paciencia. Los rumores se esparcen como hongos: Draghi estaría dispuesto a bajar la tasa refi -hoy 0,15%- inclusive a cero. Vale recordar que en junio impuso una tasa negativa para los depósitos excedentes en el BCE (y que tuvo éxito en su finalidad: debilitar al euro). ¿Alcanzará con acentuar la poda? La apuesta fuerte no pasa por las tasas. Lo que se viene, se insiste, es la expansión cuantitativa adaptada a la idiosincrasia peculiar de los dueños de casa. La tardanza lo confirma; debutaría justo cuando la Fed clausure la tercera edición de la suya, el QE3. ¿Será cierto?
El BCE descargó artillería de la gruesa en junio. Y, en principio, todavía tiene obuses a disparar. La batería de pases focalizados de largo plazo -TLTRO, en la jerga- debería entrar en acción recién este mes. La banca podrá tomar hasta 400.000 M de euros del BCE pagando la tasa refi más 10 puntos base y volcarlos en préstamos a empresas y particulares. Es imperioso revivir el crédito. Se especula que el spread sobre la refi desaparecería y que los montos podrían aumentarse.
¿Y entonces -dado el inminente estreno de los TLTRO- no habrá QE? Tal vez sí. Draghi avisó en junio que el BCE planea comprar instrumentos hipotecarios privados (ABS). Podría anunciar que la iniciativa está lista. Pero el monto de ABS en circulación es limitado; es el QE soberano, a gran escala, lo que se ansía. La Fed quintuplicó sus activos en cartera. ¿Por qué el BCE, cinco años tarde, no habría de seguirle los pasos? No será porque le guste, sino porque la situación apremia. Dependerá de cuánto aprieta el zapato, cuánto asusta Putin y cuánto margen consiguió Draghi con su prédica.


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