La intervención del estado en sociedades abiertas que operan con mecanismos de control y criterios de transparencia requiere necesariamente que se produzcan informes que acompañen las decisiones. Estos informes validan su credibilidad en el hecho de que fueron concebidos y realizados de modo independiente y sin interferencia del poder político que llevó adelante la decisión. Así, sucesivos informes parlamentarios o informes especiales en Europa y los EEUU han tratado de llevar a la sociedad elementos de juicio para contextualizar y explicar decisiones importantes que involucran cuestiones centrales de corto o largo plazo. El prestigio frente al mundo de estos informes viene dado tanto por la calidad de los equipos académicos en que normalmente se apoyan, así como por la figura de jerarquía nacional o internacional que lidera el informe y que usualmente le otorga el nombre. Esto no quita que existan debates o disidencias importantes. Pero ese debate se construye sobre una documentación abierta y un análisis riguroso e independiente del tema.
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Lamentablemente, el mal llamado "Informe Mosconi" (porque se hace un uso indebido del nombre) dado a conocer por la reciente intervención a YPF no cumple con ninguno de estos estándares. El informe es, tanto por el espíritu que lo anima, por la constitución del grupo de investigación y la información privilegiada manejada sin control, algo más parecido a un juicio sumario inquisitorio para probar una sentencia ya fijada, que algo que a lo que puede denominarse un informe independiente. Más bien, el informe es la culminación de una operación política orquestada para exculpar de malapraxis a la política energética de la Argentina durante los 2000. Se aprovecha de la coexistencia y simultaneidad de un fenómeno sectorial y sistémico como el desbalance energético y del pobre e insatisfactorio desempeño inversor en exploración de YPF. Para descargar sobre esta última todas las culpas que, por lo menos, le corresponden a la política energética. Para ello hace un uso selectivo y tendencioso de una evidencia que no sólo tapa lo sectorial (para lo cual existe información pública) sino que se basa exclusivamente en datos no públicos de YPF, para elaborar al paroxismo una teoría conspirativa.
Informe tuerto
El informe es, en lo general, un informe tuerto. Podrá decirse que, desde un punto de vista político, el hecho de que el informe no haga ni siquiera una mención o una evaluación crítica del acuerdo Kirchner-Petersen-Repsol (del cual la sociedad merece conocer los detalles del contrato explícito e implícito) es equivalente a taparse un ojo. Pero desde un punto de vista económico el querer explicar la situación energética de la Argentina con este informe es equivalente a taparse un ojo y medio. El ojo entero que se tapa es todo el lado de la demanda, que creció en detrimento de la eficiencia energética a raíz de las distorsiones de bajos precios y altos subsidios de la energía. El medio ojo que se tapa es el barrido debajo de la alfombra del resto de la oferta distinta a YPF y del hecho de que su desempeño no estuvo ni por lejos acorde con lo que se hubiera requerido para evitar el desbalance actual. De hecho, varios trabajos independientes y que utilizan datos públicos y métodos estadísticos apropiados aportan evidencia de que la demanda ha jugado un rol importante en los desbalances y que no puede decirse que el resto de la oferta distinta a YPF haya tenido un comportamiento muy diferente en lo productivo si se tienen en cuenta los condicionantes geológicos. Esto ni siquiera es negado por el informe. Es simplemente ignorado. Porque de otro modo, tal vez sin diluir el pobre desempeño de YPF, haría aflorar evidencia contundente de que se trata de un fenómeno general que apunta a la responsabilidad de la política energética.
En lo particular, el informe pone en evidencia que la estrategia explícita de Repsol llevaba a no invertir al ritmo que se requería para estabilizar la oferta. Dice que esto fue más importante desde 2003 cuando se pasó a usar el precio de la energía como un elemento central para el crecimiento de la economía, repitiendo el colmo de las falacias preferidas del gobierno y sus adláteres, de que congelar el precio de la energía es un motor del crecimiento a largo plazo y de la recuperación de los 2000. El informe tiene varias frases conclusivas de redacción estratégica y oportunista. Dice que (sic, el subrayado es mío) "La desvinculación de la evolución de los precios internos de los hidrocarburos de su paridad a nivel internacional llevó, bajo la conducción de Repsol, en un contexto de precios mundiales crecientes, al paulatino abandono de las actividades de exploración y explotación por parte de YPF". Esta conclusión casi sería suscripta por todos los especialistas, excepto por la referencia insólita a que fue "bajo la conducción de Repsol" que operó la reducción de precios y tuvo efectos deletéreos para la inversión. Otra frase célebre es imputar a YPF que "no siguió las buenas prácticas de la industria", cuando debería reconocerse que la política energética fue la que no siguió para nada las buenas prácticas y todavía continúa abjurando y repudiando lo que son buenas prácticas regulatorias.
Lo verdaderamente más triste de este nuevo capítulo de pobreza institucional es que se perdió la oportunidad de producir un informe verdaderamente independiente y con información pública, bien documentada y accesible a todos que hubiera dado lugar a que se explicaran mejor los verdaderos problemas y dilemas que llevaron a acciones empresariales como las observadas y que sirvieran para justificar mejor las decisiones de políticas públicas. O tal vez la oportunidad no está del todo perdida. Eso va a depender de que la oposición no acepte este autodenominado "Informe Mosconi" y se coordine para llevar adelante, en conformidad a buenas prácticas y con apoyo y veedores internacionales, un verdadero informe que reparta mejor las culpas y exponga los problemas y dilemas detrás de esta decisión. Porque no hacerlo sería consagrar una muy baja calidad institucional y no darse cuenta de lo mal que ya nos están viendo en el mundo.
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