30 de julio 2010 - 00:00

La exquisita Bernarda Fink, gran intérprete de Schumann

Muy bien acompañada por el pianista estadounidense Anthony Spirit, la mezzosoprano argentina confirmó las extraordinarias virtudes que la convirtieron en una estrella internacional.
Muy bien acompañada por el pianista estadounidense Anthony Spirit, la mezzosoprano argentina confirmó las extraordinarias virtudes que la convirtieron en una estrella internacional.
Festivales Musicales de Buenos Aires, quinto concierto de abono. Recital de B. Fink (mezzosoprano) y A. Spiri (piano). Obras de R. Schumann, C. Wieck de SchuE. Granados, L. Gianneo, L. DallapiJ. Rodrigo (Teatro Avenida, 28 de julio). 

Era, sin duda, una de las visitas más esperadas del año. Aunque nacida e inicialmente formada en Buenos Aires, la mezzo Bernarda Fink es una estrella internacional, especialmente en el oratorio y la canción de cámara. Fue justamente este aspecto de su arte el que los porteños pudieron gozar en el quinto concierto del ciclo de Festivales en el Teatro Avenida.

Continuando con el homenaje que esa institución realiza a Robert Schumann en el bicentenario de su nacimiento, el recital de Fink y del pianista norteamericano Anthony Spiri tuvo una primera parte dedicada a «Lieder» de ese compositor y de su esposa, Clara Wieck (1819-1896). No pudo haberse dado mejor elección de títulos, ya que todos se relacionan en alguna manera con la historia de amor de ambos y muestran hasta qué punto fueron una misma alma. Las dos «Canciones de la novia» pertenecen al ciclo «Myrthen» opus 25 (sobre textos de Rückert) que Robert ofreció a Clara el día del casamiento, en septiembre de 1840. Le siguieron tres canciones que ella compuso para el ciclo «Primavera amorosa» y que figuran como su opus 12 pero que también integran el opus 37 en la obra de su marido. La sección concluyó con el mucho más famoso «Amor y vida de mujer» de Robert, sobre unos textos de Adelbert von Chamisso que bien podría haber escrito Clara: el enamoramiento, el compromiso, la boda, la maternidad, la pérdida del esposo amado van desfilando en estos poemas, inexplicablemente considerados de escaso mérito por algunos exégetas.

Es difícil pensar en una intérprete más adecuada para estas canciones (y para todo el repertorio liederístico en lengua alemana) que Bernarda Fink. Inteligencia, dicción perfecta, sensibilidad extrema, técnica sin fisuras, voz de hermoso color: Fink posee todas estas virtudes y sabe dotar a cada palabra del acento exacto para que la fusión de texto y música tan lograda por los autores llegue como una flecha al corazón del espectador, sin amaneramientos, gestos exagerados ni caprichos interpretativos que distraigan del mensaje. La sostiene a la perfección la delicadeza de Spiri, que acompaña cada inflexión de la voz solista con soltura y musicalidad.

En la segunda parte, enteramente en español, se pudo escuchar obras tan disímiles como «La maja dolorosa» de Granados, las hermosas «Seis coplas populares argentinas» de Gianneo, las dificilísimas «Cuatro poesías de Antonio Machado» de Dallapiccola, los «Cuatro madrigales amatorios» de Rodrigo, y como bises la «Serenata» de Schumann y «La rosa y el sauce» de Guastavino. Cada interpretación fue inmejorable y mostró la versatilidad de estos artistas capaces de hermanar con su talento los mirtos alemanes con las rosas argentinas y los ruiseñores nórdicos con los criollos jilgueros.

Dejá tu comentario