Gesto. Con esa expresión despidió ayer Donald Trump a los periodistas.
Helsinki - La Unión Europea es un "enemigo", Alemania una "prisionera" de Rusia, la OTAN ya no se da por sentada y la primera ministra británica, Theresa May, no negocia bien con Bruselas. El balance de la gira europea de Donald Trump no puede ser más disruptivo. A continuación, lo que quedó a modo de balance:
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LAS RELACIONES TRANSA-TLÁNTICAS. Ya nada es como era. La UE ya sabe desde hace tiempo que no puede fiarse de un Estados Unidos liderado por Trump. Los últimos días no hicieron más que aumentar esa sensación. Primero Trump se inmiscuyó sin miramientos en las negociaciones de la salida del Reino Unido de la UE ("brexit"), criticando con dureza la actuación de May. Para rematar, dijo que la UE era un adversario en cuestiones comerciales, o incluso un "enemigo".
Esto último no puede significar nada bueno para la disputa arancelaria iniciada por Washington hace meses con nuevos impuestos a la importación de acero y aluminio. Si Trump cumple su amenaza de nuevos aranceles a las importaciones de vehículos europeos, el conflicto comercial derivaría en verdadera guerra.
LA OTAN, EN RIESGO. En el cuartel general de la Alianza Atlántica muchos intuían que la cumbre con Trump sería difícil, pero incluso los peores temores se vieron superados. A puertas cerradas, el presidente estadounidense llegó a amenazar con actuar de forma unilateral si sus aliados no aumentaban inmediatamente su gasto en defensa al 2% de sus respectivos PBI.
Tuvo que celebrarse una reunión de emergencia para evitar que la situación siguiera escalando. Pero no pudieron repararse todos los daños. La cumbre no dejó un mensaje de unidad sino de disputas sin resolver y de profundas divisiones entre aliados. La promesa de Trump al final de la cumbre de guardar fidelidad a la OTAN fue un triste consuelo.
ALEMANIA, BAJO FUEGO. Trump ya había identificado a Alemania como uno de sus adversarios favoritos antes de su viaje por Europa, criticando su insuficiente gasto en defensa, su superávit comercial y la política migratoria de la canciller Angela Merkel. Pero durante la cumbre de Bruselas subió el tono y llegó a decir que Alemania estaba "prisionera" de Rusia por sus importaciones de gas. Fue demasiado incluso para Merkel, que hasta ahora había ignorado con estoicismo los ataques del norteamericano. La canciller rechazó esas declaraciones recordando su experiencia personal con la Alemana comunista, controlada por la Unión Soviética.
Berlín parece haberse dado cuenta de que no puede seguir aguantando todos los ataques de Trump. Desde la cumbre de la OTAN el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Heiko Maas, no pasa un día sin criticar a Trump. "Quien trata a sus socios internacionales como participantes de un 'reality show' no solo pierde la confianza sino que se daña a sí mismo", dijo.
EL TRIUNFO DE RUSIA. Para Moscú, el viaje de Trump fue relativamente bien, tanto que en los programas de debate político se habla de Trump como "nuestro hombre". La OTAN es un adversario para Rusia, por lo que no habrán gustado las presiones de Trump para que se aumente el gasto en defensa. Pero desde Moscú siguieron con interés las disputas en la Alianza Atlántica.
Trump criticó con dureza a Merkel por el gasoducto Nord Stream 2, que llevará gas ruso a Alemania y otros países de Europa, pero no arremetió por ello contra Rusia, principal inversor del proyecto. El Kremlin también se anotó un tanto con la rueda de prensa de Helsinki (pág. 20).
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