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La Gran Manzana que merece ser explorada
Si se habla de Nueva York, es inevitable pensar en grandes símbolos como la Estatua de la Libertad, el Empire State, Times Square o la pista de patinaje del Rockefeller Center. Pero más allá de lo que las guías de viaje incluyen en el top ten de los destinos esenciales y de los recorridos cronometrados de los colectivos turísticos, existen otros puntos de la ciudad que, aunque muy conocidos y visitados, pueden perderse entre la inmensidad y las luces. Son lugares en los que se respira cultura, más allá de la amplia oferta de museos, y recorridos que ameritan caminar sin rumbo fijo, y, por qué no, perderse. Ámbito de Placer propone una lista «apta para todo público» de los «otros imperdibles», aquéllos de una Nueva York que se debe rescatar y supo ser el escenario de libros y películas. La que se recicla día a día para que antiguos lugares en desuso se vuelvan atractivos para artistas y visitantes.
El Brooklyn Bridge Park es una gran opción para pasear, descansar y obtener hermosas vistas de la ciudad.
«Dont judge a book by its cover» (No juzgues a un libro por su tapa) es un antiguo dicho que suele dar en la tecla. Pero tras la fachada de la Biblioteca Pública de Nueva York no existen decepciones. Escalinatas imponentes, dos leones en piedra y el hermoso jardín de la entrada no alcanzan para opacar la belleza de las enormes salas de lectura, con grandes ventanas, además de paredes revestidas en madera. Este edificio estilo beaux arts resalta por sus techos abovedados y sus arañas, pero también por las exposiciones gratuitas ofrecidas en la planta baja.
Abierta de 10 a 18, es ideal para visitar durante el día. Además, es un destino obligado para las fanáticas de la serie «Sex and the City», ya que fue el lugar elegido por Carrie Bradshaw para casarse con el Sr. Big en la película. Seguro el público no puede olvidar el extravagante tocado de plumas de la protagonista, el vestido de Vivienne Westwood y el plantón del caballero, pero se le debe recordar que ese escenario de ensueño corresponde, nada más y nada menos, a un lugar de estudio.
A muy pocas cuadras, se ubica la estación de trenes Grand Central, que, más allá de su función, se convierte en un destino obligado por su majestuosa estructura. Construida en 1913, esta terminal fue la elegida como escenario de la película «Los intocables». Es recomendable visitarla de noche para apreciar el esplendor de las luces que iluminan sus enormes escaleras de mármol y por los techos verdes con constelaciones pintadas en dorado. El interior alberga además distintos lugares de esparcimiento, como restoranes, tiendas de ropa y el museo gratuito New York City Transit.
SOBRE RIELES
Flores, pastos nativos, cómodas reposeras, puestos de café y vistas inolvidables integran un nuevo clásico de Nueva York, que tiene apenas cuatro años de vida. Se trata de The High Line, un parque erigido sobre unas vías en desuso que, una década atrás, estaban cubiertas de maleza y basura. Esta atracción, a la que se accede por escaleras y se extiende entre las calles Gansevoort y 30, estuvo cerrada por una semana a causa del huracán Sandy, pero reabrió a principios de noviembre tras comprobarse que sus estructuras estaban en perfecto estado.
Es un sitio imperdible si se tiene en cuenta que, hacia el oeste, se pueden apreciar excelentes panorámicas del río Hudson, mientras que al este se capta el hermoso paisaje de los barrios de Chelsea, y el Meatpacking District, dos vecindarios que merecen ser caminados. El primero, por su historia, arquitectura y su variado Chelsea Market; el segundo por ser un área donde se reciclaron antiguas plantas empaquetadoras de carne para alojar a artistas, diseñadores y restoranes de moda. Quienes exploren estas calles comprobarán que en Manhattan el sur también existe.
DEL OTRO LADO DEL PUENTE
Calzarse las zapatillas y cruzar el Brooklyn Bridge es un recorrido tan bello como extenso, pero si piensa tomar un subte no bien termina de caminar, le sugerimos que no cometa ese error. Es mejor optar por un trago en el River Café. El restorán y bar de grandes ventanales con vista al río resulta un oasis entre los estímulos de una ciudad que nunca frena. Su decoración es capaz de trasladar a los comensales hacia los lujos de la década de 1950, con sus toldos blancos y amarillos, su completísima oferta de alcohol, la música clásica de fondo y los mozos vestidos con casacas blancas y pantalones negros. Situado bajo el puente, sobre Water St., el lugar invita a entrar por sus cuidados arreglos florales. En el salón, se puede disfrutar de una buena comida (sólo apta para bolsillos abultados), de una bebida en la barra o en el balcón.
Si el presupuesto es bajo, no se preocupe. Un picnic en el Brooklyn Bridge Park, con sus playas de piedra con vista a los dos puentes, resulta paradisíaco para turistas y fotógrafos profesionales, que retratan la paz del río frente a la inmensidad de Manhattan. Además del verde, una calesita vidriada ofrece, por u$s 2, girar y disfrutar de uno de los paisajes más conocidos del mundo, una gran excusa para que los grandes vuelvan a jugar como chicos.
Ahora, cuando esté listo para volver a caminar, le sugerimos dos opciones cercanas. La primera es el distrito DUMBO, llamado así no por el conocido elefante de Disney sino por la sigla de Down Under the Manhattan Bridge Overpass (Bajo el puente de Manhattan). Este pequeño vecindario se destaca por sus viejos almacenes reciclados y convertidos en reductos de artistas plásticos, cafeterías modernas y tiendas independientes. La otra es el coqueto barrio de Brooklyn Heights, otrora considerado el primer suburbio de Manhattan, donde vivió el célebre escritor Truman Capote.
TIENDAS CON HISTORIA
Gracias a Capote, la joyería Tif-fany and Co. se hizo mundialmente famosa. Cómo olvidar a la querible Holly Golighty, esa chica glamorosa de orígenes humildes que se definía en su tarjeta personal como «viajera». Los aparadores de vidrio de este local en la Quinta Avenida son una obra de arte y los diamantes se exhiben en todas sus formas y tamaños. Eso sí, no espere que le sirvan el desayuno.
Otro destino obligado, en especial si tiene chicos, es la juguetería FAO Schwarz, un paraíso infantil de varias plantas fundado en 1862. Fue mundialmente popularizada por la película «Quisiera ser grande», en la cual un Tom Hanks niño con cuerpo de adulto camina sobre un enorme piano con teclas de neón. Ahora, si su acompañante considera que el destino es infantil, y es fanático de otro tipo de juguetes -los tecnológicos-, no se preocupe: a apenas pasos se puede disfrutar de la más famosa sucursal del Apple Store, que posee la forma de un cubo transparente y está abierta las 24 horas, los siete días de la semana.
Por último, no se pierda Macys, la tienda «a lo Harrods» más grande del mundo. Situada en la Sexta Avenida y la calle 14, en Herald Square, este lugar es mucho más que un centro de compras. Es, por cierto, un emblema de la ciudad, ya que patrocina el famoso desfile del Día de Acción de Gracias, los fuegos artificiales del 4 de Julio y el festival de baile Tap-O-Mania.
ENTRE ANDAMIOS
Otro ícono que permaneció cerrado por el huracán Sandy y reabrió sus puertas en este mes fue el Carnegie Hall, la sala de conciertos que fue salvada de la demolición en 1960 por una campaña que realizó el violinista Isaac Stern, luego de que la Filarmónica de Nueva York trasladara su sede al Lincoln Center. Ahora, lejos de la intención de destruirla, los andamios anuncian una restauración minuciosa para que su antiguo esplendor resista el paso del tiempo. Lo mismo sucede con la Catedral de St. Patrick, la iglesia católica más grande -y probablemente, también la más bella- de todo el país, que puede visitarse más allá de que los caños velen la belleza de su fachada en estilo gótico.
Pero lejos de la ópera y la religión, un símbolo del rock y la poesía también se esconde detrás de una estructura metálica. Se trata del Chelsea Hotel, que en este momento está cerrado al público. Tras más de seis décadas bajo la dirección de los mismos dueños, el ícono de ladrillos rojos pasó a manos húngaras y hoy está en reformas. Se alojaron en sus habitaciones músicos como Bob Dylan y Janis Joplin, e incluso fue allí donde Sid Vicious apuñaló a su novia Nancy. Este clásico sirvió de inspiración para Leonard Cohen, quien compuso un tema que lleva su nombre, y más tarde, la cantante y escritora Patti Smith relató en la biografía «Éramos unos niños» como, sin todavía ser famosa, invirtió hasta su último centavo para alojarse allí junto a su gran amigo, el fallecido fotógrafo Robert Mapplethorpe. Más allá de que hoy no estén permitidas las visitas, merece la pena contemplar las placas externas para después cerrar los ojos y sentir la energía de los célebres que gestaron en ese alojamiento sus más grandes obras.
MÚSICA Y ESPECTÁCULOS
Si la ciudad tuviera una banda sonora, sería de jazz. Y si se habla de jazz, cómo no pensar en el Blue Note, el clásico local del Greenwich Village, donde han pasado artistas de la talla de Sarah Vaughan, Dizzy Gillespie y Natalie Cole. Todos los días, este clásico, visitado por fanáticos del mundo entero, ofrece conciertos a las 20 y a las 22.30, con derechos a shows que pueden variar, según el espectáculo, desde u$s 5 a u$s 30 en la barra y hasta u$s 15 a u$s 60 en las mesas compartidas, si desea cenar.
Pero el jazz nunca descansa, incluso gratis y al aire libre. Músicos excelentes pueden encontrarse en cualquier rincón del Central Park. Incluso no faltan los saxofonistas que aprovechan los numerosos arcos de excelente acústica para interpretar clásicos como, por ejemplo, «Somewhere over the rainbow». Es que el inmenso pulmón verde es mucho más que el Strawberry Fields y el Great Lawn. Para recorrerlo con otros ojos, le proponemos leer las dedicatorias en sus bancos, ya que algunas, que sólo acusan iniciales, podrían corresponder a amores clandestinos. Por último, para visitas más programadas, el Delacorte Theater ofrece entre julio y agosto el ciclo «Shakespeare in the Park», con entrada gratuita.
¡A CAMINAR!
Las guías pueden omitir un destino que se descubre por casualidad y que resulta inolvidable. Uno de ellos es el circuito aeróbico desde el Battery Park (donde se toma el ferry para ir a la Estatua de la Libertad y Ellis Island) hasta el barrio de TriBeCa (Triangle Below Canal Street). Similar a Puerto Madero, pero con muchísimos árboles, resulta un lugar de ensueño para hacer ejercicio o tomar fotografías del río.
Ahora, si lo que desea es dejar el reloj a un lado, caminar y hasta perderse, los mejores lugares para hacerlo son el West Village y el Greenwich Village. ¿Se acuerda de la hermosa fachada del edificio en que vivía Carrie Bradshaw? Bueno, podría ser cualquiera, porque cada entrada es dueña de ese estilo tan característico. Los toldos verdes, los ladrillos rojos, las columnas blancas y las flores que adornan las puertas invitan a recorrer todo rincón y a agradecer, por fin, que no se espere por ningún colectivo.


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