La hora del federalismo, el momento de la sensatez

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Desde la provincia mesopotámica aseguran que la sociedad debe ser testigo de una tarea conjunta.

El fortalecimiento de un esquema de reciprocidad que garantice la gobernabilidad entre la Nación y las provincias parece ser uno de los desafíos que impone la hora. En los últimos días, los mandatarios de casi el total de las jurisdicciones provinciales hemos celebrado un acuerdo que incluye reformas que no podrían darse si no es en el marco del consenso y el diálogo democrático. Al unísono hemos resaltado la atmósfera de diálogo que primó en los encuentros previos al pacto, y esa conducta debe ser la más efectiva aspiración a defender y cristalizar en adelante, logrando acuerdos superadores que permitan la concreción de un equilibrado crecimiento en lo económico, y de consolidado progreso en lo social para todos. Es la hora de profundizar un auténtico federalismo, es el momento de la sensatez en la Patria.

El desafío de la gobernabilidad, a su vez, no podría ser una realidad si no logramos juntos dar un paso más: robustecer la autonomía de los propios espacios políticos, generando una proactiva convivencia. Los acuerdos deben ser el resultado de la búsqueda de intereses superiores, no de miradas mezquinas. Es un imperativo de esta hora avanzar hacia una verdadera madurez democrática, donde las partes alimentan al todo y al mismo tiempo el todo nutre a cada parte. La sociedad necesita ser testigo de una tarea en conjunto entre la Nación y las provincias, más allá del color político de quien gobierne.

El dinamismo de los acontecimientos nos va poniendo de cara a nuevos escenarios donde la política debe dar respuestas cada vez más con modos de proceder de sincera cercanía y actitud de servicio constantes. El contacto con la gente, la destinataria primigenia del quehacer cotidiano, nos va, en este sentido, marcando la ruta. La sociedad necesita que la relación de ida y vuelta con sus representantes sea una práctica permanente, alejada de oportunismos electorales. Es allí donde la acción de la política se vuelve nutricia. Este es un gran desafío para este tiempo, y los venideros.

Gobernabilidad, federalismo, madurez democrática y cercanía no podrían resolverse sin el agregado de otro componente fundamental, como lo es la transparencia en el manejo de los recursos de la cosa pública. Son tiempos difíciles estos que atravesamos, y la coyuntura muchas veces suele querer conspirar contra el pautado de una agenda que atienda lo estructural. Una dicotomía sin solución de continuidad, aparentemente. Durante décadas, los argentinos asistimos a diferentes propuestas con distintos rumbos, todas proclamadas como medidas tendientes a corregir flagelos como la pobreza, la inequidad distributiva, el ahogamiento fiscal, el estancamiento productivo. Habrá que ser transparentes y austeros en el marco de un esquema programático equilibrado que no genere distorsión para ninguno de los lados de la balanza: contener gastos y recursos pero con una mirada sobre lo social nítida y vigilante, sobre todo en los sectores más vulnerables. Cuidar el entramado social tiene que ser una meta insoslayable, y por lo tanto, cualquier signo de resquebrajamiento debe ser foco de nuestra preocupación inmediata.

Los objetivos antes señalados deberán dar vigor a estrategias claves para Misiones, como provincia enclavada en un área geopolítica inigualable por su 92% de situación limítrofe con el exterior. Fortalezas y oportunidades que coexisten con los países hermanos de Paraguay y Brasil, por eso decimos que Misiones es como un portaaviones metido en una zona de amplio potencial económico y productivo. Fronteras ampliadas. El turismo y la industria, el agro y las manufacturas, la biodiversidad, la energía y las comunicaciones, son materia primordial en la agenda bilateral con nuestros vecinos. Por eso insistimos en la creación de vías terrestres que acentúen el intercambio como puentes y vías de navegabilidad. Somos mucho más que destinos de turismo y veraneo. Podemos profundizar de modo concreto el potencial que tenemos, porque además nuestro acervo cultural e histórico así lo demuestran. Somos un crisol, una amalgama. Es nuestro misionerismo.

En esa dirección vamos, sin restar energía a políticas que nos posicionan entre las provincias con mayor inversión per cápita: la salud y la educación. Misiones supera ampliamente la media nacional en población juvenil: el 40% de nuestros comprovincianos tiene menos de 18 años. Lejos de ser un problema, es para nosotros un gran desafío. Son nuestro desvelo. La generación de empleo y la lucha contra el narcotráfico y el narcomenudeo son, con más razón, cuestiones urgentes. Por eso invertimos en seguridad como nunca antes, logrando objetivos históricos.

Nuestros jóvenes necesitan un terreno propicio para el desarrollo de oportunidades y un ambiente social adecuado para el estímulo de valores humanos.

Gobernador de Misiones

(Frente Renovador de la Concordia)

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