30 de noviembre 2012 - 00:00

La imaginación como válvula de escape

Rita Terranova e Ingrid Pelicori son las exactas protagonistas de «Sol de noche», lograda comedia de Cristina Escofet sobre dos seres que bordean la locura y encuentran en la actuación y el juego grandes recursos de supervivencia.
Rita Terranova e Ingrid Pelicori son las exactas protagonistas de «Sol de noche», lograda comedia de Cristina Escofet sobre dos seres que bordean la locura y encuentran en la actuación y el juego grandes recursos de supervivencia.
«Sol de noche» de C. EsDir.: F. Javier. Int.: R. Terranova, I. Pelicori y otros. Dis. Vest. y Esc.: C.Di Pasquo. Dis.Ilum.: F.Díaz. (Teatro Nacional Cervantes).

En esta comedia de Cristina Escofet, que su autora definió como una «obra de realismo mágico», conviven el humor, la ternura y el apunte irónico. Herramientas que dan forma a un universo femenino donde los límites entre la realidad y la fantasía tienden a desdibujarse.

Aunque la acción está ubicada en los años 50, sus protagonistas, Felicitas (Rita Terranova) y Fina (Ingrid Pelicori), se visten y conducen como dos damas «Fin de Siècle», de una decadente aristocracia que las lleva a fabular otros destinos más sofisticados que el que les tocó en suerte. Ambas conviven desde hace años en una antigua casona del Tigre y mientras Felicitas se esmera en hablar francés para convencerse de que vive en Niza y no en un ignoto recodo del Delta. Fina representa cada tarde a María Estuardo, entre otras heroínas. «Toda mujer tiene que sacar afuera la reina que lleva dentro», le aconseja a su medio hermana.

Unidas y enfrentadas por un antiguo amor y también por secretos nunca esclarecidos que incluyen robos, crímenes y sospechas cruzadas, estas dos soñadoras viven en un tiempo detenido, entre rituales y dramatizaciones que les permiten negociar con algunos recuerdos dolorosos y las protegen del hastío pueblerino y de la amargura de la soltería. Se plantean varios misterios a resolver, pero la intriga no es el punto fuerte de esta pieza que celebra la imaginación y la necesidad de juego como grandes recursos de supervivencia.

La irrupción de dos figuras de un presente más cercano, supuestos herederos de la vieja casona (ahora destinada a la demolición), no afecta sustancialmente a la trama principal. Se trata de un recurso propuesto por el director para subrayar el aire chejoviano que rodea a las protagonistas. No obstante, el mayor acierto de Francisco Javier fue darle unidad, verosimilitud y trascendencia a los juegos y rutinas de dos seres que bordean la locura y encuentran en la actuación su única válvula de escape. Hasta que ciertas verdades van imponiendo un nuevo pacto de convivencia.

Pelicori y Terranova componen un delirio a dúo que provoca hilaridad en la platea y ambas le aportan a sus personajes una conmovedora humanidad, aun en escenas que resultan algo impostadas, como aquellas en las que interactúan con el jacket del hombre amado.

Escofet, además de dramaturga, escritora y profesora de filosofía, es una reconocida investigadora en temas de género. Sus diálogos brillan con observaciones disparatadas, reflexiones poéticas y sabios consejos para las mujeres.

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