8 de febrero 2018 - 00:00

La industria de la música se enfrenta al #MeToo

Géneros tan populares como el hip hop, el reguetón y el rap, entre otros, cimentaron en numerosos casos su fama con textos degradantes hacia la mujer. Los contenidos de canciones de Jay-Z, Eminem, Snoop Dogg, y a veces hasta de autoras mujeres, están hoy en el ojo de la tempestad.

Jay-Z y Beyoncé. Los actuales estándares de moral en Hollywood les ponen la luz roja a muchos temas.
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Nueva York - Las letras que desprecian a las mujeres son comunes en el hip-hop, pero el sexismo también se da en otros géneros. ¿Conseguirá el movimiento #MeToo impulsar cambios también en el sector musical, tras una gala de los Grammy dominada por los hombres? "Si tienes problemas de mujeres, lo siento por vos, hombre. Tengo 99 problemas, pero una puta no es uno de ellos", cantaba el rapero estadounidense Jay-Z en uno de sus hits. En 2013 otro rapero, Eminem, hacía referencia a aquella canción diciendo que, en su caso, la "puta" era cada uno de sus 99 problemas. Y concluía: "Necesito una ametralladora".

A la luz del movimiento #MeToo, el hip-hop quedó rabiosamente en el pasado. Lo que se debate hoy es si un género tan sexista, que desprecia a las mujeres, puede modificarse. ¿Es posible que Eminem condene las agresiones sexuales en la vida real y mantenga la simpatía de sus fans después de haber deshonrado a las mujeres verbalmente durante toda su carrera? ¿Es posible eliminar la palabra "bitch" (puta) del género?

No hay que buscar mucho para encontrar textos y videoclips sexistas de hip-hop de los últimos años y décadas. El álbum de Snoop Dogg, "Doggystyle" (1993), no sólo está considerado como el santo grial del rap de la Costa Oeste sino que también sentó las bases de la humillación de la mujer en el género. En este disco se describe a las mujeres como objetos sexuales que cumplen prácticamente todos los deseos de los gangsters en sus excesos.

El 22 por ciento de las letras de rap, entre 1992 y 2000, tenían contenidos degradantes para las mujeres, según un estudio publicado en 2009 por la Universidad George Washington. Y esa conducta sigue extendida hoy en día en el hip-hop. Además, las propias mujeres avivan el problema cuando una cantante como Nicki Minaj habla de "stupid hoe" (puta estúpida) y Lil' Kim o Rihanna, al igual que sus compañeros masculinos, pisan a otras mujeres con letras dirigidas hacia esas "putas".

Pero el sexismo no se limita sólo al hip-hop o al reguetón, cuyos hits también suelen acaparar titulares por sus letras machistas. En el videoclip de "Summer", del DJ Calvin Harris, chapotean modelos en la piscina y animan semidesnudas a los hombres que participan en una carrera de autos. En el video de "Never Say Never", del dúo de música electrónica Basement Jaxx, unos científicos crean en el laboratorio los traseros femeninos perfectos. Y en el clip de "Tunnel Vision", Justin Timberlake no puede apartar la mirada de unas mujeres que bailan en las sombras con unas diminutas tangas. Algunas artistas, como Taylor Swift o Kesha, se han tenido que defender de acosos sexuales.

Como presidente de la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación y director de la entrega de los Grammy de este año, Neil Portnow -una especie de padrino del sector- no podrá solucionar el problema solo. Según anunció tras una gala en la que las mujeres recibieron muchas menos nominaciones y premios, y subieron menos al escenario que los hombres, se creará un grupo de trabajo que investigará "trabas claras y prejuicios inconscientes" contra las mujeres en la industria de la música.

Los cantantes, compositores, productores y las discográficas son los que más deben trabajar por acabar con la música sexista, al igual que las personas que la escuchan. Sin embargo, gracias a ellos y a los alrededor de 13.000 miembros con derecho a voto de la Academia, "New Slaves", de Kanye West, fue nominada en 2013 a la mejor canción de rap. En ella el rapero aboga por obligar a las mujeres de empresarios blancos a mantener sexo como venganza por ser esclavos modernos.

Y fue el cantante Robin Thicke el que se llevó la palma al crear en 2013 una canción con el hit "Blurred Lines", que según "The Guardian" fue "la canción más polémica del siglo". En ella, se "libera" con sexo a una "buena chica" ("good girl"), pues al parecer ella así lo quiere en secreto ("I know you want it"), aunque no lo pida en ningún momento. Se trataba de la fase previa a una violación, pero fue celebrada como un auténtico hit que sonaba en todas las fiestas. Aunque alrededor de 20 universidades británicas prohibieron la difusión del tema, éste alcanzó el número uno en las listas de 25 países.

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