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La lucha de una mujer de temple
Dice bien el título: éstos son fragmentos de una búsqueda. Esa búsqueda lleva años. Desde hace años, una mujer decidida, Susana Trimarco, busca a su hija Marita Verón, secuestrada por tratantes de blancas en Tucumán. No tiene suerte, pero mientras tanto va criando a su nieta, enfrenta la caradurez de policías y funcionarios, rescata a otras jóvenes, recibe homenajes en EE.UU. y amenazas anónimas en su vieja computadora. Éstos son solo fragmentos de su lucha, pero muy expresivos.
El caso Marita Verón es conocido, o al menos tomó estado público, gracias a la energía de su madre, que sigue firme pese a todo. La ayudaron hasta cierta altura un abogado, el marido, la siguió ayudando un tiempo más el comisario Jorge Tobar, ahora retirado y convertido en instructor de vuelos en ultralivianos. «Ganas de agarrar la pistola e irme solo», confiesa el comisario, cuando describe las vueltas de la burocracia, la supuesta ingenuidad de un interino, la connivencia de uniformados que avisan a los proxenetas cualquier noticia, y hasta hacen servicios adicionales de protección en la puerta de los prostíbulos, ¡con el uniforme puesto!
Reveladoras, las escenas captadas con cámara semioculta donde un alto policía insiste en disuadir al abogado para que no acompañe a su representada, o donde otro escucha con las manos en los bolsillos, imperturbable, las quejas de la mujer. Han adulterado fechas, y se hacen los zonzos. Reveladora, también, la actitud del ministro nacional que dice «en algunas provincias la misma justicia está metida», pero no hace concretamente nada, más que dejar hacer. Y curiosas, incluso risueñas, las escenas de la nieta camino a la escuela, o jugando en la plaza, siempre acompañada por un custodio grandote, todo armado, única protección que la familia pudo conseguir.
Son fragmentos, nada más, pero ojalá hubieran existido esas cámaras para hacer seguimientos similares en otras épocas. Bueno, que sirvan entonces para ésta, cuando hay tantas chicas desaparecidas en democracia. Muy elogiable el trabajo de Pablo Milstein y Norberto Ludin, directores, y del conocido periodista Eduardo Aliverti, aquí productor ejecutivo, es decir, el mismo equipo de «Sol de noche», tocante elogio de otra mujer de temple, la jujeña Olga Márquez de Arédez, reclamando también durante años ante la indiferencia oficial por su esposo, médico desaparecido.
P.S.


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