«Reinalda del Carmen, mi mamá y yo» (Chile, 2007, habl. en esp.); Guión y dir.: L. Giachino Torréns; documental.
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Reinalda del Carmen y Jacqueline fueron amigas desde siempre. De muchachitas, las llamaban el Dúo Sonrisal. Juntas estudiaron en Tecnología Médica, juntas trabajaron. Hubo un tiempo en que no tuvieron ningún contacto, pero puede decirse que siempre fueron amigas. Y que lo fueron para siempre, ahora que una ya murió y la otra, debido a un coma diabético, ha perdido un poco la memoria.
La memoria es el tema de este documental de la cineasta chilena Lorena Giachino Torrens. Y por ahí va el asunto. Más inquieta que su amiga, Reinalda se hizo comunista. En 1974, embarazada, pasó a integrar la dirección del PC en la clandestinidad. Se sabe dónde la secuestraron. Hace poco también se supo cómo la mataron. Todavía no, dónde están sus restos. ¿Pero qué sabía Jacqueline, y qué quiere saber? ¿Por qué, siendo tan unidas, tomaron caminos tan distintos?
La hija trata de indagar estas cuestiones, a veces en el límite de lo posible, ya que está en juego la salud emocional de la madre, quien selecciona sus recuerdos, y procura evitar la catarsis que la otra, como cineasta, parece estar buscando, al punto de querer llevarla en peregrinaje a la famosa Cuesta Barriga, donde se hallaron más de 200 restos óseos, entre ellos tal vez el de la amiga.
A veces, esa relación madre-hija va por los carriles del afecto. A veces, refleja más bien el roce entre quienes preguntan y cuestionan, y quienes, por diversas razones, no tienen muchas ganas de hablar. Y además, se van olvidando. Algunos huecos, Lorena busca llenarlos con la jefa y las compañeras de trabajo de ambas amigas, la abuela, dos señoras forenses, un abogado, el juez Carlos Cerda (ahora hay en Chile cinco jueces con dedicación exclusiva para los crímenes de los '70, y nadie los apura). Otros huecos, van a seguir.
Dignos de señalar, entre los méritos artísticos, la sombra de madre e hija juntas por el camino, la escena donde la chica abre las ventanas de Medicina mientras se oye, en viaje hacia el pasado, «El Twist del esqueleto», otra donde la mujer intenta recordar una canción de María Elena Walsh, hasta que logra cantarla a dúo con la hija, aquella en que la enfermera joven cuenta con sencilla ternura una pequeña anécdota de su paciente, la música muy bien elaborada de Camilo Salinas, nieto de un desaparecido. Mejorable, el pulso de quien maneja cada tanto la cámara en mano (la propia autora presenta este film hoy a las 21 hs. en el C.C. de la Cooperación, donde se da exclusivamente los jueves).
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