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La muestra de Roma, entre faltazos estelares y cine de la nostalgia
Colin Farrell en «Triage», la película cuya exhibición se olvidó de ir a presentar en el Festival de Roma, donde se vio ayer el film argentino «Plan B».
Otro tipo de nostalgias -adquiridas- tienen más gravitación, en especial la estupenda retrospectiva dedicada a Sergio Leone y sus spaghetti westerns, en copias restauradas, que se llenan de un público que seguramente nunca los ha visto en pantalla grande. En segundo lugar, con menos convocatoria, la revisión de 14 de los títulos más importantes de Luigi Zampa.
Tras el faltazo de Colin Farrell para presentar «Triage», hasta el momento las dos estrellas que concentraron la atención de los paparazzi fueron Richard Gere y George Clooney, aunque no en la jornada inagural (hubo quienes se quejaron de una alfombra roja inicial demasiado fría: la figura central de esta edición, Meryl Streep, arribará recién el 22, pocos días antes de la clausura.
Singular lo de Clooney: casi como si viviera en Buenos Aires, atacó al periodismo. Aunque en su caso, quizá, con razones valederas, y de una manera educada desde ya. Roma ha de ser el cuarto festival consecutivo en el año en el cual se le pregunta, en la conferencia de prensa, si es homosexual. Aunque lo tomara en broma en otros casos, en Roma se puso serio, y manifestó que ese tipo de preguntas idiotas no hacían otra cosa que revelar el escaso interés que demuestra cierta prensa por el cine mismo. Y que, en momentos en los que la supervivencia del cine atraviesa, frente al consumo multimedia, todo tipo de amenazas, distraerse en tonterías semejantes atentaban contra la película como producto.
Cerca de él, la modelo Elisabetta Canalis, que lo acompaña a todas partes y con la que intercambia besos públicos -lo peor que puede hacer, piensan muchos, frente a las suspicacias de la prensa del corazón-, asentía cada una de sus palabras. Tal vez se trate de un cierto sentimiento colectivo en contra de la Canalis. Un colega italiano le dio a este diario la siguiente definición de la modelo: «una prezzemolo», esto es, literalmente, un «perejil», aunque en italiano la expresión no reviste popularmente el mismo significado que en Buenos Aires. La aplican en el sentido del condimento sabroso que se adapta a cualquier plato.
«Up In The Air», el film que presentó, es del mismo director de «Juno», Jason Reitman (que ganó en este mismo festival en 2007), y en el cual interpreta un antihéroe: un especialista en «cortar cabezas» en empresas, un ejecutor de «racionalizaciones», que vive más a bordo de un avión y en aeropuertos que en otra parte. El film es moderadamente entretenido, y afortunadamente carece del final convencional al que parece apuntar a partir de su segunda parte.
La Argentina ya hizo su entrada con «Plan B» de Marco Berger, interpretada por un elenco juvenil que integran Manuel Vignau, Lucas Ferraro y Mercedes Quintero. En la función de prensa, realizada el domingo por la noche en la sala Ikea (un pabellón nuevo a un costado del Auditorio, que pese a su moderno equipamiento técnico, el sonido estaba mal calibrado y obligó a reiniciar la proyección después de los títulos), hubo moderados aplausos. «Plan B» es una película pequeña en presupuesto y digna de un cuento breve, casi de un epigrama. El formato largometraje le sienta demasiado amplio, y muchas veces no se sabe si los largos momentos de silencio obedecen realmente a una decisión estética.
Su historia es el relato de un juego perverso, a cargo de personajes que si de algo no tienen cara es de perversos. Laura lo deja a Bruno para irse con Pablo. Bruno se deprime y quiere vengarse (según lo que dicen los textos, no las actuaciones ni el clima del film). Entonces decide seducir a Pablo, tal el «plan B» de la vendetta. No es lícito revelar lo que sigue -el film se va a estrenar en el país-, aunque se puede decir que el desenlace es literariamente plausible. Desde luego, uno se queda con las ganas de saber qué hacen en la vida Bruno, Pablo y Laura, de qué trabajan (si es que trabajan en algo), qué es lo que les gusta o no. En definitiva, sería bueno saber quiénes son. No se conoce nada de ellos; apenas, por el humilde decorado, que pertenecen a una clase social media baja. Sólo están allí, fumando marihuana sin hacer nada, pensando, tirados en una cama. Resulta muy difícil compadecerse del sufrimiento de alguien cuando se ignora quién es el que sufre.


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