Siendo un adolescente que vivía en Chicago en la década de 1970, Rogers recuerda ver la televisión con su familia y quedar horrorizado por cómo la CIA, el FBI y la NSA habían espiado ilegalmente a cientos de miles de estadounidenses.
"Puedo recordar ser muy vehemente con mi padre, diciéndole: 'Papá, ¿qué clase de país querríamos ser para que permita que se haga algo así?'", dijo Rogers.
Cuatro décadas después, y seis semanas en su nuevo cargo como director de la NSA, la agencia afronta acusaciones similares de que ha empleado su enorme poder de vigilancia para aplastar la privacidad.
Al contrario que en la investigación de 1975 sobre las actuaciones de la CIA, el FBI y la NSA, las acusaciones de hoy han sido a una escala mundial, dañando las relaciones de Estados Unidos con Brasil, Alemania e Indonesia.
Aunque Rogers desestimó una comparación directa -apuntando que los programas de la NSA expuestos por el exanalista Edward Snowden el año pasado habían sido considerados legales-, dijo que entendía las preocupaciones que han surgido sobre el equilibrio de los derechos individuales de privacidad frente a las necesidades de seguridad.
"Ya hemos ido por ese camino en nuestra historia, y no siempre ha resultado bien. No tengo deseos de ser parte de eso", dijo Rogers, de 54 años, a una cumbre de ciberseguridad de Reuters en Washington.
Sin embargo, la declaración de que quiere seguir con la polémica búsqueda de la NSA de registros telefónicos, conocidos como metadatos, ha atraído las críticas a las preguntas de si el nuevo director está completamente a favor del cambio.
En su primera entrevista desde que asumió la función, Rogers, un almirante de la Armada, habló de la necesidad de la transparencia y de rendir cuentas. Para reparar las relaciones de la agencia con las empresas de internet y de telecomunicaciones, así como con los aliados de Estados Unidos, la NSA debe desprenderse de parte de su cultura y ser más clara con lo que hace.
El funcionario es criptólogo de carrera, un especialista en crear y romper códigos -con poca experiencia en la vida pública- y un agente de inteligencia lo encaminó hacia esas tareas.
Rogers, que tiene por delante grandes desafíos, dijo que la moral entre las decenas de miles de empleados de la NSA está minada y que mucha gente en la agencia ve incómoda y algo perpleja estar bajo el escrutinio público.
| Agencia Reuters |

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