La pelea por encontrar un vuelo a Roma

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No todos los opositores tomaron el mismo camino para llegar a Roma. La comitiva de Cristina de Kirchner, incrementada sólo después de negociaciones con el Vaticano para darle a la Argentina un poco más de lugar que al resto de los mortales, recién hoy terminará de armarse, por lo menos en lo que toca a la oposición.

Así, ni el viaje ni la ubicación mañana en la Plaza de San Pedro serán los mismos para todos.

El pionero fue Ricardo Alfonsín, que, junto con su esposa, sacó pasaje y viajó el viernes pasado a Madrid y de allí a Roma.

La conexión España fue casi obligada para opositores y oficialistas que no pudieron subirse a vuelos directos por la ocupación y escasez de vuelos. En esto, además de la línea aérea española, la alemana Lufthansa con un vuelo especial, ayudó a descongestionar Ezeiza, que ayer se convirtió en una especie de distribuidor de tráfico entre Buenos Aires y Roma. Julián Domínguez, presidente de Diputados, por ejemplo, fue uno de los que tomaron el camino alemán para llegar al Vaticano. Por la misma vía partieron José Ignacio de Mendiguren, presidente de la UIA; el intendente de Florencio Varela, Julio Pereyra, y los sindicalistas Omar Viviani, Antonio Caló y Omar Suárez. Viviani se convirtió en un asiduo visitante de Roma y no sólo por tener intereses gastronómicos en esa ciudad, como se le asignan, sino porque encabezó una delegación que llegó a ver este año al ahora papa emérito Benedicto XVI en una audiencia pública dentro de la gigantesca aula Paulo VI.

Lo cierto es que más allá de las invitaciones formales o los grupos de viaje armados sin demasiado protocolo, sólo hubo avión oficial para Cristina de Kirchner y su comitiva de secretarios y asesores.

Diputados y senadores se dividieron los vuelos disponibles en una interna que anoche seguía sacando chispas en el aeropuerto.

En un vuelo del mediodía partieron a Madrid los radicales Juan Carlos Marino y José Cano. Por el Gobierno se subieron Aníbal Fernández y Mario Colazo, y por el Frente Amplio Progresista se subió Rubén Giustiniani.

Miguel Pichetto, más allá de su clásica lejanía con el mundo clerical, se quedó para supervisar las elecciones municipales que lo complican en Viedma.

En realidad, no hubo invitaciones formales en el Senado, sino más bien una lista de senadores que se autogestionaron el viaje.

De esa partida eran los peronistas disidentes Adolfo Rodríguez Saá y Liliana Negre de Alonso, dos de los que más festejaron en el recinto de sesiones la semana pasada cuando se conoció la elección de Jorge Bergoglio como papa, pero finalmente decidieron aceptar el pedido del nuevo papa y quedarse en Buenos Aires donando a una entidad de beneficencia el costo de ese viaje.

"Nos parece trascendente escuchar el llamado de austeridad y a la responsabilidad que realizó el papa Francisco. Por eso actuamos en consecuencia", dijeron los puntanos. El resto decidió continuar su camino a Roma.

El vuelo nocturno quedó reservado para los diputados. Por esa cámara se arregló que viajarán los presidentes de bloque.

El radical Ricardo Gil Lavedra, Federico Pinedo, del PRO; Enrique Thomas, del Peronismo Federal, y el socialista Juan Carlos Zabalza subieron juntos al avión por la noche y recién hoy al mediodía estarán llegando a Roma. Junto con ellos partió, como vicepresidente de la Cámara de Diputados, el cordobés Mario Negri.

El criterio para armar la delegación no fue uniforme, ya que tampoco lo será la integración de la comitiva.

Hoy Cristina de Kirchner se reunirá al mediodía con el papa Francisco, en un almuerzo en el que participará sólo el Gobierno.

Mañana, en la Plaza San Pedro la situación será distinta. La delegación oficial tendrá una cuadrícula reservada a la que podrán acceder no todos los argentinos que están en Roma.

El senador radical correntino Nito Artaza, por ejemplo, viajó a Italia por su cuenta, pero no tendrá lugar en la cuadrícula oficial.

Esa realidad ya se conocía: muchos de los que viajaron, incluso los que debieron optar por hacer escala en Brasil, dentro del escaso menú de vuelos que tenían disponibilidades, saben que cuando lleguen a la Plaza San Pedro mañana deberán arreglarse como cualquier romano en medio de una concurrencia que la Policía italiana ya calcula en más de un millón de personas.

En realidad, los diputados, senadores, sindicalistas y dirigentes argentinos que viajaron en las últimas 48 horas seguramente terminarán escuchando (más que viendo) la misa desde la Vía de la Conciliazione, camino de entrada a la Plaza San Pedro que envuelve la Columnatta y lugar donde se celebrará ese rito de inicio del papado.

Quizá por esa razón otros prefirieron postergar la visita al Papa para otro momento. Como el radical mendocino Ernesto Sanz, que se había anotado en la delegación y finalmente terminó quedándose en San Rafael para supervisar el cierre de listas allí.

Sanz, de todas formas, tiene otras pretensiones. Se habla en el radicalismo de un pedido de audiencia con el Papa, más adelante, fuera la "tutela" del Gobierno.

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