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La rebaja de contribuciones patronales no es el camino
Tomando en cuenta la experiencia de los últimos 25 años nunca dio resultado este tipo de iniciativa, pues no logró un crecimiento sostenido del empleo, creció la marginalidad laboral.

El verdadero flagelo en los costos de los empleadores no son los tributos de seguridad social, son los costos laborales explícitos y ocultos que soportan estos empleadores para mantener empleo. El único costo que puede asimilarse a seguridad social (gran discusión si las hay) es el del régimen de riesgos del trabajo, el que se ha puesto en la mira para su modificación y está bien que así sea.
O sea con este repetido esquema le dicen a los empleadores: "...Nosotros te rebajamos la incidencia de un impuesto que podés trasladar en el costo y vos tomás empleados, pero claro, tenés que soportar los costos laborales que significa mantenerlosen el tiempo, lo que difícilmente puedas trasladar, porque muchos de ellos son costos ocultos, enormes e imposibles de calcular, como los indemnizatorios...". Más o menos éste ha sido el mensaje en los últimos 25 años. Resultado: el empleo no ha crecido, ha crecido la marginalidad laboral.
Otra: los aportes de los trabajadores en relación de dependencia que tienen como destino el abastecimiento de subistemas de seguridad social, tampoco son el problema de la carga de los "impuestos al trabajo", la verdadera carga es el Impuesto a las Ganancias, para que de una vez por todas lo entendamos. Tampoco aprendimos a combinar (o compensar) los aportes a los sistemas de seguridad social con el Impuesto a las Ganancias, que se puede (y se debe) hacer, por cuanto, en esos casos, estamos hablando de hechos imponibles de la misma naturaleza: el trabajo personal.
Lo único que se ha logrado en el tiempo rebajando las contribuciones patronales o tratando de entender a los aportes como "impuestos al trabajo" ha sido desfinanciar la seguridad social y tener que acudir al resto del sistema tributario para financiar los gastos de seguridad social que han crecido en forma geométrica (y así tiene que ser) o sea la famosa historia de la frazada corta.
Entorno
El espacio es breve, pero con estas líneas pretendemos dejar algunas ideas básicas. Es importante partir de un punto de vista que, a veces, por tan obvio y transparente parece quedar de lado. No es sustentable ninguna política de implementación, creación o modificación de un sistema tributario en forma aislada; es decir sin tener en cuenta los efectos macro y microeconómicos que dichas transformaciones proyectan.
Sólo la interacción sistémica con la economía proyectada puede hacer eficiente y sustentable un sistema, aparte de su perdurabilidad. No alcanza con enunciar teóricamente los efectos que la tributación tradicional o reformada produce en la economía, hay que medir efectiva y racionalmente estos efectos.
Quien quiera escuchar que escuche: el problema es el gasto, desordenado, desbocado y muchas veces, improductivo.
Analicemos un poco nuestros errores de concepto. Por ejemplo: ¿Cómo puede un sistema tributario ser eficiente, sustentable y equitativo, sin relacionarlo con el gasto público? Los tributaristas estamos mal acostumbrados a desdeñar el análisis del gasto público desde una perspectiva económica y financiera.
Es más, no hemos tenido ni tenemos habitualmente la idea de considerar en el desarrollo de un proyecto de reforma cómo impacta el armado de los distintos impuestos en el denominado "gasto tributario"; concepto de suma importancia que se refiere al monto de ingresos que el fisco deja de percibir al otorgar un tratamiento impositivo que se aparta del establecido con carácter general en la legislación tributaria, con el objetivo de beneficiar a determinadas actividades, zonas, contribuyentes o consumos.
Como antes dijimos: el espacio es breve, hay muchas más cosas por decir, pero nos pareció importante que en este contacto podamos apuntar a los errores reiterados y a las visiones que deberían tenerse en cuenta para, una vez por todas, concebir un sistema tributario eficiente, sustentable y perdurable.


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