Los analistas advierten que el cambio de metas de inflación también afectó la efectividad de la libre flotación cambiaria.
En general los banqueros centrales intentan transmitir y actuar con cierta calma frente a los shocks externos y dejan que los tipos de cambio fluctúen para amortiguar el impacto sobre la economía local. El BCRA vino sosteniendo, desde que la actual conducción asumió, que la política cambiaria era de flotación precisamente con el fin de tener un amortiguar frente a los shocks externos. Sin embargo, por lo visto en las últimas semanas y en realidad desde comienzos de marzo pasado, se abandonó la flotación para ir de un esquema administrado con cierto sesgo hacia un tipo de cambio cuasifijo lo que se plasmó en las intervenciones sostenidas que insumieron u$s6.800 millones de las reservas. La defensa de un nivel de tipo de cambio nominal (en los $20,25), luego de la fuerte devaluación que sufrió el peso a partir del cambio de metas de inflación a fines de noviembre pasado, terminó de confundir a los inversores. Ello explica, en parte, los recientes acontecimientos cambiarios. Pero en el interín el dólar comenzó a fortalecerse en el mundo y ello se reflejó en el movimiento de las monedas emergentes. La mayoría de los bancos centrales de la región no intervino y así dejó deslizar sus tipos de cambio. Según EconViews "en lo que va del año, el peso se depreció 13% contra el dólar, aunque debido a la inflación se depreció 4% en términos reales. Contra una canasta de monedas, la depreciación real también fue de 4%, ya que las monedas emergentes en términos reales se depreciaron contra el dólar prácticamente lo mismo. Si la comparación es contra el promedio del 2017, la depreciación real bilateral contra el dólar y multilateral al cierre de hoy ronda el 6%". No obstante, por los fundamentos que tiene Argentina, creemos que la depreciación real puede ir un poco más allá, sobre todo si a corto plazo no reaparece el apetito por el riesgo, agrega la consultora. "El repricing que estamos viendo desde entonces está afectando a los activos argentinos bastante más que a nuestros pares latinoamericanos. Esta corrección implica que tiene que haber una depreciación del tipo de cambio real de Argentina. El problema es que la flexibilidad cambiaria hoy se encuentra muy acotada, dados los niveles de inflación, los recientes ajustes de tarifas, el temor a alimentar más el pass through y, sobre todo, tras la suba del tipo de cambio desde diciembre pasado", explica. Al respecto, la consultora considera que "las monedas además tradicionalmente tienden a sobre-reaccionar a los cambios abruptos en las percepciones de riesgo, lo que torna más volátil la evolución del tipo de cambio en el corto plazo, aún bajo el esquema de intervención que está implementando el BCRA por estos días".
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La depreciación del tipo de cambio entre diciembre y marzo muestra los problemas que puede traer la libre flotación en Argentina, sobre todo cuando se da un cambio en las reglas de juego como el cambio de metas y se deteriora el escenario internacional. No obstante, al mismo tiempo es importante que el peso siga al resto de las monedas emergentes, como venía sucediendo hasta entonces, en tanto los niveles de inflación actuales tampoco permiten anclar al tipo de cambio por mucho tiempo. La política económica hoy precisa de esa medida justa más que nunca", advierte.
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