1 de febrero 2010 - 00:00

La revolución devora a sus propios hijos

La reciente renuncia de Ramón Carrizález como vicepresidente de Venezuela y ministro de Defensa disparó conjeturas acerca de un supuesto malestar militar. Hugo Chávez cierra el círculo de incondicionales.
La reciente renuncia de Ramón Carrizález como vicepresidente de Venezuela y ministro de Defensa disparó conjeturas acerca de un supuesto malestar militar. Hugo Chávez cierra el círculo de incondicionales.
Caracas - Cada vez que Hugo Chávez quiere defenestrar a uno de sus colaboradores cuenta la historia de Manuel Piar, el general patriota que mandó fusilar Simón Bolívar por los delitos de deserción, sedición y conspiración. Es lo que vivió en mitad de un Consejo de Ministros Ernesto Alvarenga, ex coordinador del MVR, la formación con la que Chávez ganó la presidencia en 1998.

Y no fue el único. Abogados, jueces, militares, políticos y periodistas alimentan una prolífica lista de caídos en desgracia. Cuando Chávez llegó al palacio de gobierno, la mayoría de los venezolanos lo vio como el salvador de un sistema corrupto, sustentado en el bipartidismo político. La última semana, el vicepresidente (y ministro de Defensa), su esposa (titular de Medio Ambiente) y el director del mayor banco estatal presentaron su dimisión por discrepancias con el jefe de Estado.

La lista negra sigue creciendo. Como dijo el líder de la Revolución Francesa, Georges Jacques Danton, poco antes de ser guillotinado: «La revolución se traga a sus hijos»

  • La «rebelión de los comandantes». Yoel Acosta Chirinos, Francisco Arias y Jesús Urdaneta lideraron, junto a Hugo Chávez, el golpe de Estado de 1992. Dos años después de ganar las elecciones de 1998, estos militares salieron del gabinete por sus desavenencias con Chávez. «Urdaneta era director de los servicios de inteligencia y le presentó más de 40 casos de corrupción que Chávez no quiso investigar. Aquí nos dimos cuenta que nuestro proyecto político se estaba desviando», explicó Acosta Chirinos. 

  • Golpe de Estado de 2002. Antes del movimiento militar que intentó apartar a Chávez del poder, Luis Miquelena presentó su dimisión. La renuncia del que fuera mentor del ex paracaidista corrió como la pólvora y otros políticos y militares pidieron su salida. Los oficiales Pedro José Flores, Carlos Molina Tamayo, Alberto Pogglioli y Guaicaipuro Lameda, y los políticos Ignacio Arcaya, Hiram Gaviria e Ignacio Quintana, entre otros, rompieron con la revolución bolivariana. 

  • Cambios en el Supremo. En 2004 y tras depurar las Fuerzas Armadas, Chávez dio un nuevo golpe de efecto. Esta vez dentro del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), con una modificación de su Ley Orgánica. Los magistrados del TSJ pasaron de 20 a 32; algunos fueron jubilados y otros, designados entre personas comprometidas con la revolución. Luis Velázquez Alvaray y Omar Mora Díaz formaron parte de este proceso de renovación, aunque luego fueron destituidos por no cumplir con los alineamientos de Chávez. 

  • Chávez se declara socialista. De revolucionario cristiano y bolivariano a socialista marxista. Los bandazos ideológicos, alimentados por su tutor Fidel Castro, alejaron a muchos colaboradores de sus filas. Es difícil precisar el momento justo de su conversión, pero el discurso socialista no formaba parte de su agenda en sus primeros años. Periodistas como Rafael Poleo (exiliado en Miami), Ángela Zago y Napoleón Bravo critican la influencia de La Habana en el círculo presidencial. 

  • 2007, año de la radicalización. Chávez ordena suspender la licencia del canal RCTV y propone una profunda reforma socialista a la Constitución. Raúl Isaías Baduel, ex ministro de Defensa (2006-2007) que lideró la operación de su rescate en 2002, rompe con el jefe de Estado. Su ex mujer, Marisabel Rodríguez, critica que Chávez «quiere hacer un nuevo golpe de Estado». Baduel está preso en la cárcel Ramo Verde, mientras que su ex mujer vive alejada de la escena política. El partido de izquierda Podemos, del diputado Ismael García, pasa al bando de la oposición. Los tres fueron tildados de «traidores». 

  • El motín de los gobernadores. Cinco gobernadores rompieron con Chávez en 2008, cuando aspiraban a renovar sus cargos en las elecciones regionales. Él los amenaza: «Me encargaré personalmente de que desaparezcan del mapa político». 

  • Los últimos en irse. El vicepresidente y ministro de Defensa, Ramón Carrizález, anuncia su dimisión, junto a su esposa, la ministra de Medio Ambiente y el presidente del Banco de Venezuela.

    La mayoría tiene grabada en su memoria su última discusión con Chávez. Como Alvarenga, que en mitad de su defenestración interrumpió al mandatario y le dijo: «Presidente, espere un momento porque ni yo soy Manuel Piar ni usted es Simón Bolívar». 

  • ¿Luchas internas o pista cubana? La reciente renuncia de tres colaboradores de Chávez ha levantado un reguero de rumores y chismes en Venezuela, donde los analistas se preguntan qué ocurre en el entorno presidencial.

    El director del diario Tal Cual, Teodoro Petkoff, comparaba en uno de sus editoriales el Palacio de Miraflores con la Corte de los Borgia y argumentaba que la dimisión del vicepresidente se debía a luchas internas dentro del chavismo.

    Marianella Salazar, columnista de El Nacional, dijo que se relaciona la salida del también ministro de Defensa de Chávez con «la penetración cubana dentro de las Fuerzas Armadas Bolivarianas (FAB)» y afirmó que Ramón Carrizález presentó su dimisión ante la «presión» de los militares, que rechazan «equiparar su graduación a la de los militares cubanos» que asesoran al Ejército.
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