Cinco meses después de haber iniciado su segundo mandato de cuatro años, el presidente estadounidense debió dedicar una gran parte de su conferencia de prensa del lunes con el primer ministro británico, David Cameron, a responder las acusaciones de abuso de poder provenientes del Congreso.
Obama, quien durante su instalación en la Casa Blanca en 2009 llamó a una "nueva era de responsabilidad", admitió que sería "escandaloso" que la agencia impositiva de Estados Unidos (IRS) haya investigado especialmente a grupos surgidos del movimiento de ultraderecha Tea Party.
El IRS reconoció que efectivamente ése era el caso y pidió disculpas. El Congreso emprendió inmediatamente investigaciones y las audiencias comenzarán esta semana.
Pero continúan multiplicándose las revelaciones sobre la amplitud de las investigaciones fiscales, y algunos conservadores, legisladores y editorialistas, evocan abiertamente a partir de ahora el fantasma del escándalo de Watergate, que le costó la presidencia a Richard Nixon en 1974.
"La administración tuvo una semana difícil, aunque fue aún más dura para la primera enmienda" de la Constitución, que sacraliza la libertad de expresión, opinó el jefe de la minoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, quien denunció un "vergonzoso abuso de poder digno de mirones" y llamó al Ejecutivo a "cooperar plenamente" con los legisladores.
Estos episodios tuvieron lugar en momentos en que la administración ya se encontraba a la defensiva a raíz del caso del atentado contra el consulado en Bengasi, que el 11 de septiembre de 2012 le costó la vida a cuatro estadounidenses, entre ellos el embajador.
Los legisladores republicanos le reprochan al Gobierno que haya querido ocultar el carácter "terrorista" de ese ataque para no reducir las posibilidades de reelección de Obama en la presidencial de noviembre pasado. Las acusaciones fueron rechazadas por el equipo del presidente.
No obstante, Obama reconoció que "elementos del lenguaje" suministrado por la CIA inmediatamente después del atentado habían sido edulcorados para evitar flancos vulnerables a la crítica, tras la publicación de mensajes electrónicos por medios de comunicación.
Con todo, Obama denunció "motivaciones políticas" y un propósito de "distracción" de sus adversarios. La oficina del presidente republicano de la Cámara de Representantes, John Boehner, le reprochó al Gobierno no haber sido "sincero".
El lunes se agregó un nuevo escándalo a las preocupaciones de Obama cuando la agencia noticiosa Associated Press anunció que el Gobierno había tenido acceso al registro de las llamadas de muchos de sus periodistas durante dos meses (ver nota aparte).
AP denunció "una intromisión masiva y sin precedentes", mientras que el Departamento de Justicia se limitó a hablar de la necesidad de preservar "la integridad de la investigación", cuyos motivos siguen siendo inciertos. La Casa Blanca aseguró que no tenía "ningún conocimiento" de la misma.
La administración está "bajo fuego", constató ayer con un gran titular del diario USA Today, en un momento delicado para Obama.
Su balance en lo que va de 2013 sigue siendo pobre, sobre todo tras el fracaso de una ley sobre control de armas de fuego; Estados Unidos aún mantiene una austeridad obligada por falta de acuerdo en el Congreso; y en materia de política exterior sigue con dificultades para convencer a Rusia que deje de apoyar al régimen sirio cuando el conflicto amenaza con extenderse a la región.
| Agencia AFP |


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