28 de mayo 2010 - 00:00

La tierra del limoncello que enamoró a Hollywood

La tierra del limoncello que enamoró a Hollywood
El mismísimo Hércules se sintió inspirado por el intenso azul del mar y bautizó a estas costas en homenaje a los ojos de una amada perdida, de nombre Amalfi. Miles de años no han desgastado la leyenda, y la ciudad del sur de Italia fundada por el hijo de Júpiter sigue cautivando deidades, hoy encarnadas por las élites del séptimo arte y la poesía.

El llamado de las musas surge a cada paso en la costa amalfitana, y el origen mitológico parece hacer más justicia que la historia de guerras y saqueos que se inició en el Siglo VI y fue dando vida a lo que llegó a ser conocida como la primera República Marina independiente de Italia, entre los siglos IX y XII. Las idas y vueltas del destino convirtieron a esta parte de la costa del Mediterráneo en una de las elegidas de las estrellas de Hollywood a partir de la década del 50.

Figuras

Greta Garbo, Ingrid Bergman, Humphrey Bogart, Liz Taylor y Fred Astaire fueron algunas de las figuras que disfrutaron allí de la buena vida. Jackie Kennedy también se dejó ver en estas tierras a las que Giovanni Boccaccio dedicó líneas en su Decamerón y donde Henrik Ibsen redactó Casa de Muñecas. El genial Roberto Rossellini y su hija Isabella son también fanáticos de la costa amalfitana, la misma que el director Anthony Minghella eligió para filmar las escenas más bellas de El Talentoso Mr. Ripley.

Sin duda, hay magia en este paisaje que se encuentra literalmente colgado de los acantilados, con construcciones que desafían la ley de gravedad. Amalfi es la cabecera de una línea costera en la que también se destacan los poblados de Positano, Vietri sul Mare, Ravello y Furore. La onírica isla de Capri es parte del entorno, que incluye a la mítica Cueva Esmeralda de Conca dei Marini, donde el mar ofrece un degradé de colores único. A corta distancia se encuentran las ruinas de Ercolano, pequeña ciudad que al igual que Pompeya fue devastada por la erupción del volcán Vesubio.

Una serpenteante carretera interbalnearia conecta toda la región, ubicada sobre el golfo de Salerno, en la región de Campania, unos 50 kilómetros al sur de la ciudad de Nápoles. Destino codiciado por el turismo, Amalfi tiene la fisonomía de un pueblo de pescadores, pero también hace ostentación de sus tiempos de república independiente, cuando aún bajo la órbita del Imperio Romano se daba el lujo de crear sus propias leyes y acuñar su moneda. Por entonces competía con las otras repúblicas marinas de Venecia, Génova y Pisa, en una puja que hoy sobrevive en forma pintoresca, como una regata histórica que se corre cada año.

Sitio privilegiado

El disfrute en Amalfi viene dado principalmente por la simple estancia en un sitio privilegiado por la geografía y el clima, con veranos calurosos y noches con el soplo de brisas apasibles. Una combinación perfecta es recorrer las callecitas que se interrumpen todo el tiempo y detenerse en alguna zona aterrazada a saborear un limoncello, popular bebida espirituosa, creación de la zona de Campania. Otro imperdible es la Catedral o Duomo de Amalfi, dedicada a San Andrés Apóstol, resultado de la unión de dos basílicas cuya parte más antigua fue construida por el II duque Manso, en torno al año 1000.

En la ruta de la costa amalfitana sobresale Vietri sul Mare, con una tradición de artesanías en cerámicas que fue transmitida de generación en generación a través de los siglos. La cerámica está en todas las construcciones, aunque más no sea en pequeños detalles y hasta fue colocada en la cúpula de la Catedral.

Ravello, de aire aristocrático, es el poblado de los poetas; se lo conoce como «la casa de las musas» y allí pueden recorrerse los ateliers de numerosos artistas. Tal vez sea Positano el pueblo más característico de la región, plagado de talleres de artesanías donde se producen las populares sandalias de cuero que se abrochan con tiras cruzadas, al estilo romano.

Pablo Domini

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