La tragedia según Philip Roth

Edición Impresa

Philip Roth «Némesis» (Bs.As., Mondadori, 2011, 207 págs.) 

¿Cómo recuperar la fuerza de tragedia, aquella catarsis que utilizaron Sófocles y Shakespeare para purificar el alma de sus espectadores? ¿Cómo lograr eso en tiempos en que lo siniestro han generado conmociones que empequeñecieron las tragedias individuales? Philip Roth acaso se haya preguntado algo de eso para dar como respuesta esta extraordinaria novela donde abandona su humor, sus ironías, sus clásicos monólogos, para entregarse al aliento de lo trágico. Y si no impone las alturas típicas de las grandes tragedias (algo acaso imposible) consigue, a través de una microtragedia, dejar al lector volviendo mentalmente una y otra vez a la historia que acaba de leer para encontrarle un significado, para saber cuál de sus facetas ha usado Némesis, la mítica diosa griega de la justicia, de la venganza, del castigo a los soberbios y desmesurados, a los que se encuentran a su pesar ante un dilema moral del que de pronto se descubren culpables.

Para encontrar el escenario en que suceda una tragedia como la que va a contar, Philip Roth necesita volver a su natal Newark, a New Jersey, a los Estados Unidos de 1944, donde Eugene «Bucky» Cantor es un muchacho de 23 años que sintiéndose culpable de que debido a su miopía no ha podido ir a combatir en el frente de Normandía, decide redoblar su esfuerzo como profesor de educación física de la Escuela de la Avenida Chancellor para encauzar la vida de sus alumnos a través del deporte y los comentarios éticos que haga al pasar. A él la vida lo golpeó desde chico: su madre murió en el parto, su padre era un ladrón que terminó en la cárcel. Siente que tuvo la suerte de que sus abuelos maternos lo pusieron en el buen camino. Ese buen camino que le ha dado un novia que adora, Marcia Steimberg. Hasta ahí el relato idílico del «sueño americano», la historia de alguien que sale de un mundo difícil y avanza socialmente. Pero, de pronto, surge la peste. Una epidemia de poliomielitis que comienza a devorarse a la gente del pueblo, a sus alumnos, que produce una feroz retracción social, que hace buscar chivos espiatorios, que hace lanzar estigmatizaciones por doquier. Bucky siente que ése es su frente de batalla, que debe reforzar su trabajo, ayudar a que sus discípulos no se aíslen. Pero todo es cada vez peor, y ahora se siente culpable por no ser capaz de impedir la muerte de sus alumnos contagiados de polio. Y es así cómo, cuando vuelven a ofrecerle que escape de la peste porque allí ya no tiene trabajo, que se vaya a enseñar en un pueblo donde no llegó la epidemia, él accede. Pero es en ese pueblo no contaminado donde se producirá el acto final, donde a Bucky lo demolerá la insospechada tragedia que lo instalará frente a dramas morales, pesares metafísicos y cuestionamientos teológicos.

Roth, con esa maestría que lo ha hecho candidato permanente al Premio Nobel, retoma tres tragedias donde una epidemia está presente: la que le sucediera a Edipo, el «Diario del año (1665) de la peste (bubónica)», que fuera escrito por un sobreviviente según Daniel Defoe, y la novela «La Peste» que utilizó el franco argelino Albert Camus para mostrar cómo las epidemias ideológicas están presentes como un virus latente hasta que se desencadenan aterrorizando, y es así como el miedo hace crecer las tropas del fascismo. Roth se instala en un universo mínimo, cerradamente individual, para desde allí impulsar al lector a que se conmueva y reflexione acerca de la fuerza y la fragilidad de lo humano, de lo dado y de lo que es insoportablemente inevitable.

M.S.

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