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La vida real sin veladuras
«Bye Bye Life» es lo que le cantaba Ben Vereen a Roy Scheider en la impresionante despedida de «All that jazz», modificando un poco la letra de una vieja canción de los Bryant, «Bye Bye Love». En el registro que ahora vemos (únicamente en el Malba, a partir de hoy), Enrique Piñeyro no usa ninguna de las versiones, no filma una despedida a todo trapo, sólo una reunión de amigos en una terraza con champagne y conversaciones dispersas, pero lo suyo es también, de algún modo, impresionante: a la poca gente que se anima a ver su película, después le cuesta levantarse de la butaca.
Se explica. Piñeyro ha seguido los últimos días de una amiga enferma, Gabriela Liffschitz, una mujer de energía enorme, capaz de bromear sobre las ventajas de su enfermedad (ser llevada «en sillita» por dos hombres, entre otras cosas), y aguantar lo más posible sin dar lástima una instancia de degradación irreversible. Acá no importan las varias irregularidades de fotografía o de sonido, justificadas por el rodaje apresurado en apenas cuatro días: es la vida real, lo que estamos viendo. Y el camino a la muerte. Pero también la trascendencia de una persona, por encima de las molestias que causa esa parte de la vida que a todos, de una forma u otra, nos toca varias veces presenciar y, finalmente, protagonizar.
Como en sus anteriores documentales, Piñeyro ocupa buena parte de la pantalla. Pero es «la Gaby» quien nos atrapa. Escritora de cuentos y fotógrafa, a fines de 1999 le extirparon un pecho. Pocos meses después presentó, en el Centro Cultural Recoleta, una serie de autorretratos que la mostraban en sincera desnudez: «Recursos humanos». En 2003, ya rapada, hizo «Efectos colaterales», donde incluso jugaba con criterios eróticos, y propuso la idea original de «La puta y la ballena», donde un personaje clave llega a ostentar una mastectomía. De 2004, post mortem, su libro «Un final feliz». Del 2008, la película que ahora vemos. Cuatro años le llevó a Piñeyro decidirse a editar lo que había grabado en digital. Es comprensible. Era una amiga.

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