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La vigencia del mejor grunge
Scott Weiland, líder de Stone Temple Pilots, un grupo nacido en los 90 que se mostró ante un Luna Park repleto de fans como uno de los pocos que sobrevivieron tan bien al paso del tiempo.
Pocas bandas surgidas en la era del grunge, es decir el rock norteamericano de la década de 1990, tuvieron tan malas críticas y fueron tan subestimadas en su momento como los Stone Temple Pilots. Y pocas bandas de esa época sobrevivieron tan bien el paso del tiempo. Esto quedó claro el sábado pasado en un Luna Park colmado de fanáticos. El comienzo del show fue con tres de esos temas que la mayor parte de la audiencia veía por TV en su preadolescencia: «Crackerman», «Wicked Garden» y «Vasoline», acompañados del saludo «Hello, Buenos Fuckin Aires», lograron la incondicionalidad absoluta del público para todo el resto del show. Alucinando con momentos culminantes como «Plush» o «Interstate Love song», el público incluso festejó los temas del último disco del grupo -grabado luego de una separación, un par de rehabilitaciones en clínicas, y luego de 9 años sin entrar a un estudio- y sólo quedó un poco desconcertado al escuchar un cover de Zeppelin, «Dancing Days», precedido del solo de slide guitar de otro tema de Jimmy Page, «In my time of dying».
Dean Deleo exhibió toda su colección de guitarras (una Fender Telecaster y varias Gibson Les Paul) y el cantante Scott Weiland hasta se dignó a hacer flamear las banderas de sus seguidores criollos, que al recuperar la lucidez camino a sus casas quizá se hayan preguntado por qué los Stone Temple Pilots ni amagaron con tocar su mayor hit, Big Bang Baby.


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