29 de enero 2010 - 00:00

La vuelta al mundo en una taza de té

La vuelta al mundo en una taza de té
Entre los once mejores sommeliers de té del mundo aparece una argentina: Inés Berton, que no para de viajar en busca de los blends más selectos. Desde su infancia, los ricos aromas siempre estuvieron presentes, y se crió junto a su madre y su tía, dos grandes cocineras, entre chipás horneándose, lindas mesas y ricos aromas que la fueron acercando a la cultura milenaria del té, la segunda bebida más tomada en la Tierra después del agua. Sus vivencias y su olfato perfeccionado la llevaron a diseñar té para los mejores hoteles, y para personalidades como el Dalai Lama, los reyes de España, Carolina Herrera, Bulgari o Uma Thurman.

Periodista: ¿Cuándo empieza tu recorrido?

Inés Berton: A los 21 fui a Nueva York por una semana y me quedé siete años. Trabajé en el museo Guggenheim del Soho, que en su parte de abajo era una fantástica casa de té. Iba y decía: «Quiero esto, con eso y aquello» y de a poquito armaba mis mezclas, en ese entonces no blends. La gente en la fila decía: «Quiero lo mismo que ella», hasta que un día la dueña me ofreció trabajo porque cuando yo iba le subía la facturación.

P.: Te animaste a cambiar el rumbo.

I.B.: Primero tuve que explicarle a mis padres que en vez de trabajar en un prestigioso museo... iba a mezclar yuyos. Todavía recuerdo cuando le dije a mi padre que iba a hacer té y el pobre, desconcertado, me respondió «¿Test vocacional?» (ríe). Ahí empecé con una maestra japonesa, Fumiko, mi gran mentora. Me enseñó el té como ritual, como lenguaje, pausa y filosofía.

P.: ¿Cómo siguió tu relación con el té?

I.B.: Vinieron años de viajes, al pie de los Himalayas, en la región de Darjeeling entre Nepal, Sikim y Buhtan detrás de los mejores Darjeelings, considerados el champán del té. Viajes a Sri Lanka buscando hebras de Ceylon, China y Japón en busca de tés verdes. Años recorriendo cosechas y verbenas en el sur de Francia, especias en Birmania, cacao en Venezuela, vainillas en Madagascar, rosas amarillas en Irán, o naranjas en Valencia.

P.: ¿Cuándo creaste tu propio proyecto?

I.B.: En 2001 volví a la Argentina con la firme idea de armar mi pequeño negocio. Nació como un proyecto muy chiquito, una tienda en la Galería Promenade, pegada al Hotel Alvear. Luego vino Barcelona, que acaba de salir como «La tienda de té» en Europa bajo el título «Tés sublimes», en la guía Louis Vuitton. Después el diploma Konex, ser emprendedora Endeavor y por suerte muchos lindos reconocimientos más. Ahora, San Isidro, y en el mes próximo, Palermo.

P.: ¿El prestigio te abrió más puertas?

I.B.: Estoy a cargo de las cartas de té del Hotel Alvear, Palacio Duhau, Omm Barcelona, Banke Paris, Urban Madrid, Ritz Carlton Chile, Las Balsas, Llao Llao, Volta, etc. También, como tea blender estoy a cargo del diseño de blends de Inti Zen que hoy se exporta a 20 países y junto a mi amigo Guillermo Cassarotti (dueño de la marca), lanzamos Chamana, línea de infusiones andinas, que hoy se exporta a 10 países. Está en Galleries Lafayette, París, Harrods, Londres y góndolas premium de la Argentina.

P.:¿Cuando viajás dónde preferís hospedarte?

I.B.: En Barcelona tengo mi lugar, en París me quedo en un hotelito mágico en Place des Vosges, Pavillon de la Reine; en Roma me gusta Lalbergue dInglinterra, y muchas veces alquilo departamentitos, me gusta tener mi base y sentirme en casa.

P.: ¿Podrías elegir un lugar preferido en el mundo?

I.B.: Mis lugares son como los blends, algunos relajantes, otros energizantes, lo mismo me pasa en el momento de elegir el destino. Punta del Este es mi lugar en el mundo para descansar; durante el invierno escribo mucho en LAuberge. Si tengo que recargar energías no hay lugar como Nueva York. París para inspirarse, Hamburgo es uno de mis lugares preferidos en el mes de diciembre. Oriente siempre sorprende, eso sí, hay que estar en un estado muy permeable, saber elegir cuándo ir. De todos modos, siempre sigo prefiriendo la Argentina.

P.: ¿Algunos lugares de té que puedas recomendar?

I.B.: Según el lugar y mis gustos: Browns Hotel, o el Dorchester, en Londres. Takashimaya en Nueva York y Babingtons en Roma. En la Argentina, el Alvear y el ice tea del Hyatt, o una tarde en el Jardín de Invierno del Llao Llao. También es maravilloso ver cómo sirven el té los Tuarek, «Hombres azules», en Marruecos, o una ceremonia de té en Japón y un chai (ramas de canela, cardamomo, jengibre y especias) en un magnífico mercadito de especias en India.

Entrevista de Sara María Louzan

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