12 de octubre 2009 - 00:00

“La zarzuela no sólo es teatro viejo y casposo”

Xavier Albertí, puestista catalán: «Estos montajes están sirviendo para que gente más joven descubra la vitalidad que aún conservan géneros como la zarzuela».
Xavier Albertí, puestista catalán: «Estos montajes están sirviendo para que gente más joven descubra la vitalidad que aún conservan géneros como la zarzuela».
Invitado por el Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires, el director Xavier Albertí presentó durante el pasado fin de semana su «Crónica Sentimental de España», un dinámico recorrido por temas del cancionero hispano que hicieron furor entre la década del 40 y los años 80 (desde el popularísimo «Tengo una vaca lechera» al hit de Joaquín Sabina «Yo quiero ser una chica Almodóvar»).

Lo más curioso de este cabaret literario, fue ver -gracias a los textos del recordado Manuel Vázquez Montalbán y al incisivo análisis de algunas de estas canciones- cómo se adoctrinaba al pueblo español en tiempos del franquismo. Pasado mañana, Albertí estrenará en el Teatro Avenida «El dúo de La Africana», disparatada comedia escrita en colaboración con Lluisa Cunillé que toma íntegra la tradicional zarzuela de Manuel Fernández Caballero y Miguel Echegaray para reubicar su acción en 1930, en el marco de una República Bananera, adonde llega una compañía de ópera catalana, La Santa Espina, para representar «La Africana» de Giacomo Meyerbeer (ópera de 1865, ambientada en los viajes de Vasco de Gama). Dialogamos con el director catalán.

Periodista: ¿De dónde partió para llegar a este espectáculo?

Xavier Albertí
: «El dúo de la Africana» es una zarzuela de las llamadas de género chico por su corta duración, que aparecieron en Madrid a finales del siglo XIX con el fin de que las clases pobres pudieran tener acceso a una forma de espectáculo más económico que la ópera y la zarzuela. Esta obra fue estrenada en 1893 y lo que nos propusimos fue ver qué pasaría si Valle Inclán, creador del «esperpento», hubiera hecho un libreto de zarzuela.

P.: Un crítico español señaló, después de ver la obra, que usted y Cunillé «se habían dado con una garrafa de anís del mono y un ponche de peyote».

X.A.: Sí. Es un espectáculo bastante alucinógeno. A partir del «Tirano Banderas» de Valle Inclán intentamos sacar un argumento de zarzuela pero respetando íntegramente la música de Fernández Caballero. El resultado es realmente sorprendente.

P.: ¿De qué trata la obra?

X.A.: Se trata de una compañía española bastante mediocre que va por los pueblos representando óperas de segunda línea. Es un extraño vodevil en donde todos, el empresario, su mujer, el amante de su mujer, la hija y el bajo se persiguen sexualmente y donde nadie cobra. La zarzuela original ironiza sobre la excesiva italianización de la música escénica en la España de finales del siglo XIX. Lo que hicimos nosotros fue aumentar un poco el juego de espejos. Tomamos una zarzuela que habla del mundo de la ópera para convertirla en un gran vodevil que engloba a ambos mundos y a eso le dimos una textura valleinclanesca y por tanto llena de espejos deformados.

P.: En todos sus espectáculos la música tiene un lugar muy importante, pero aun así no deja de sorprender su gusto por la zarzuela.

X.A.:
En España ocurrió lo mismo. Cuando empecé a jugar con estos materiales todo el mundo me miraba raro, porque yo venía con un cierto pedigrí de autor contemporáneo muy vinculado además al estreno de textos contemporáneos. Pero creo que estos montajes están sirviendo para que gente más joven descubra que aun géneros como la zarzuela, que han sido el paradigma de un teatro casposo y de una españolidad absolutamente demodée, contienen elementos de ricas posibilidades escénicas. Y también quisimos rescatar a aquella generación de los años 30 que renovó el sentido del humor teatral en España y que tenía una gran conexión con las vanguardias europeas, con textos de Miguel Miura, Javier Jardiel Poncela y Ramón Gómez de la Serna. Toda esa valiosa tradición fue truncada por el franquismo, ya era hora de volver a recuperarla con una mirada contemporánea.

Entrevista de Patricia Espinosa

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