Horenstein (Boston, 1947) es un importante referente de la fotografía contemporánea; ejerce la docencia en RISD (Rhode Island School of Design); ha publicado más de 30 libros, por ejemplo: «Honky Tonk» (2003), una investigación sobre la música country de fines de los 70 y comienzos de los 80, «Canine» (2000), «Aquatics» (2001), una mirada misteriosa sobre las especies del mar, «Humans» (2004), en el que explora sin concesiones el paisaje del cuerpo humano, y «Animalia», publicado en 2008, está compuesto por varias de las obras aquí expuestas. Actualmente trabaja sobre la vida nocturna en Buenos Aires.
Horenstein escapa a lo que podría considerarse un cliché en la fotografía de animales. Son fragmentos o abstracciones , evocativas, extrañas, misteriosas, de animales sacados de su hábitat. Destacamos las etéreas formas danzantes de «Nettles», la mirada humana de «Monkey Head», la calidad de grafito de «Three Black Ants», la escultórica imagen de «Cownose Ray». Con su lente captura elementos distintivos de especies de mar y tierra, aparecen suspendidos, rodeados de un intenso silencio.
Esta exposición está organizada por la ONG Tierra de Exploradores y Art in Lobby-lovinarts, con el apoyo de la Embajada de Estados Unidos y la Cámara de Comercio (AMCham) de dicho país. A partir de 2010 el ciclo se exhibirá en Nueva York y entre los que han sido invitados a participar figuran artistas argentinos, entre ellos, Andrea Juan, curadora de esta muestra, Gabriel Daujotas, Adriana Groisman, Lucía Warck- Meister, Paula Senderowicz.
La muestra clausura el 9 de diciembre.
La exposición de Pariti que se exhibe en el Museo Nacional de Bellas Artes constituye una primicia internacional ya que es la primera vez que se exhibe fuera de Bolivia. Las vasijas antropomorfas, kerus con decoraciones de felinos, challadores con serpientes ensortijadas, incensarios, vasijas con calaveras pintadas, son bellísimas por su color, decoración plástica pintada e incisa, reveladoras de la gran pericia técnica de los alfareros tiwanakotas y su alto nivel estético.
Los arqueólogos, entre ellos Jesús Antonio Sagárnaga Meneses, autor del texto sobre estas investigaciones, se encontraron con un cúmulo de objetos rituales que en determinadas fechas eran quebrados expresamente y luego arrojados a un hueco en el marco de una ceremonia dedicada a algún dios o diosa tutelar. Estos objetos valiosos arrojados expresamente tienen su correlato en antiguas culturas como, por ejemplo, los japoneses que aún hoy realizan en invierno gigantescas esculturas de hielo que se derriten con el cambio de estación, y los tibetanos que hacen complejas alfombras multicolores de flores que se destruyen al paso del Dalai Lama. Ante la pregunta de por qué lo hacen, responden: «para recordar que la belleza es efímera».
Tiwanaku fue uno de los centros ideológicos de mayor relevancia y su ideología estuvo centrada en la relación con la naturaleza y su culto vinculado a las montañas, el sol, la luna, los animales, las plantas y la madre tierra , tradiciones aún practicadas por la población.


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