La oposición anunció hace meses protestas masivas en las calles de la capital del país africano en caso de que el presidente Pierre Nkurunziza se presentara como candidato para un tercer mandato en las elecciones de finales de junio, cuando la Constitución admite como máximo dos períodos.
La atmósfera en un país que es testigo de tanta pobreza extrema ya era de por sí tensa. Y las manifestaciones que estallaron en abril, después de que Nkurunziza no diera el brazo a torcer en sus aspiraciones electorales, derivaron en una intentona golpista que para muchos no fue una sorpresa (ayer el número dos del levantamiento reconoció haber fracasado en su intento por tomar el poder por la escasa adhesión militar, NdR.).
No fue tanto el posible tercer mandato presidencial lo que empujó a tanta gente a la calle, sino más bien la esperanza de lograr mejores condiciones de vida en un país que es clasificado por el índice de desarrollo de la ONU como uno de los más pobres del mundo.
Apenas pasaron diez años desde que Burundi logró dejar atrás décadas de guerra civil en la que, según estimaciones, murieron 300.000 personas. A diferencia de su vecina Ruanda, donde la mayoría hutu intentó liquidar durante 100 días en 1994 a la minoría tutsi, en Burundi ambos bandos étnicos perpetraron masacres. Ese conflicto, no obstante, se supone resuelto a través del acuerdo de paz firmado en Arusha en 2000.
Hoy en día lo que lleva a la gente a protestar no es tanto su pertenencia étnica sino la pobreza en la que vive, no sólo en zonas rurales, sino también en la capital, donde muchos trabajadores viven en condiciones inimaginables en otros países. En las escuelas se ven 200 niños en una misma aula en la que además no hay ninguna mesa; el sistema de salud es muy escaso o inexistente y muchos tienen que trasladarse en la ciudad en bicicletas herrumbradas en las que cargan inimaginables bultos.
Según observadores locales, durante sus diez años al frente del Gobierno, Nkurunziza no logró avances económicos, no llevó adelante reformas en el sector financiero y el país sigue dependiendo en un 90% de su producción agrícola.
Pero Burundi espera poder lograr un cambio, aun en momentos en los que la situación es absolutamente confusa. "La situación es muy tensa y es muy difícil predecir qué sucederá en el país", dijo Carina Tertsakian , especialista en África de Human Rights Watch.
No obstante, la manifestante Margaret Mumbi, tiene algo en claro: "Nkurunziza deberá ser procesado por La Haya. Perpetró crímenes contra civiles inocentes".
| Agencia DPA |


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