22 de agosto 2012 - 00:00

Las confusas cartas con las que juega Obama

Washington - El presidente estadounidense, Barack Obama, amenazó a Siria con un ataque militar. ¿Ha cambiado de estrategia frente al conflicto? ¿O se trata más bien de un discurso de campaña electoral?

Obama vaciló durante mucho tiempo: la cuestión de Siria le resultaba tan incómoda que simplemente la evitó durante semanas en sus apariciones públicas. Pero ahora volvió a tocar el tema y lo hizo con una dura amenaza.

Si existe el peligro de que Siria utilice armas químicas o biológicas o de que caigan en manos de extremistas, Estados Unidos intervendrá. Se trata de la primera clara amenaza de Obama al régimen de Damasco. Obama declaró las armas de destrucción masiva como una «línea roja», una expresión que en Siria podría ser malinterpretada.

Tampoco en Estados Unidos están de acuerdo los analistas en qué significan exactamente esas palabras. «Un paso más en dirección a una implicación directa de Estados Unidos», cree el diario The New York Times. Sin embargo, The Washington Post considera que Obama no está señalando de ninguna manera un cambio de estrategia sobre una intervención en Siria. «Sigue habiendo pocas ganas de una intervención militar».

Pero, ¿no podría el tambaleante régimen de Damasco malinterpretar la expresión y entender, por ejemplo, que Estados Unidos aceptará cualquier medida de fuerza del presidente Bashar al Asad contra los rebeldes a excepción del uso de armas químicas? Ello sería algo así como dar un cheque en blanco al régimen para continuar los asesinatos sin intervenir mientras no se usen armas de destrucción masiva.

Hasta ahora, la Casa Blanca siempre señaló que una intervención militar no era opción. «Siria no es Libia», dijo una y otra vez al inicio del conflicto, hace año y medio. Incluso el establecimiento de una zona de exclusión aérea sería una vaga «visión de futuro», pero en estos momentos no está sobre la mesa, dijo recientemente el secretario de Defensa, Leon Panetta.

Pero en Washington aumenta el miedo: cuanto más dure la guerra civil en Siria, advierten los expertos desde hace semanas, mayor será el riesgo de que la situación se salga de control, el conflicto cruce fronteras y afecte a países vecinos y que Irán aproveche la situación. Pero la pesadilla para Obama es que las fuerzas extremistas, entre ellas Al Qaeda, obtengan acceso a las armas químicas y puedan amenazar a Israel.

Pero la complicación verdadera que roba el sueño a los expertos de la seguridad en Washington es otra: además de la guerra civil en Siria, está escalando el conflicto nuclear con Irán. Y existe temor a que Obama no pueda frenar a Israel en el caso de que decida atacar por las suyas las instalaciones nucleares de Irán y que, al mismo tiempo, Irael pueda influir así en las elecciones presidenciales de noviembre. Dos focos que podrían explotar a la vez en el polvorín de Medio Oriente y que no podrían ser peores para Obama.

El experto David Friedman, del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS) en Israel, ve incluso una relación estratégica entre los conflictos de Siria y de Irán. «No se descarta del todo que la cúpula iraní obligue a Al Asad a entregar armas de destrucción masiva a extremistas enemigos de Israel para aumentar el potencial disuasorio en el caso de un ataque israelí contra Irán», dijo.

Además, ambos conflictos están presionando también la campaña electoral de Obama. En 2008, Obama logró el apoyo mayoritario de los electores judíos, pero ahora, en un momento en que su contrincante republicano Mitt Romney lo sigue de cerca, cuenta cada voto.

En el Pentágono ya hay planes de emergencia para una intervención para que equipos técnicos eventualmente desactiven armas de destrucción masiva sirias, según dijeron funcionarios del Gobierno no identificados por The New York Times.

La acción requeriría la presencia de «decenas de miles de soldados estadounidenses». Y ello sería la tercera guerra en la región en sólo unos años. Precisamente, la invasión que Washington siempre ha querido evitar.

Agencia DPA

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