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Las internas abiertas, el blanqueo y después
Fernando Navajas - Economista
El problema es que debido a la economía de controles e insularidad cambiaria tanto las personas como las empresas desearían hoy tener menos dinero en la Argentina que en el exterior o el colchón, es decir que la fuga de capitales sería mucho más elevada que lo que era en 2008. El blanqueo quiere enfrentar esto cambiando los incentivos para que aquellos que no tienen declaradas sus tenencias las ingresen. Así, casi todos los análisis inmediatamente posteriores al anuncio han mirado los incentivos que enfrentan los que traerían su dinero, comparando la tasa de interés de los instrumentos que se ofrecen con los que se podrían estar obteniendo afuera, etcétera. Pero en lo referido al CEDIN para el mercado inmobiliario se necesitan dos para bailar el tango. Si hay alguien que quiere ingresar puede ser que del otro lado haya alguien que quiera salir y la credibilidad de cualquier anuncio de que sí va a poder hoy luce baja. La referencia inicial del anuncio, a que se van a emitir instrumentos para que se transfieran mientras los dólares permanecen encajados en el Banco Central está indicando un riesgo de que no haya credibilidad y, por lo tanto, no haya demanda doméstica para esos instrumentos.
Pero además hay otro ingrediente que cambia notablemente el escenario. Ésta es la conexión entre derrota electoral y corrida que, en el caso de la economía argentina, tiene antecedentes bien documentados en octubre de 2001. La diferencia con 2008-09 vuelve aquí a notarse mucho. La derrota electoral del oficialismo en las elecciones de 2009 llegó en un momento en que gran parte de la operación de purga estaba realizada y la economía de hecho empezaba a recuperarse. En cambio, ahora la economía está en franco desequilibrio macrofinanciero y la operación de blanqueo -dada la demora natural y especulativa en entrar a éste- va a definirse con la información del resultado de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Es decir que estas primarias van a ser, al igual que en 2011, más importantes que la propias elecciones. En este caso pueden terminar definiendo nada menos que la suerte del blanqueo y del esquema cambiario.
En suma, de los varios condicionantes para el éxito del blanqueo, el limitante más fuerte desde el punto de vista macroeconómico está en una distorsión previa, más fundamental y más permanente como el cierre de la cuenta capital. Y desde el punto de vista político existe una interacción muy peligrosa con las perspectivas electorales del Gobierno, que van a delinearse en las PASO. Hubiera sido mucho mejor preparar un anuncio más firme para dar señales de que hacia adelante se va a normalizar el funcionamiento del mercado cambiario. Pero esto requiere un esquema más amplio, concebido como parte de un plan integral que maneje las enseñanzas de nuestra historia económica, use buena teoría económica, entienda las interacciones complejas de política económica y economía política (especialmente cuestiones de credibilidad que el Gobierno va a descubrir demasiado tarde) e incluya la racionalización necesaria de alguna política de precios e ingresos para la transición. Parece que vamos camino a una lección colectiva en que la sociedad va a entender que el manejo económico tiene que estar en manos de profesionales con mayor libertad de pensamiento y decisión que lo que hemos visto en estos últimos años. Que ningún presidente -aunque sea economista- debería empecinarse en ser su propio ministro de Economía es tan cierto como que no debería empecinarse en ser su propio médico, aunque sea médico. Esto último puede terminar siendo muy grave para su salud. Pero lo primero puede terminar siendo grave para el país.


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