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Las nuevas tecnologías que impulsan el avance del trigo
Nuevas variedades del cereal son resistentes a las enfermedades foliares o a productos fitosanitarios.
Sin embargo, se dispone de tecnología que se puede adoptar para estos cultivos en los años Niño o Niña, como las diferentes variedades de trigo que pueden resultar más resistentes a las enfermedades foliares o bien, la aplicación de una batería de productos fitosanitarios para contrarrestar la presencia de enfermedades como la fusarium. «Hasta 2005 la Argentina mantenía un crecimiento que en promedio se ubicaba en los 83 quintales por año y por hectárea, niveles muy parecidos a los de Europa, gracias a la mezcla de genética y tecnología, además de la buena onda de los productores», explica Jorge González Montaner, especialista en mejoramiento de trigo y asesor de los grupos CREA de la región Mar y Sierra. González Montaner dio estas precisiones durante una presentación de nuevas variedades de trigo efectuada recientemente en el Campo Experimental que la empresa Buck Semillas posee sobre la Ruta Provincial 86, kilómetro 36, en las cercanías de Nicanor Olivera, partido de Necochea.
A partir de 2005 se produce una caída importante de superficie destinada a trigo, que desde entonces y hasta la fecha alcanzó prácticamente a las 20.000 hectáreas. Pero en 2010 hubo un promedio zonal de 5.500 kilos gracias a la muy buena relación temperatura radiación, y en 2011 no anduvo tan mal.
En la Argentina se pasó de 4,5 millones de hectáreas a 4 millones y ahora los productores decidieron sembrar menos, para llegar a 3,5 millones de hectáreas, inclusive en algunas zonas resolvieron abandonar el cultivo y desde el Ministerio de Agricultura estiman una productividad de 10 millones de toneladas, pero: «Todos sabemos que tendremos un 20% o un 30% menos. Y sólo la zona del sureste podría recomponer los resultados, porque en el norte, el cultivo viene bastante flojo», arriesga el especialista.
Rendimientos
Entre los años Niño, Niña y neutro, hubo dos Niños muy famosos, uno el de 1982 y el otro el de 1997 y, en la última serie de años, a pesar de las diferentes Niñas en 2010 hubo un rendimiento excepcional. Los últimos tres rendimientos máximos que tuvimos fueron dos Niños y una Niña.
La Argentina es el país que tiene la menor brecha en rendimiento de trigo entre el potencial y lo alcanzado en la región del sureste de Buenos Aires, de acuerdo con los resultados analizados a nivel mundial comparado con China, Australia, India y Norteamérica.
«En la actualidad hay muchas empresas que miran a nuestro país como una plataforma de desarrollo y si bien el negocio triguero en el país se viene achicando, una visión a largo plazo nos permite pensar que en el mundo esta explotando», añade González Montaner.
Una de las líneas más fuertes es ver cómo se puede disminuir el uso de nitrógeno entre otros nutrientes, sin necesidad de bajar el potencial. Hay varias empresas que tienen genes sobre los que están trabajando, para aminorar el impacto ambiental que produce.
La genética proponía en los años 70 una selección clásica, en búsqueda de rendimiento y hemos visto una evolución permanente, desde los años 80 en adelante se busca rendimientos más haploides (un solo juego de cromosomas en el núcleo celular), y en la última década se comenzó a buscar trigos para distintos usos, explica González Montaner.
El mundo necesita que se aumenten los potenciales, pero usando las mínimas cantidades de nitrógeno en los sistemas de producción. Éste es un ejemplo de una empresa que está llegando a la Argentina.
El país tiene un rol inevitable en la producción de trigo y es un lugar maravilloso para esta situación porque tiene todos los climas, además de producir a contra estación respecto del hemisferio norte, puede desarrollar este cereal para toda Europa, además las normas, medioambientales, por ahora, permiten trabajar con mucha más transgenia que en otros países del mundo, subraya el especialista.
«El empleo de fungicidas que se aplican con los aviones o con las fumigadoras terrestres tienen los días contados porque hay muchas contraindicaciones respecto de su uso. Esto empieza con las aplicaciones de glifosato y después seguirá con las de urea y luego con los fungicidas. Por eso hay mucha presión para que los laboratorios hagan productos que vayan a la semilla porque en lugar de impactar en el aire, que los compartimos todos, en las semillas tiene menos impacto ambiental», añade González Montaner.
La cebada
La práctica del doble cultivo aparece como una herramienta interesante para mejorar la rentabilidad de la cosecha fina, una tendencia que se consolida entre numerosos productores en el sureste bonaerense, siempre y cuando los precios se mantengan. Una de las ventajas que presenta la cebada es que, al levantarse antes que el trigo, posibilita entrar con una soja de segunda en lote, pero depende mucho de la zona.
Las diferencias de rendimiento entre trigo y cebada, de acuerdo con los resultados de los grupos CREA Mar y Sierra muestran que esta última, en promedio, se ubica entre 2 o 3 quintales por encima del trigo, en el caso de la Scarlet en el período 2005/2009 los resultados fueron muy significativos. Si se toma el período 2010 y 2011 los rendimientos son casi iguales entre trigo y cebada.
«¿Qué pasó? Para el caso del primero de los cultivos encontramos que la mayoría de las cebadas se volcaron, que no permitieron aumentar su rendimiento y no superaron los 5 o 6 mil kilos por hectárea y en 2011 el problema fue el quiebre», explica González Montaner.
Cambio de estrategia
En la campaña 2012 se pasó de la cebada Scarlet a la Shaquira que tiene un comportamiento excelente, en los ambientes de más potencial porque no se quebraba y no se caía. Sin embargo este año a esta variedad de cebada la atacaron todas las enfermedades que impactan en este cultivo como consecuencia de la humedad y sin embargo se ha observado que después del fenómeno climático no se cayeron.
De todos modos González Montaner recomendó a los productores evaluar la posibilidad de rotar con colza en aquellos lotes en los que la cebada sufrió diversos ataques de enfermedades para cortar la presencia de los agentes patógenos en el suelo, porque produce una sustancia que permite el control biológico de esos agentes.
González Montaner dejó una última recomendación para los semilleros que se dedican a la producción de granos finos, incursionar en el cultivo de soja de segundo, por ser ideal como sucesor del trigo o la cebada.


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