Las palabras suaves no alcanzaron para aliviar la ira por la cacería de inmigrantes

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Donald Trump ratificó la construcción del muro en la frontera sur y vinculó a los extranjeros con el crimen. Una “soñadora” fue elegida por la oposición para responderle en castellano.

Washington - "Mientras hablamos, estamos echando a miembros de bandas, traficantes de drogas y criminales que amenazan nuestras comunidades y convierten en presas a nuestros ciudadanos", dijo Donald Trump el martes por la noche. "Los malos se están yendo mientras hablo esta noche, como prometí".

El primer discurso del nuevo presidente de Estados Unidos ante el Congreso no tuvo la oscuridad ni la agresividad del que pronunció el 20 de enero, cuando asumió el puesto a los pies del Capitolio. Y el propio Trump, en la sesión conjunta de las dos cámaras, mantuvo una imagen presidenciable seguramente por primera vez desde el día en el que juró el cargo.

Pero pese a haber abierto las puertas pocas horas antes a una ley sobre inmigración, se mantuvo firme en su rechazo a los inmigrantes, el tema en el que centró su campaña prometiendo expulsar a once millones de personas, la mayoría hispanos, que no tienen papeles.

Con traje azul oscuro y la bandera de Estados Unidos en la solapa, Trump repitió que la inmigración abarata los sueldos de los trabajadores estadounidenses y eleva la presión impositiva sobre los contribuyentes.

"Mi administración respondió a las peticiones del pueblo estadounidense en materia inmigratoria y de seguridad fronteriza", dijo. "Aplicando nuestras leyes inmigratorias, aumentaremos los salarios, ayudaremos a los desempleados, ahorraremos miles de millones de dólares y haremos nuestras comunidades más seguras para todos", manifestó entre los aplausos de los legisladores del Partido Republicano.

"Queremos que todos los estadounidenses tengan éxito, pero eso no podrá ocurrir en un medio ambiente de caos sin ley. Tenemos que restablecer nuestra integridad y el imperio de la ley en nuestras fronteras", señaló. En ese punto, Trump volvió a prometer que construirá su muro para separar a Estados Unidos de México. Lo hizo ante otra barrera, esta simbólica y psicológica, que el Partido Demócrata había preparado para él.

La formación, que desde el sábado está dirigida por primera vez por un hispano, Tom Pérez, hijo de inmigrantes dominicanos y exsecretario de Trabajo de Barack Obama, llenó la cámara de inmigrantes con y sin papeles y de refugiados. Senadores y congresistas demócratas los llevaron como sus invitados para poner delante de Trump a las víctimas de sus políticas.

"Estoy aquí representando a los demócratas, a los latinos y a los once millones de inmigrantes indocumentados que somos parte integral de este país, y que constituimos los valores y la promesa de los Estados Unidos, los mismos que el presidente Trump está amenazando con su plan de deportación masiva", manifestó Astrid Silva, de 28 años. Ella fue la encargada por los demócratas de responder a Trump en castellano tras su discurso. La réplica en inglés la dio el exgobernador de Kentucky Steve Beshear.

Silva, activista de Las Vegas, es una "dreamer" (soñadora): una de los 750.000 menores sin papeles llevados de niños a Estados Unidos por sus padres indocumentados, a los que Barack Obama protegió de la deportación y dio permisos de trabajo temporales bajo un programa conocido como DACA.

La base de datos se convirtió para ellos en un riesgo, ya que pueden ser localizados fácilmente y arrestados si el mandatario decide deportarlos.

"Trump nos está devolviendo a las épocas más oscuras de nuestra historia: criminalizando a cualquiera que es diferente, poniéndonos en contra los unos de los otros, y mandando el mensaje equivocado al resto del mundo, ayudando así a fomentar el enfado y odio de grupos terroristas hacia nuestro país", aseguró la mujer.

La protección frente a la deportación que Obama les dio a ella y a otros 750.000 jóvenes llegó después de que el mandatario demócrata fuera incapaz de sacar adelante la reforma migratoria que quería por la oposición republicana en el Congreso.

El martes, una semana después de que su administración abriera la puerta a las deportaciones masivas en dos memorandos que desarrollaron sus órdenes ejecutivas, Trump dijo estar dispuesto a buscar un consenso para aprobar una ley de inmigración. No habría en ella opción para los sin papeles de obtener la ciudadanía y solo podrían quedarse en el país los que no tengan antecedentes y puedan sostenerse por sí mismos.

Trump habló ante el Congreso de un sistema de inmigración "basado en el mérito". Pero como en el resto de los temas que trató en su primer discurso ante el Congreso, no entró en sustancia.

"Creo que una reforma inmigratoria real y positiva es posible siempre y cuando nos centremos en los siguientes objetivos: mejorar los puestos de trabajo y salarios de los estadounidenses, reforzar la seguridad de nuestra nación y restaurar el respeto a nuestras leyes", dijo Trump, solemne.

Agencia DPA

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