5 de enero 2009 - 00:00

Las provincias, con una mirada vanguardista

«Pluma» (2006), de la platense Gisela Bollini, que hace años reside en Posadas, Misiones, y representa a esa provincia.
«Pluma» (2006), de la platense Gisela Bollini, que hace años reside en Posadas, Misiones, y representa a esa provincia.
El Centro Cultural Recoleta y la Fundación YPF Repsol presentan en estos días la segunda etapa de «Argentina Pinta Bien», título un tanto simplista que en realidad engloba un ambicioso programa de exhibiciones de más de 200 artistas de nuestras provincias y que, además de enfocar el protagonismo real de la pintura, abarca otras técnicas: dibujo, escultura, objeto, instalación, fotografía y video.
La primera megamuestra trajo a Buenos Aires en 2005 el arte consagrado y contemporáneo de Chubut, Córdoba, Mendoza, Río Negro, Santa Cruz y Neuquén. Ahora, un equipo de curadores porteño con el apoyo de varias instituciones y museos provinciales, asumió la responsabilidad de mostrar la diversidad que caracteriza a las provincias y reunirla en varias exhibiciones que a partir de 2006 se realizaron en los lugares de origen.
La coordinación general y el diseño de la muestra del Recoleta estuvo a cargo de Gustavo Vásquez Ocampo, y en esta segunda edición, más volcada a la contemporaneidad, los curadores Marcelo de la Fuente (San Juan), Cecilia Rabossi (La Pampa y Entre Ríos), Jimena Ferreiro (Chaco y Misiones), Rafael Cippolini (Tierra del Fuego), Alberto Petrina (Salta y Corrientes), Florencia Battiti (Jujuy) y Cristina Rossi (Tucumán), seleccionaron los artistas.
El objetivo de esta megamuestra apunta a la necesaria «interacción y difusión del arte producido en las diversas regiones culturales argentinas», propósito integrador que tuvo como antecedente una extensa muestra de regional que presentó Alberto Petrina también en el Recoleta, y -sobre todo, en el plano teórico- el programa de becas, clínicas y análisis de obras de la Fundación Antorchas.
El proyecto «Argentina pinta bien», suma así sus meritorios esfuerzos a emprendimientos como «Pertenencia» o «Interfases» del Fondo Nacional de las Artes, y a las iniciativas de varias instituciones y empresas privadas, como arteBA o Chandon que, entre otras, expandieron y posibilitaron una fluida relación de las provincias con Buenos Aires e, incluso, con el exterior.
De hecho, en la exposición actual, son varios los artistas que tienen galerías que los representan en Buenos Aires, o los que acceden con facilidad al mercado porteño, como los tucumanos Carlota Beltrame, Blanca Machuca, Pablo Guiot, Rosalba Mirabella, Javier Juárez, Marcos Figueroa, Víctor Quiroga y los integrantes de los grupos San Jorge y El Dragón, La Baulera y Viva Laura Pérez; en este mismo plano figuran los misioneros Andrés Paredes, Yiyu Finke y Mauro Koliva; los salteños María Martorell, Mariano Cornejo, Guadalupe Miles y Mario Vidal Lozano; el correntino Luis Niveiro, el chaqueño Milo Lockett o el fueguino Gustavo Groh.
Algunas obras que figuran en la muestra, como «El novio» del tucumano Sandro Pereira, perteneciente a la colección de Luz y Mauro Herlitzka, o las de los misioneros Mónica Millán y Tulio de Sagastizábal, que se vieron antes en Buenos Aires que en sus provincias de origen, son buenos ejemplos de la integración actual.
En una exposición que, salvo la sala Cronopios, ocupa todo el Centro Cultural Recoleta, resulta de interés reconocer las tendencias dominantes en el escenario internacional, como el conceptualimo o la abstracción minimalista, presente en la intervención de un camino de cintas de colores de Maximiliano Peralta Rodríguez que se desplaza desde el suelo hasta el techo de la sala. Pero más significativo es encontrar la influencia de la inconfundible clave paródica del gran maestro que fue Pablo Suárez, en obras como el billete «One Rodo» del tucumano Rodolfo Bulacio, o en «Increíble Jalk», una escultura del chaqueño Diego Figueroa, que no sólo parodia el personaje de TV, sino también, con una colorida cinta de embalar, los brillos de la resina poliéster que utilizaba Suárez.
Mientras la entrerriana Alejandra Franco parodia con humor las figuras de barro precolombinas en «Tatú y el Zorro», la influencia del comic está presente en la acuarelas de Lucas Mercado, y varios buenos fotógrafos muestran el influjo evidente del Pop latino de Marcos López, como el jujeño Marcelo Abud.
Si con nidos, flores, semillas y el canto de los pájaros, la naturaleza está muy presente en la sala del Chaco, en la de Jujuy, los videos de Adrián Orgando, Diego Ricciardi, Fabiana Bepres, Carina Borgogno y Ariel Orgando, confrontan el progreso con la tradición y la belleza del paisaje.
El interés creciente del público porteño por los artistas todavía desconocidos del interior tiene su recompensa: todavía hay buen arte para descubrir. Sin embargo, en las salas de algunas provincias se cuela el inocultable y reiterado esquema de las escuelas y talleres que insisten en la enseñanza de pulidas abstracciones de tonos tierras, o en el énfasis neoexpresionista y el de los machacadores discursos sobre los problemas sociales, que van desde la expresión pictórica hasta la conceptual.
Son muchas las obras para destacar, pero entre ellas figuran los libros intervenidos por la sanjuanina Silvina Martínez o, por su delicada expresividad, la enrulada pluma de la misionera Gisela Bollini, y también están las atractivas pinturas de Ignacio de Lucca y Verónica Navajas, que se suman a las de la correntina Hada Irastorza, y a la gracia de un dibujo de la entrerriana Julia Acosta, que representa un niño dormido en un paisaje imaginario.
Una pequeña pintura apasionadamente roja de una «Procesión», realizada en 1952 por el correntino Rubén Vispo, delata el estilo de nuestros precursores, pero demuestra con su encanto que cualquier vuelta atrás en la historia del arte es factible y hasta puede ser eficaz, si se cuenta con suficiente talento.
El programa de «Argentina pinta bien» editó excelentes catálogos de cada una de las provincias involucradas, que quedarán como documentos una vez pasada la muestra, y cuenta con actividades complementarias y paralelas: mesas redondas, conferencias y visitas guiadas.

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