Leo Sbaraglia: la hipnosis como vía a lo fantástico

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"La mayor diferencia entre trabajar para cine y para una serie está en que se hace el triple de producción en un mismo día. En cine hay que sacar tres escenas al día y en la serie diez. Pero en cuanto a la construcción del personaje, los ocho capítulos de una serie dan una progresión con más posibilidades de desarrollarlo. Se va desplegando y cada vez lo entiendo más. En el cine, muchas veces, recién el último día, me digo 'Hoy encontré al personaje'", dice Leonardo Sbaraglia, quien encarna a Arenas en la nueva serie de HBO, "El hipnotizador", a estrenarse el domingo a las 21.

Se trata de la primera producción bilingüe, con elenco y equipo argentino, brasileño y uruguayo, que en pantalla se comunican en español y portugués indistintamente, algo que sorprende primero pero que no resulta arbitrario dada la naturaleza fantástica de la serie. El libro está basado en el comic argentino del mismo nombre, de Pablo de Santis ("El inventor de juegos"), y cuenta la historia de un hipnotizador con un pasado enigmático que usa su técnica para ayudar a personas, desbloquear recuerdos, intentar recuperar verdades y resolver misterios.

Dialogamos con Sbaraglia y Roberto Ríos, productor de HBO.

Periodista: "El hipnotizador" se presenta como la primera serie bilingüe. ¿Por qué optaron por esta modalidad?

Roberto Ríos:
Tengo compañeros de todos los países, estamos acostumbrados a esa Babel de idiomas, en HBO hablamos así. Además por la naturaleza del proyecto, primero vino a visitarnos el autor de la historieta, Pablo De Santis, pero cuando comenzamos a avanzar en la escritura de guiones, una parte llegaba en español y otra en portugués. Al momento de buscar locaciones, San Pablo era complicado, Buenos Aires también, finalmente optamos por Montevideo. Filmamos en Uruguay, con actores argentinos, otros brasileños, otros uruguayos, y vimos que la cuestión del idioma tenía que adquirir otro perfil. Además, hay un correlato de esa Babel de idiomas con el relato. Transcurre en una ciudad entre dos tiempos, y el portugués y el español coexisten como las fronteras entre Dinamarca y Suecia, o Quebec en Canadá y el resto del país que habla inglés.

Leonardo Sbaraglia: Estudiar portugués me parecía complicado, porque no soy de esos argentinos que veranearon años en el Brasil. Finalmente con los directores nos dimos cuenta de que lo mejor era que cada quien mantuviera su idioma, quizá colando algunas palabritas. Es una relación de triple frontera, con actores de los tres países, que además tenemos maneras de trabajar muy diferentes. Es curioso porque Uruguay, que prácticamente no tiene oportunidades de producir cine ni TV, ante la supuesta falta de experiencia, demostró minuciosidad y arte.

P.: Habitualmente las series se extienden a lo largo de 13 capítulos, ¿por qué esta tiene sólo 8?

R.R.:
No quisimos tocarla ni cambiarla porque con ocho cerraba de manera perfecta. Hay que tener en cuenta que cada capítulo se construyó a partir de las cinco páginas que tenía la historieta en la revista Fierro.

L.S.: En cada caso que el hipnotizador toma, y que funciona de manera autónoma en cada capítulo, se alimenta el misterio de su protagonista, Arenas. Cada historia va a iluminar ese pedazo de su vida que no recuerda, como si le hubieran sacado parte de su memoria y necesitara llenar ese espacio vacío. Es como si le hubieran quitado la experiencia.

P.: ¿La cuestión de la hipnosis se toma como método para la cura, como Freud en sus comienzos, o habrá alguna suerte de planteo ético?

P.P.:
No hay dilemas éticos porque transcurre en un mundo de fantasía. No se toma como algo real, todo es sugerencia. Puede darse también en los años 20 o 30, cuando Freud utilizó la hipnosis para traer a la conciencia lo desconocido. Pero el autor no especifica la época, da la idea de un período de entreguerras. El interrogante también gira en torno al tiempo. ¿Es un nuevo estado fascista o una nueva democracia? Hay dualidades interesantes y alegorías.

L.S.: Hay licencias que forman parte de lo más fantástico de la serie. Recuerdo la película biográfica de John Huston en la que Montgomery Clift hace de Freud cuando empezó con la hipnosis, y muestran que no era bueno en lo suyo y se volcó por otro método. La hipnosis es tomada para crear las condiciones para que una persona hable. Sirve para que recuerde cosas. Estuve investigando sobre el tema y fui con una persona a charlar, que casi me hipnotizó también, y comprendí que tiene que ver con la sugestión, una persona que acepta, está dispuesta a creer, a abrirse, a entrar en ese proceso. Al margen, es una herramienta de la serie y del autor para poder hablar de otra cosa. Intenté construir un personaje que más allá de hacer hipnosis o no, se interesa por los demás, tiene la capacidad de reconocer el dolor en el otro, es un buen tipo, al margen de todas sus oscuridades. Hay una dialéctica de descubrirse a través de los otros y a la vez se le hace observable el mundo del otro. En cuanto a la época, con esos aviones que dan vueltas se siembra la idea de un estado de sitio, de un lugar oprimido. El hotel y el teatro funcionan como lugares de resistencia.

P.: Hay mucho trabajo con el tiempo, desde el nombre del protagonista, Arenas, hasta el juego con el tiempo que no corre veloz y la relación del ritmo en la serie.

L.S.:
Eso es mérito de HBO que no está atento a cómo corre el minuto a minuto en un mercado feroz. Pese a las condiciones actuales, se permite y confía en tiempos y ritmos diferentes, con prioridad artística. Ojo, que no por lento se habla de aburrido, para mí lo más importante es que sea entretenido y que la gente esté metida, eso es ley. En cuanto al nombre, Arenas, no tengo idea de por qué lo eligió De Santis, pero hay algo de la arena al principio, de la vida y la experiencia que se le escurre entre las manos. El personaje está todo el tiempo queriendo atrapar esa experiencia, pero se le escabulle.

Entrevista de Carolina Liponetzky

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