24 de marzo 2011 - 00:00

Libia: hablan ya de una campaña extensa y sin visos de salida

En la ciudad de Bengasi, un par de rebeldes conversan con un graffiti anti-Gadafi de fondo. A pesar de que el oprativo internacional consiguió neutralizar al poderío aéreo del régimen, las ciudades tomadas por la disidencia aún son blanco de fuertes ataques.
En la ciudad de Bengasi, un par de rebeldes conversan con un graffiti anti-Gadafi de fondo. A pesar de que el oprativo internacional consiguió neutralizar al poderío aéreo del régimen, las ciudades tomadas por la disidencia aún son blanco de fuertes ataques.
Washington y Trípoli - Cuando arrecian los ataques del régimen de Muamar Gadafi contra los rebeldes y se multiplican los operativos de la coalición internacional en Libia, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, admitió ayer que no existe «calendario» para el fin de la Odisea del Amanecer. Similares fueron las declaraciones del primer ministro británico, David Cameron, quien afirmó que «aún falta mucho por hacer».

Al cierre de esta edición, los ojos de la comunidad estaban sobre la ciudad de Misrata, hasta el momento controlada por la disidencia, donde el régimen había atacado un hospital y causado un número indeterminado de muertos y heridos.

«El Consejo de Seguridad no da una fecha límite para la zona de exclusión aérea. Por lo tanto, pienso que no hay calendario en lo relativo al fin» de la operación, dijo Gates a la prensa durante una visita en Egipto. Una coalición internacional -encabezada por EE.UU., Francia y Reino Unido- entró en acción el sábado, y desde entonces bombardea objetivos militares en Libia por aire y mar, en virtud de la Resolución 1.973 de la ONU.

El conflicto se encuentra en una «fase temprana» y aún «se necesita hacer mucho más» para proteger a la población civil y lograr el alto al fuego permanente, coincidió Cameron. «Creo que hemos hecho un buen progreso en la zona de no exclusión aérea, en términos de hacer retroceder a esas fuerzas (las de Gadafi) y proteger a los civiles, pero claramente es una fase temprana y falta mucho por hacer». Hubo un «buen y temprano progreso» en término de retirada de las fuerzas de Bengasi, pero continúa habiendo una «gran preocupación» sobre lo que está ocurriendo en Misrata.

Paralelamente, el ministro para las Fuerzas Armadas británicas, Nick Harvey, admitió que Londres desconoce por cuánto tiempo tendrá participación en la ofensiva militar en Libia. «No sabemos por cuánto tiempo estaremos metidos en esto», declaró Harvey, mientras se incrementó la preocupación en el país por la participación en la ofensiva.

Los parlamentarios británicos afirmaron estar «cada vez más preocupados» por el hecho de que Gran Bretaña «quede atada» a un conflicto prolongado y costoso.

El diario inglés Daily Telegraph calculó que las tareas para patrullar la zona de exclusión aérea le cuestan al Reino Unido 3,2 millones de libras esterlinas (u$s 5,2 millones) por día, sin contar el bombardeo con misiles.

Mientras tanto, los aliados seguían sin ponerse de acuerdo sobre el papel que desempeñará la Organización para el Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en la estructura de mando de las operaciones militares.

Una reunión de los 28 países miembro, representados a nivel de embajadores, concluyó ayer sin que se lograra un consenso: se trata de la tercera deliberación, en tres días, que fracasa en el intento de precisar qué papel tendrá la Alianza en las operaciones en el país maghrebí.

EE.UU. y otros de sus integrantes, como Canadá e Italia, insisten en que debe ser la OTAN la que asuma el mando cuando sea entregado por Washington, pero Francia se opone a ello, y aboga por la creación de un grupo de «pilotaje político» de las operaciones.

En cuanto al debate en la OTAN, la vocera Oana Lungescu admitió que se trata de «discusiones difíciles sobre cuestiones difíciles», aunque agregó que «están discutiendo con espíritu constructivo», como demuestra el acuerdo logrado ayer sobre el control del embargo sobre armamentos en el Mediterráneo.

Según precisó Lungescu, los informes de los servicios de inteligencia atlánticos demuestran que el flujo ilegal de armas hacia Libia «es un fenómeno que sigue desarrollándose», por lo que la OTAN decidió un despliegue «importante» de fuerzas.

Para las operaciones de control en el Mediterráneo, la OTAN contará con 16 naves, de las cuales seis serán ofrecidas por Turquía (un submarino y cinco buques) y tres por Italia, entre las cuales el buque insignia de la armada, el portaaviones Cavour.

Un acuerdo entre Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña había sido anunciado ayer, cuando Barack Obama habló por teléfono con el presidente Nicolas Sarkozy, y Cameron y se informó sobre un acuerdo de principio sobre el «papel clave» que deberá tener la OTAN en las operaciones militares en Libia.

Ayer, sin embargo, el canciller francés, Alain Juppé, reiteró que su país propone que «el pilotaje político de la operación» militar en Libia «no debe estar en manos de la Alianza Atlántica», sino de un «grupo de contacto» constituido por los países que participan en ella.

Mientras tanto, en el terreno las fuerzas leales a Gadafi atacaron con tanques el principal hospital de Misrata, la tercera ciudad de Libia. «Los tanques están bombardeando el hospital y las casas», afirmó un portavoz rebelde. Según un médico, 17 personas, incluidos cinco niños, murieron por disparos de francotiradores y por obuses de las fuerzas gubernamentales.

Mientras tanto, la coalición, que afirma haber neutralizado la aviación militar de Gadafi, llevó a cabo ataques contra sus tropas terrestres, sobre todo en Misrata.

Una fuerte explosión tuvo lugar al cierre de esta edición en una base del ejército de tierra libio a 32 km al este de Trípoli, afirmaron testigos. Estas fuentes afirman haber visto llamas elevarse hacia el cielo encima de la base, situada en la región de Tajura, en el kilómetro 32 al este de la capital.

Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA, y Ámbito Financiero

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