- ámbito
- Edición Impresa
Linetzky y el klezmer como tradición familiar

El klezmer es una música de diáspora. Y aunque estamos acostumbrados a identificar el género con ciertas pautas sonoras, en verdad ese nombre tiene que ver con todas aquellas expresiones que, partiendo de los sonidos de Europa central, se hicieron algo nuevo en los destinos en los que recaló la comunidad judía. Una de las tantas familias ligadas a la música, al exilio y, en consecuencia, al klezmer, es la del pianista argentino de tango Andrés Linetzky. Nieto del violinista José Linetzky que llegó desde Rusia en 1929, e hijo del flautista Leonardo Linetzky, Andrés terminó siendo el más conocido de la descendencia. Sin embargo, ya antes de su nacimiento, la música estaba en las reuniones familiares y hasta en una orquesta que integran abuelo, hijos y nietos.
Relacionado con el sello alemán Winter&Winter a través de su trabajo tanguero, Andrés Linetzky fue, además, el nexo para convertir en un disco ese material reservado antes a una intimidad apenas extendida. Así se compilaron grabaciones caseras, guardadas en viejos casettes y se agregaron unos cuantos tracks con registros actuales a cargo de la Linetzky Klezmer Orchestra, una agrupación que reúne voces, piano, clarinete, batería, viola, mandolina, flauta, trompeta, guitarra y niños haciendo coros, en el contexto de una familia en la que son varios los que han aprendido a tocar diferentes instrumentos. Y todo para un repertorio de piezas tradicionales, sin duda mucho más conocidas para el oyente judío.
No es un disco cómodo para el mercado local. Y ni siquiera hay una edición argentina de un álbum que llega importado -con sus textos en alemán e inglés- y a pocas disquerías. Pero vale la pena buscarlo, sobre todo para quienes disfrutan de esas perlas que escapan a lo remanido.
Ricardo Salton

Dejá tu comentario