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Lito Cruz suma un nuevo prócer
María Dutil y Lito Cruz en el musical «Sueños de milongueros»: una evocación de los tiempos de inmigrantes y malevaje.
El espectáculo con música de la Orquesta Color Tango de Roberto Álvarez y dirección de Carlos Moreno se representa en el Maipo Club. Dialogamos con Cruz.
Periodista: Ahora Gardel, con jaquet, bastón y galera...
Lito Cruz: Sí. Quise hacerle un homenaje a mi viejo que era un tipo muy gardeliano. Cuando murió Gardel, se puso corbata negra y llevó luto toda su vida; si no era la corbata era un brazalete. Siempre se vestía y se peinaba como Gardel y cuando bailaba el tango con mi vieja, todos hacían rueda en el barrio para verlos. Pensé en ellos mientras armaba este espectáculo. Después, con María Dutil, fuimos desarrollando una historia de amor entre dos milongueros muy atorrantes, basándonos en algunos textos de Alejandro Dolina, una escena que me regaló Roberto Fontanarrosa y un poema de Jorge Luis Borges, «El tango». Bailamos varias coreografías y María canta un tango de Eladia Blázquez. Pero todo está al servicio de la acción.
P.: Usted vivió en un típico barrio milonguero.
L.C.: Sí, en Berisso, puerto del mundo y capital del inmigrante. Cuando nací había 74 colectividades en la zona. Era un paisaje laboral maravilloso, de gente que venía a hacer la América y al llegar encontraba trabajo que es lo mejor uno puede encontrar cuando viene de la guerra y de la miseria.
P.: ¿Había cuchilleros también?
L.C.: Sí, muchos. Yo los conocí en el bar de mi padre. Cuando empezaba una pelea a cuchillo él nos mandaba a mi hermano y a mí al palco. Tenía una gran paciencia, siempre lograba calmar a los violentos o los sacaba del bar para que saldaran sus cuentas en la esquina. Cuando cerraron los frigoríficos, la zona quedó muy abandonada, pero ahora estamos tratando de convertirla en sitio histórico para que tenga un atractivo turístico como La Boca.
P.: ¿Cómo piensa lograrlo?
L.C.: Por ahora logré que el presidente Kirchner declarara sitio histórico nacional a la calle New York, donde estaba el bar de mi padre. Yo todos los años desfilo con mi caballo en la fiesta de inmigrantes que se realiza en Berisso y ya tengo un lugar en el cementerio de la zona. Todavía siento nostalgia de aquellos cuchilleros, de los concursos de tango en las esquinas...
P.: ¿Los protagonistas de «Sueños de milongueros» son gente de avería?
L.C.: Son dos atorrantes. Los dos son muy frontales e impulsivos. No tienen doble discurso. Dicen lo que les pasa por la cabeza sin mucha vuelta. Su manera de hablar es un poco grosera y se pelean mucho, pero finalmente se perdonan hasta las infidelidades porque se aman mucho.
P.: ¿Qué otros proyectos tiene entre manos?
L.C.: Terminé de filmar en San Luis una película sobre Castelli, «La revolución es un sueño eterno», basada en la novela de Andrés Rivera; sigo haciendo «Guayaquil» de Pacho ODonnell -ya van cinco años de gira- y ahora estamos preparando «Rosas».
P.: Además de Rodolfo Bebán en el film de Antín, hasta ahora muy pocos se atrevieron a interpretar al «Restaurador».
L.C.: En Buenos Aires uno no le dice al taxista: «lléveme a Chacho Peñaloza y Facundo Quiroga», porque todos los nombres son de unitarios: Lavalle, General Paz, Rivadavia, Sarmiento. De pronto puede aparecer una cortadita «López», pero en general abundan los Azcuénzaga, Anchorena y Alvear. La plaza Lavalle está donde murió Dorrego, y a la antigua quinta de Rosas le pusieron la estatua de Sarmiento y la de Urquiza. Nadie se acuerda de lo que logró Rosas en La vuelta de Obligado, una epopeya casi única en el mundo.
P.: ¿Sigue como director de la Comedia de la Provincia de Buenos Aires?
L.C.: Sí, con muchos proyectos y actividades. Este mes fue aprobada la Ley provincial de teatro independiente. Ahora las salas y grupos de la provincia de Buenos Aires van a tener, además del porcentaje de subsidios que les corresponde por la Ley nacional, otros nuevos recursos que provienen del 8,25 % de los premios prescriptos de la Lotería nacional. Es un mínimo de 3 millones y medio por año. Queremos que en las salas, además de ver teatro, escuchar un concierto, visitar una exposición, la gente pueda tratar temas de su barrio. Por eso queremos que estos lugares funcionen de 10 de la mañana a 12 de la noche, para que los chicos y adolescentes también tenga su espacio y traten sus problemas. La droga, la delincuencia trabajan en la oscuridad y en la soledad. Una sala de teatro trae luz, trae gente y las ratas se van...
Entrevista de Patricia Espinosa


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