23 de julio 2014 - 00:00

Lito Cruz y un Eugene O’Neill desconocido

Barry Primus: “O’Neill  nunca quiso estrenar esta obra porque no encontró al actor adecuado para el protagonista, inspirado en su padre”.
Barry Primus: “O’Neill nunca quiso estrenar esta obra porque no encontró al actor adecuado para el protagonista, inspirado en su padre”.
El actor y director norteamericano Barry Primus, miembro del Actor's Studio y dueño de una amplia trayectoria en cine, teatro y televisión, se instaló en Buenos Aires por ocho semanas para dirigir "El toque de un poeta" de Eugene O'Neill. La obra, que se estrena hoy en el teatro Apolo, llega por primera vez a la escena porteña por iniciativa de Lito Cruz, su protagonista, quien desde hace años viene trabajando en este proyecto junto a Primus. Ambos se conocieron a través de un amigo en común, Robert De Niro. Susú Pecoraro y Eleonora Wexler completan el trío protagónico y el resto del elenco está integrado por David Di Nápoli, Jesús Berenguer, Carlos Cavanna, Ubaldo Kramer, Lisandro Fiks, Victoria Moreteau y Edgardo Marchiori.

"El toque de un poeta" transcurre en 1828, durante un solo día. Su personaje central es un inmigrante irlandés, temperamental y algo mitómano, que alardea de sus pasadas glorias militares y se refugia en el alcohol y en sus fantasías poéticas para evadir la hostilidad de una comunidad que lo desprecia (bostonianos de origen inglés). Entretanto descuida su taberna y maltrata a su esposa e hija. Dialogamos con el director.

Periodista: La obra tiene muchos puntos en común con "Largo viaje del día hacia la noche"

Barry Primus:
Así es. "El toque..." es anterior, pero O'Neill la terminó mucho después y no quiso llevarla a escena (se estrenó postmortem en 1958) porque nunca encontró el actor adecuado para el papel de Cornelius Melody, que está inspirado en su padre.

P.: A diferencia de otras tragedias de O'Neill aquí no hay suicidios ni asesinatos. Lo único que se destruyen son las fantasías del protagonista.

B.P.:
Es verdad. Pero no solamente mueren sus fantasías, también mueren otros aspectos suyos, que son positivos pero deben caer para sobrevivir en esa tierra nueva y hostil.

P.: Cornelius tiene aires de caballero, pero es cruel y despreciativo con su esposa e hija.

B.P.:
Es un hombre lleno de contradicciones que lucha todo el tiempo con sus diferentes máscaras. Ese rasgo está siempre presente en el teatro de O'Neill. No hay que olvidar que su padre era actor, además de un hombre muy difícil. Cornelius se transforma en un monstruo porque no puede ser el hombre que pretende ser. Por momentos es ridículo y en otros, muy cruel, porque no sabe cómo reforzar aquel que fue en el pasado. Esa es la tragedia de todos los inmigrantes, tener que aceptar quienes son en un nuevo país que los obliga a dejar atrás su historia personal.

P.: ¿Tuvo en cuenta que el público porteño desconoce el marco histórico de esta obra?

B.P.:
Sí, desde luego. Por eso la pieza fue traducida y adaptada por Alejandra Cruz (hija de Lito) y como todo buen drama aborda temas universales. Incluso la opresión que padecieron los inmigrantes irlandeses al llegar a Norteamérica es un problema que se sigue repitiendo en todo el mundo. Pero estos personajes no sólo padecen conflictos sociales, también deben batallar contra el destino, la propia neurosis, la herencia familiar, la mortalidad, las costumbres, las tradiciones. ¿Cómo poder sobrevivir a esa terrible carga? Esa fue la gran obsesión de O'Neill y sus obras reflejan esa suerte de maldición familiar: siempre tratando de entender a su madre con su adicción a las drogas o el alcoholismo de su padre. El mismo llevó todo eso muy lejos. Sus propias obsesiones y pesadillas y su inclinación a la bebida le impidieron ser una buena guía para sus hijos y dos de ellos se suicidaron.

P.: Usted se declaró admirador de Montgomery Clift, Marlon Brando y John Garfield. ¿No existen actores de esa envergadura en la actualidad?

B.P.:
Buenos actores hay en todo el mundo, aunque no sean tan famosos. También en la Argentina los hay. A mí me gusta mucho Federico Luppi con quien trabajé en "The Stranger" de Adolfo Aristarain (única película del director de "Tiempo de revancha que se filmó en inglés, y que nunca se estrenó en el país) y siempre que puedo veo cine argentino. Empecé a hacerlo de joven, en la década del '50.

P.: ¿Se adaptó bien a Buenos Aires?

B.P.
: Es una ciudad que me gusta mucho, tiene una hermosa arquitectura, la gente es muy amable y todo el mundo se besa por media hora cada vez que se saluda. Eso es muy lindo. Pero como director me complica que la gente llegue tarde. A veces puede resultar simpático, pero otras entorpece el trabajo.

Entrevista de Patricia Espinosa

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