28 de julio 2011 - 00:00

¿Llega el turno de políticas de shock frente a la crisis global?

Detrás de las disputas políticas en torno a la ampliación del techo de la deuda en Estados Unidos y el mecanismo de refinanciación a los países de baja capacidad de pago en Europa, hay una discusión de fondo. Se está haciendo evidente una nueva decisión estratégica de enterrar las políticas anticíclicas porque se advierte que actualmente el gradualismo como se aplica hoy conduce hacia el abismo. Se entiende que las políticas anticíclicas seguidas hasta ahora no marcan un camino lento pero eficaz hacia la superación de la crisis, sino que sólo postergan su estallido, agravando el problema. Parece llegar el turno de probar la dureza de las políticas de shock sin importar los costos.

Por eso Alemania en Europa y la mayoría republicana en EE.UU. han decidido restringir los estímulos y las facilidades financieras, porque seguir por el camino actual, buscando «salvar» a todos, parece poner en peligro la riqueza acumulada. Llegó la hora de ajustar en serio porque la alternativa de encarar una reconversión global de las finanzas mundiales, parece un objetivo demasiado ambicioso y con poco respaldo.

Los mercados dan claras muestras de incertidumbre porque la deuda pública de los países más desarrollados del mundo parece tornarse cada día menos manejable. La prensa norteamericana no se cansa de mostrarse sorprendida por la ausencia de pánico de los inversores ante el escenario actual, que parece justificarlo. De todas formas, más allá de las fuertes bajas de las acciones de los últimos días, van cinco o seis meses en los que las Bolsas han sufrido gigantescas fluctuaciones pero no muestran saldo a favor. Y en ese lapso el petróleo ha subido un 23%, el oro un 20% y la plata el 50% revelando la huida de las divisas tradicionales en forma mucho más gráfica que la fuerte depreciación del dólar. Pero no hay pánico, quizá porque los más poderosos ya sabían de hace mucho que no había un final feliz.

El Gobierno norteamericano si no logra antes del 2 de agosto, dentro de pocas horas, que el Congreso -con mayoría republicana en la Cámara baja- le autorice a colocar más deuda, se vería en la necesidad de reducir drásticamente sus pagos, lo que implicaría según las estimaciones más optimistas, masivo cierre de oficinas públicas. Se producirá de hecho la paralización del gasto social que no quiere aceptar vía el ajuste presupuestario que le reclaman los republicanos con postergaciones en el pago de pensiones y asistencia médica a los sectores más vulnerables y posiblemente también obligaría a afectar el pago de los servicios de la deuda pública. O sea, se está frente a un gigantesco problema social, que afectará a las empresas proveedoras del Estado, pero sobre todo perturbará gravemente los mercados financieros y de allí a toda la actividad productiva. El instrumento financiero central para la canalización de ahorro en todo el mundo, el bono del Tesoro norteamericano, pasaría a ofrecer riesgos que no se condicen para nada con su ínfima tasa de rendimiento que para el Bono a 10 años ronda el 3% anual. El hecho que hace posible la subsistencia de estas minúsculas ganancias para el inversor -además de la fuerte manipulación practicada por la Reserva Federal- es que se trata de una inversión considerada de riesgo 0. Un cambio en ese status generaría huidas de capitales que perturbarían profundamente las tasas de interés, la solvencia bancaria y la marcha de la economía mundial.

Por otra parte, las soluciones finalmente acordadas para la crisis financieras griega implican -así lo señalan las calificadoras- un default selectivo que no podrá dejar de incidir en el valor y la suerte de la deuda pública de toda Europa y además provocar una conmoción en el sistema bancario. No sólo porque Portugal e Irlanda también necesitan que se amplíen los programas de ayuda sino porque los mercados están cerrando el abastecimiento de fondos a España e Italia lo que coloca a estas grandes economías ante la imperiosa necesidad de buscar una ayuda en el corto plazo, que cada día parece menos probable. El nuevo escenario si no se aplican simultáneamente políticas muy amplias de regulación que garanticen el funcionamiento del sistema de pagos pueden tener costos muy elevados en términos de actividad económica.

Las Calificadoras de Riesgo acusadas en la crisis de 2007/ 2008 de haber mantenido notas altas a países, bancos y empresas en virtual bancarrota, ahora están actuando, aunque quizá sea detrás de los acontecimiento, agravando los problemas. Pero lo cierto es que se amenaza con bajar la calificación triple A de EE.UU. aun cuando se concrete a último momento un acuerdo parlamentario que le permita al Gobierno federal salir a buscar fondos para financiarse. Porque ha quedado en evidencia que la deuda norteamericana es demasiado grande y que ya su dirigencia política considera que si no se acelera la marcha se va a una crisis inmanejable. Por eso no asusta ahora que en función de poner el gasto en la dirección elegida, se produzca una cesación de pagos temporal del Gobierno norteamericano.

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