12 de diciembre 2011 - 00:00

Lo peor de la semana en un marco histórico

Lo peor de la semana  en un marco histórico
El viernes el Dow avanzó el 1,55% a 12.184,46 puntos, con lo cual recuperó parte del 1,66% cedido el jueves, lo que, suponiendo que la crisis europea fue gravitante para lo bursátil, sugiere que (mientras las voces de los políticos y de quienes pretenden medrar con la suba o la baja de los activos apunta en la dirección de sus propios intereses) el mercado tomó de manera cauta a ligeramente escéptica el nuevo acuerdo paneuropeo (en la semana el Dow trepó el 1,37%). A pesar del si no me beneficia, no lo apoyo británico (tal vez la mejor opción para los isleños y continentales), lo acordado fue un éxito político de la pareja Merkel-Sarkozy y en particular para la teutona. Ahora, si lo que se acordó será además un éxito económico es otro cantar cuya respuesta es incierta y sólo conoceremos con el paso del tiempo. No es nuestra intención minimizar lo que podría ser grave o muy grave para la vida de millones de personas, pero es bueno recordar que el peor escenario -la debacle del euro- está lejos de ser un fenómeno excepcional.

En el siglo XX el mundo vio cómo se descalabraba el sistema monetario al menos dos veces, que derivaron en el abandono del milenario patrón oro (o plata) y el surgimiento del dólar como moneda mundial. Pero éstas no fueron las únicas crisis monetarias de la historia. La primera moneda global fue el denario romano, que a partir del siglo II comenzó a ser devastado, disparando un proceso inflacionario que mucho tuvo que ver con la caída de la primera potencia occidental. Desde el 800 la moneda universal del Medioevo fue el bezant de los musulmanes, hasta que los Reyes Católicos introdujeron el real de a 8 que su nieto Carlos V transformó en el thaler, la primera moneda global de la historia, que a su vez fue reemplazada en 1858 por la libra esterlina. Una de las cosas que parece sugerir la historia es que el predominio de las monedas universales ha durado cada vez menos tiempo, o dicho de otro modo, que las crisis monetarias han tendido a darse cada vez más seguido, por lo que no deberíamos asustarnos de lo que está sucediendo.

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