21 de enero 2011 - 00:00

Lo que falta es bastante más que billetes

Fernando Navajas- Economista de FIEL
Fernando Navajas- Economista de FIEL
El 2 de noviembre pasado, en ocasión de la Conferencia Anual de FIEL, me tocó exponer sobre los objetivos y lineamientos de un estudio sobre la eficiencia del Estado que estamos llevando a cabo y que esperamos completar en la segunda mitad de este año. En el mismo aparece, sólo a modo de ejemplo representativo, una aplicación potencial al actual faltante de moneda en la Argentina que por entonces era sólo una pequeña eventualidad poco llamativa. (La exposición puede bajarse de la página de la fundación http://www.fiel.org/publicaciones/SyC).

El proyecto tiene un objetivo bastante audaz que es el de contribuir, con análisis y evidencia cuantitativa, a la discusión sobre la construcción de un Estado moderno y eficiente para la Argentina. La motivación o justificación para un estudio de esta naturaleza no requiere mucho esfuerzo. Desde nuestra perspectiva macroeconómica, resulta imprescindible resaltar que la década posterior a la crisis de 2002 va a dejar un salto del gasto público de 10 puntos adicionales del PBI, llevando la relación gasto primario a PBI al entorno del 40%, lo que es algo muy elevado tanto en términos históricos como de la región. También va a dejar un aumento de un millón de puestos adicionales del empleo público, el que puede estimarse acercándose al 20% de la población económicamente activa. Pero este viaje en el gasto público, más allá del debate sobre su sostenibilidad frente a shocks, se ha hecho con una baja calidad de prestación de bienes y servicios públicos y sociales en sectores críticos. Es decir que el aumento fenomenal del gasto no ha «derramado» en beneficios para la población en su carácter de demandante de bienes y servicios. Esto ha ocurrido además, con un debilitamiento institucional-regulatorio en áreas críticas y con falta de desarrollo de las capacidades gerenciales y profesionales que un Estado moderno requiere.

Replanteo

Sea quién fuere el que tome el control de la nueva administración que se inicie en 2012, se va a requerir replantear la situación del Estado argentino y moverse hacia estándares altos de funcionamiento, desempeño en materia de provisión de bienes y servicios de mayor calidad y de una mayor transparencia y control republicano. En nuestro estudio no queremos aparecer pretendiendo resolver conceptualmente, mucho menos operativamente, el problema en todas sus dimensiones. Más bien hemos decidido focalizar nuestra atención en un subconjunto de actividades en donde pensamos que podemos contribuir con medición y diagnóstico a proveer un estado de situación para los equipos que asuman la tarea de conducir el Estado en diciembre de este año. Para ello vamos a realizar un análisis del desempeño reciente en varías áreas. Pero también de los obstáculos o restricciones vinculados con leyes y regulaciones, con la capacidad gerencial al interior del sector público y con la existencia y permanencia de grupos de interés de ambos lados del mostrador de las actividades del Estado.

Un enfoque amplio y no reduccionista del desafío anterior implica decir algo en cinco dimensiones críticas. En primer lugar, como economistas, nos interesa la eficiencia económica en cuanto a la relación entre productos e insumos de la actividad del sector público, que incluye el manejo de los recursos.

Una segunda dimensión crítica es la efectividad de las actividades, que implica que más allá de los indicadores de eficiencia, las cosas se hagan en tiempo y forma. No sirve que los indicadores insumo-producto den bien si no llegamos a tiempo a prevenir problemas de provisión de servicios de la sociedad, tal como discar 911 y que nos conteste, eficientemente y a bajo costo, una máquina y nos ponga en espera.

La tercera dimensión es dinámica y tiene que ver con la innovación dentro del sector público, sea en el desarrollo de nuevos productos, procesos productivos y la organización de los mismos.

La cuarta dimensión es lo que podemos denominar el «mostrador» (o el front-desk) que se refiere a la atención y servicios a los ciudadanos y las pequeñas empresas en sus cotidianas y sufridas interacciones con el sector público desde la obtención de documentos, la liquidación de impuestos y numerosos trámites.

Elemento crítico

La quinta dimensión es el funcionamiento interno o «atrás del mostrador» (o el back-office) que involucra la organización de diferentes dependencias y un elemento crítico que corta a todas por común que es la adquisición o compra de bienes y servicios por parte del Estado.

Hacer pasar por el filtro de estas cinco dimensiones el problema del faltante de dinero en la Argentina es una tarea que no ha sido realizada, pero que llevaría a mejorar el diagnóstico y solución del problema. Si bien los bienes y servicios que elabora la Casa de Moneda van más allá de la impresión de papel moneda, una medición de la relación entre producción e insumos (capital y empleo) daría cuenta seguramente de un deterioro evidente, vinculado con deficiencias en las inversiones y equipamiento pero también en ineficiencias del tipo «X» (un término acuñado hace varias décadas por el economista Harvey Leibenstein) que originan una productividad deficiente respecto de la tecnología (mala o buena) usada. La dimensión de efectividad se hace notoria también frente a la falta de respuesta a tiempo del sector público para prevenir y resolver el faltante. En materia de eficiencia dinámica o innovación seguramente aparecerán vacíos respecto de la necesidad de moverse a productos con materiales modernos y de tecnología apta para el combate a la falsificación y biocontaminación. La dimensión de mostrador o front-desk también dejaría al descubierto el manejo del racionamiento una vez que se hizo presente el faltante, y la falta de protección de grupos de ciudadanos que no pueden ser expuestos a las ansiedades del racionamiento y a largas colas en cajeros. Finalmente, el análisis del mostrador hacia adentro mostraría desajustes importantes y, posiblemente, grandes sorpresas en cuanto a compras directas y licitaciones.

Un enfoque como el que planteamos desde el estudio, no debería agotarse en la identificación micro o sectorial de algunos problemas del sector público sino que debería vincularse también con otros aspectos críticos como son las opiniones y expectativas de la gente y con el cambio institucional que se requiere. Posibles pasos para el cambio institucional que merecen estudiarse pasan por la reforma del INDEC (para avanzar en la conformación de un centro de medición de la actividad del sector público argentino); un rediseño de la Secretaría de la Gestión Pública (para reforzar diversos programas, entre otros de control de gestión, innovación y atención al ciudadano); reformas en las secretarías de Hacienda y Política Económica (para ampliar el foco de las actuales unidades que pueden vincularse con la evaluación de la eficiencia y costo-efectividad del gasto público); potenciar más aún el rol de la Auditoría General de la Nación (para realizar auditorías de valor del gasto y estudios especiales como los ya realizados sobre la Secretaría de Energía) y finalmente apoyar la iniciativa de la conformación de la Oficina Nacional de Presupuesto ampliando su rol para llevar adelante estudios especiales para evaluar la eficiencia del gasto. Esta gran tarea de tener, de una vez por todas, un Estado moderno y eficiente, cercano a las necesidades de la gente es un anhelo que lamentablemente muchos argentinos han abandonado. Es tiempo de que volvamos a ponerlo al frente de la agenda.

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