16 de junio 2009 - 00:00

“Lo que hoy impone la TV no ha derrotado a la ingenuidad”

Manuel González Gil: después del espectáculo infantil, hará en España «Por el placer de volver a verla» y en Buenos Aires «Los 39 escalones».
Manuel González Gil: después del espectáculo infantil, hará en España «Por el placer de volver a verla» y en Buenos Aires «Los 39 escalones».
 «Lo único que nos separa a los argentinos de los españoles es el idioma» repite Manuel González Gil la muy conocida frase de Borges, quien a su vez la había adoptado de Oscar Wilde, que la aplicaba a ingleses y norteamericanos (y vaya a saberse si ya Homero no la decía cuando hablaba de atenienses y espartanos). González Gil viajará a España el próximo 15 de agosto para dirigir a Miguel Angel Solá y Blanca Oteyza en «Por el placer de volver a verla» del autor canadiense Michael Tremblay (la misma pieza que protagonizan Virginia Lago y Manuel Callau en el Multiteatro, pero ahora traducida a la jerga madrileña).

Cuando regrese a Buenos Aires, hacia fin de año, el dramaturgo y director comenzará a ensayar, con Fabián Gianola y tres actores a confirmar, la intriga policíaca «Los 39 escalones», basada en el conocido film de Alfred Hitchcock y de gran éxito en Broadway y el West End londinense. Entre tanta convocatoria, González Gil destaca su regreso al teatro infantil («Desde 1995 que no escribía una obra para chicos. La última fue 'Un mundo de Cyranos' con Hugo Arana», recuerda). Su espectáculo «Primer acto (... de un cuento de amor)», con música de Martín Bianchedi y un elenco encabezado por Matías Alé, está en plena gira por distintas localidades de la provincia de Buenos Aires (Monte Grande, Valentín Alsina, Baradero, Rojas, Salto, Chivilcoy, Merlo). Dialogamos con él:

Periodista: Usted siempre trabajó con intérpretes de primera línea. ¿No le dio cierto reparo, para decirlo de algún modo, dirigir a una figura mediática sin formación actoral?

Manuel González Gil: Cada vez que me llaman por teléfono para pedirme que escriba y dirija algo -en este caso fue el productor Javier Faroni- lo agradezco eternamente porque es lo que yo sé hacer y la verdad es que no me llaman mil veces al año para ofrecerme trabajo.

P.: Alé es bonito y simpático, sí, pero como actor...

M.G.G.: Se está formando. Hay personas que eligen su vocación y otras que la van descubriendo a golpes. Yo no sé si él habrá querido ser actor en su infancia o si de golpe se encontró en un mundo que ni pensaba; pero desde que eligió esto empezó a estudiar baile, tomó clases con Julio Chávez. Además, tuvo buena llegada con los chicos en «Patito feo» y contando chistes en «Videomatch». Yo no lo conocía personalmente y me encontré con un ser encantador que se puso a disposición absoluta. Yo ya tenía escrita la obra. Hice una nueva versión para él.

P.: ¿Por qué la adaptó?

M.G.G.: Porque quería que Matías Alé funcionara como narrador y que le contara a los chicos no sólo sus característicos chistes que empiezan con la frase «Primer Acto...», sino que también compartiera con ellos los recuerdos, bromas y torpezas de su primer romance de infancia. Recuerda la vergüenza que le daba confesar sus sentimientos a una vecinita del barrio y todos los enredos y malentendidos que le impedían concretar su deseo de declararse.

P.: Los programas de televisión se han encargado de erotizar estos amores de infancia hasta la exageración. ¿No es un poco ingenuo su planteo?

M.G.G.: Por eso fue muy importante ubicar la acción en el pasado. Como dice el protagonista: «imaginate que en las esquinas había unas estatuas que se llamaban buzones». Lo lindo es hacer una revisión de lo que pasaba en aquella infancia de hace 30 años, antes de Internet. Si no la hubiese llevado al pasado, seguramente habría quedado como un ingenuo; pero eso que muestra la televisión tampoco responde a la realidad actual. Los chicos de hoy se siguen intercambiando cartitas y se ruborizan cuando les gusta una chica. Yo veo, durante la función, lo que pasa en la platea. Hay muchas risas y gestos nerviosos que indican una total identificación con lo que sucede en escena. La obra produce una gran catarsis en los chicos.

P.: ¿Qué nos puede anticipar de «Los 39 escalones»?

M.G.G.: Se va a estrenar en el verano, en Buenos Aires. Son cuatro actores muy payasescos que cuentan la película como si fuera un juego. Ellos representan los casi 150 personajes o cosas que intervienen en la obra. Hay humor y desparpajo y al mismo tiempo se lleva adelante un policial de suspenso. Uno se ríe de las resoluciones escénicas porque el elenco echa mano a recursos supuestamente «berretas».

P.: Lo mismo que sucedía en «Shakespeare comprimido» otro gran éxito del teatro londinense.

M.G.G.: Sí, tiene recursos similares, pero aquí hay una muy buena intriga como en la película. Gianola es un lanzado, ahora tenemos que encontrar otros dos actores y una actriz que tengan su misma libertad de juego.

P.: ¿Todo lo que estrena en España tiene que ser retraducido?

M.G.G.: Sí, inclusive cuando llevo obras mías me ocupo de traducirlas al español. ¡Hasta el manejo de los tiempos verbales es diferente! Lo último que dirigí en Madrid fue la adaptación de «Porteñas» que allá se llamó «Gatas». Y fíjese usted la diferencia: a los madrileños les dicen «gatos» porque antiguamente peleaban en los tejados; pero si en la Argentina hablamos de «gatas» o «gatos», suena distinto, por supuesto.

Entrevista de Patricia Espinosa

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