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“Lo que hoy impone la TV no ha derrotado a la ingenuidad”
Manuel González Gil: después del espectáculo infantil, hará en España «Por el placer de volver a verla» y en Buenos Aires «Los 39 escalones».
P.: ¿Por qué la adaptó?
M.G.G.: Porque quería que Matías Alé funcionara como narrador y que le contara a los chicos no sólo sus característicos chistes que empiezan con la frase «Primer Acto...», sino que también compartiera con ellos los recuerdos, bromas y torpezas de su primer romance de infancia. Recuerda la vergüenza que le daba confesar sus sentimientos a una vecinita del barrio y todos los enredos y malentendidos que le impedían concretar su deseo de declararse.
P.: Los programas de televisión se han encargado de erotizar estos amores de infancia hasta la exageración. ¿No es un poco ingenuo su planteo?
M.G.G.: Por eso fue muy importante ubicar la acción en el pasado. Como dice el protagonista: «imaginate que en las esquinas había unas estatuas que se llamaban buzones». Lo lindo es hacer una revisión de lo que pasaba en aquella infancia de hace 30 años, antes de Internet. Si no la hubiese llevado al pasado, seguramente habría quedado como un ingenuo; pero eso que muestra la televisión tampoco responde a la realidad actual. Los chicos de hoy se siguen intercambiando cartitas y se ruborizan cuando les gusta una chica. Yo veo, durante la función, lo que pasa en la platea. Hay muchas risas y gestos nerviosos que indican una total identificación con lo que sucede en escena. La obra produce una gran catarsis en los chicos.
P.: ¿Qué nos puede anticipar de «Los 39 escalones»?
M.G.G.: Se va a estrenar en el verano, en Buenos Aires. Son cuatro actores muy payasescos que cuentan la película como si fuera un juego. Ellos representan los casi 150 personajes o cosas que intervienen en la obra. Hay humor y desparpajo y al mismo tiempo se lleva adelante un policial de suspenso. Uno se ríe de las resoluciones escénicas porque el elenco echa mano a recursos supuestamente «berretas».
P.: Lo mismo que sucedía en «Shakespeare comprimido» otro gran éxito del teatro londinense.
M.G.G.: Sí, tiene recursos similares, pero aquí hay una muy buena intriga como en la película. Gianola es un lanzado, ahora tenemos que encontrar otros dos actores y una actriz que tengan su misma libertad de juego.
P.: ¿Todo lo que estrena en España tiene que ser retraducido?
M.G.G.: Sí, inclusive cuando llevo obras mías me ocupo de traducirlas al español. ¡Hasta el manejo de los tiempos verbales es diferente! Lo último que dirigí en Madrid fue la adaptación de «Porteñas» que allá se llamó «Gatas». Y fíjese usted la diferencia: a los madrileños les dicen «gatos» porque antiguamente peleaban en los tejados; pero si en la Argentina hablamos de «gatas» o «gatos», suena distinto, por supuesto.
Entrevista de Patricia Espinosa

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