21 de enero 2011 - 00:00

Lo que se dice en las mesas

«El Talibán» 1; el JP Morgan 0. Ayer, después del mediodía, se conoció el informe del banco de inversión norteamericano que recomienda la venta del papel estrella del mercado, el cupón del PBI (ver pág. 4). El miércoles, el influyente operador y también economista había aconsejado desde esta columna deshacerse de los cupones ante el escaso margen que se les asigna de ganancia este año. Pero más allá de esta batalla entre David y Goliat, hay otros temas relevantes en las mesas. El más importante: el creciente temor a la inflación en el mundo que obliga a desandar posiciones en los títulos de deuda. Lógico: se avecina nuevamente el fantasma de la suba de las tasas. Es el tema de los próximos meses. Es decir que este año ganar dinero en el mercado no va a ser tan fácil. No va a subir todo. Las grandes diferencias este año están en Europa.

También operadores locales comentaban ayer con una sonrisa casi burlona la decisión de Morgan Stanley de comenzar a cubrir la evolución de los bancos argentinos. La recomendación fue de «compra». «Llegaron un poquito tarde -razonaba un importante operador bursátil-. Acá hubo fondos de inversión muy activos, como Templeton, que vienen apostando fuerte por el sector desde septiembre de 2010 y se llevaron una ganancia espectacular». Mark Mobius, el referente de esta compañía para mercados emergentes, estuvo tres veces en Buenos Aires entre septiembre y noviembre del año pasado y decidió apostar fuerte en el mercado de acciones local, con un espectacular resultado. Y si bien hay optimismo para los próximos meses, nadie apuesta a que el sector bancario pueda repetir el comportamiento del año pasado, cuando se registraron subas superiores al 180%. La estrella del año viene siendo Molinos, que desde que se anunció su ingreso al Merval viene ganando el 75%.

Tras reunirse con Amado Boudou, con funcionarios del Banco Central y economistas locales, un importante inversor inglés (maneja u$s 7.000 millones en activos) se fue conforme de la Argentina: «Me gusta para 2011, sobre todo los bonos en moneda local». La lectura es la que hace la mayoría: la economía tiene otro año por delante de dólar casi quieto, con inflación alta. Es una invitación para entrar en bonos en pesos, ya que la ganancia en dólares es significativa. Por eso, el Banco Central quiere llevar adelante una política de disminución de la tasa de interés, para desalentar la bicicleta financiera cada vez más extendida, que consiste en posicionarse en pesos, pero con la facilidad de contar con un seguro cambiario (por lo menos hasta las elecciones).

Por esta misma razón -el cálculo de ganancia en dólares- los depósitos en pesos siguen aumentando fuerte aún cuando la tasa de interés (10% para minoristas) no llega ni a la mitad de la inflación real. Surgen, además, nuevos productos. A los plazos fijos que ajustan su capital según la evolución del oro se sumará próximamente otro ofrecido por el Banco Supervielle. Se trata de un depósito a seis meses con capital garantizado, pero que también ajustará según la evolución de la soja.

El mismo inversor inglés había pasado por Venezuela antes de pisar Buenos Aires y aportó información valiosa, luego de entrevistarse con el ministro de Finanzas y el presidente del Banco Central de ese país. «No les interesa en absoluto comunicarse con el mercado. Pero Venezuela tiene incluso más capacidad de pago que la Argentina y también voluntad para cumplir con la deuda». Conclusión: hay que aprovechar las oportunidades de la deuda de ese país. ¿Qué dice «el Oso», otro reconocido operador? «Si algo he aprendido en 20 años en este negocio es a tener paciencia y saber esperar», advierte. En el caso de los bonos de los bancos de Irlanda, sostiene que puede ser interesante comprar ahora. «Compraría los bonos de AIB 2017, que valen 31 dólares aproximadamente», sostiene. Tienen 295 días de intereses corridos, por lo tanto da un valor total de casi u$s 37. El Gobierno reconoce 30 más intereses. La apuesta es no aceptar la oferta y quedarse con el bono esperando la recapitalización del banco y asumiendo el riesgo de que después te transformen en acciones los bonos, pero con un banco sin deuda. En el caso del BKI (Bank of Ireland), que estaba mejor que el AIB, la aceptación fue del 50% e hizo negocio el que se quedó con los bonos.

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