12 de febrero 2014 - 00:00

Lobo Antunes: “Cada vez hay menos buenos escritores”

Lobo Antunes: “Estamos muy lejos del siglo XIX, cuando teníamos diez genios en Rusia, no sé cuantos en Francia, en Inglaterra, en todas partes. Si hoy encuentras cuatro o cinco buenos escritores ya es bastante”.
Lobo Antunes: “Estamos muy lejos del siglo XIX, cuando teníamos diez genios en Rusia, no sé cuantos en Francia, en Inglaterra, en todas partes. Si hoy encuentras cuatro o cinco buenos escritores ya es bastante”.
Lisboa - Antonio Lobo Antunes amontona escritos a mano, borradores de su próxima novela, porque no trabaja con compuradora y su obra literaria está por encima de todo: "Si me dijesen que me daban cien años más de vida por mis libros, no aceptaría", asegura. Tampoco tiene teléfono celular ni acostumbra a salir mucho de casa. Aprecia los olores del hogar, por eso adora escribir en la cocina, reminiscencia de su feliz infancia, perído que evoca en su obra "Sobolos Ríos que Vao" (Sobre los ríos que van), recientemente publicada en España por la editorial Penguin Random House.

"No es un libro autobiográfico", insiste el autor, que lo escribió una vez superado un cáncer en 2007 y en el que un narrador evoca a sus padres, abuelos, amores y desamores en un estado de aturdimiento provocado por la anestesia y los medicamentos. El escritor luso más internacional desde la desaparición del Premio Nobel José Saramago es un lector empedernido, nostálgico de la literatura romántica, decimonónica, del período de entreguerras e hispanófilo. Admira desde Garcilaso de La Vega a Federico García Lorca, desde Quevedo a Juan Marsé. Y también a Rosalía de Castro y a Luis Cernuda.

Lobo Antunes (Lisboa, 1942) lee compulsivamente las obras que adora, hasta 30 veces, muchas de ellas escritas hace más de un siglo, como "La Muerte de Ivan Ilitch" (1886), del ruso Leo Tolstoi.

"Cada vez hay menos escritores. Es un problema para las editoriales tener buenos escritores. Estamos muy lejos del siglo XIX, cuando teníamos diez genios en Rusia, no sé cuantos en Francia, en Inglaterra, en todas parte. Si hoy encuentras cuatro o cinco buenos ya es bastante", opina.

De hecho, el estilo fragmentario de Lobo Antunes, caracterizado por la multiplicidad de personajes y la introspección contundente y densa de sus textos están lejos de la fórmula efímera de los best sellers que dominan las estanterías de la mayoría de librerías. El escritor, que antes fue psiquiatra en un céntrico hospital lisboeta, ve en el paso del tiempo el termómetro para saber si una obra es "buena o no".

Recién distinguido en Italia con el premio literario internacional Nonino 2014, dice que los premios carecen de significado especial para él porque no mejoran la obra. Entre otros, acumula el Camoes de 2007, el más importante de la lengua portuguesa, y el Premio Literatura en Lenguas Romances de la XXII Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), en México, en 2008.

Pero él sigue atormentado por el proceso creativo."¿Y si se me secan las ideas?. ¿Qué hago yo si lo único que hago es escribir?". Esta angustia lo acompaña desde que en los años 80 pudo colgar la bata blanca de médico para vivir de la escritura.

"Cuando entrego un libro, me quedo dos, tres, cuatro o cinco meses esperando. Estoy vacío, tengo miedo, tengo mucho miedo", expresa.

Lobo Antunes se obliga a escribir. Decide ponerse frente al papel en blanco. "El problema es quedarse delante de la página, una o dos horas, sin que nada venga hasta que viene una voz, que empieza a hablar". Entonces brota la escritura gracias a esa "voz" que no sabe cómo viene exactamente. Sabe, eso sí, que tiene que "cerrar" una parte de su cabeza y abrir otra que suele estar "cerrada" y de la que, como en una especie de caja de Pandora benévola, "proceden los libros", explica Lobo Antunes, quien no crea ni tramas ni personajes, apenas "voces".

La labor de la edición de sus propias obras lo agota y aburre, ya que, argumenta, se siente "un profesor de portugués" que corrige "cosas mal hechas". "Todo te parece que está mal. No es esto, no era esto. Cambias y cambias", prosigue.

Para él, es el propio libro el que le dicta cuándo parar de corregir. "Es como una mujer que ya no te quiere, intentas tocarla y nada", reflexiona con una sonrisa entre nostálgica y tímida.

Agencia EFE

Dejá tu comentario