Arrancó la temporada de balances y tal vez el escenario cambie durante algunos días. Primero, como es habitual, entre los grandes nombres le toca a Alcoa, que mañana daría a conocer sus últimos resultados. La perspectiva en realidad no es de las más optimistas, ya que los analistas estiman que en promedio las ganancias del segundo trimestre (para el total del S&P500) se redujeron el 34% y las del tercero lo harán un 22% antes de rebotar hacia arriba en el último del año. Pero aun así puede servir para romper la falta de optimismo que dispararon en las últimas tres semanas los datos de la economía que hablan de que la recuperación económica podría evidenciarse recién a principios del año próximo.
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Para quienes tienen una visión algo más integral del mercado, el Departamento de Comercio dará a conocer los últimos datos sobre inventarios, una información que tradicionalmente no ha sido muy relevante para los inversores pero que hoy puede dar una pista de la "sinceridad" de los brotes de la recuperación económica. Más allá de estos datos, que bien podrían ser positivos, la rueda del lunes no deja demasiado lugar para el optimismo. Es que en lugar de aprovechar el descanso del fin de semana para recuperar fuerzas, queda la impresión de que la realidad inmediata cobró más peso.
Sin muchas novedades, tal vez la mejor noticia fue al mismo tiempo la peor para los inversores: el G-8 no discutiría una sustitución del dólar como moneda global. Con esto ocurrió lo que era previsible: el dólar avanzó frente a las principales monedas, los commodities se desplomaron y los inversores se volcaron hacia los treasuries mas cortos. Sólo un vuelco en la última media hora hacia las acciones "defensivas" permitió al Dow avanzar un 0,53%, cerrando en 8.324,87 puntos.
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