4 de mayo 2016 - 00:00

Los caminos del lobby y del “dinero oscuro”

Washington - No es ningún secreto que las elecciones presidenciales de EE.UU. son las más caras del mundo. Lo que sí está escondido entre sombras es la gran cantidad de "dinero oscuro" que empresas, sindicatos y millonarios invierten en el candidato que mejor pueda proteger sus intereses.

La organización independiente Center for Responsive Politics calcula que en la campaña para las elecciones presidenciales de 2016 se multiplicó hasta por diez el uso del llamado "dinero oscuro" (el que se oculta a las autoridades electorales) en comparación con la carrera a la Casa Blanca de 2012.

Esta organización estima que los grupos que tratan de influir en los comicios de 2016 gastaron hasta ahora 15 millones de dólares, de los que sólo han declarado cinco a las autoridades electorales, una cifra que por sí sola es diez veces mayor que lo desembolsado durante los meses anteriores a las elecciones de 2012. En esos comicios de 2012, el "dinero oscuro" llegó en total a 308,7 millones de dólares, según el Center for Responsive Politics.

Esa organización usa el término de "dinero oscuro" para identificar el gastado en influir en la opinión pública y cuya fuente no es declarada a la Comisión Federal Electoral (FEC), una agencia independiente fundada en 1975 por el Congreso para controlar la financiación de las campañas políticas. Las encargadas de hacer fluir ese tipo de aportes son organizaciones sin fines de lucro que no tienen que declarar cuál es la fuente de sus ingresos y, sin apoyar específicamente a un candidato, defienden sus ideas, explicó Anthony Corrado, profesor de Política en el Colby College de Maine.

En teoría, los grupos sin fines de lucro -conocidos como "501 (c)"- no pueden promover objetivos políticos, pero en la sombra a veces se coordinan con los "super-PAC" que pueden influir en las elecciones a condición de no coordinarse con el candidato.

Los "super-PAC" son entidades surgidas tras dos polémicas decisiones judiciales de 2010, una de la Corte Suprema y otra de una corte de apelaciones, con las que se aprobó la creación de organizaciones que puedan captar de personas, empresas y sindicatos cantidades ilimitadas de dinero para apoyar ideas políticas.

Donar cantidades ilimitadas de dinero es legal, está protegido por la libertad de expresión, pero a cambio los "super-PAC" deben comunicar a la FEC quiénes son sus donantes, un requisito del que están exentos los grupos sin fines de lucro.

De esta forma, los "super-PAC" pueden esquivar a las autoridades y aumentar su dinero incluyendo las donaciones de esos grupos, lo que pone una barrera a cualquier investigación sobre la procedencia del dinero y mantiene en el anonimato a los donantes.

Ejemplo de esta forma de proceder es el grupo sin fines de lucro "Conservative Solutions Project", que gastó más de 5,5 millones de dólares en anuncios de televisión para apoyar las posiciones del senador Marco Rubio, aspirante a la nominación republicana que abandonó el proceso de primarias en abril.

El nombre de este grupo es similar a un "super-PAC" llamado "Conservative Solutions PAC" y con el que grupos independientes gastaron 58,6 millones de dólares en apoyar a Rubio, según datos del Center for Responsive Politics.

Pero esos vínculos no son el único aspecto controvertido de las campañas de EE.UU. En teoría, los propios "super-PAC" son independientes de las campañas de cada candidato, pero algunos de ellos son únicamente apéndices suyos, están dirigidos por personas ligadas a los candidatos y, en la práctica, se convierten en una campaña en la sombra y paralela a la oficial.

Corrado resalta la creciente importancia de esta forma de financiación en estas elecciones presidenciales, comparadas con los comicios de 2012. "Esta vez los 'super-PAC' se han formado desde el principio y han sido responsables de la mayor parte de la propaganda presidencial republicana", destaca Corrado.

No obstante, dos figuras se destacan por haber casi prescindido de los "super-PAC": el magnate Donald Trump, que usó su fortuna para competir por la nominación republicana, y el senador Bernie Sanders, aspirante demócrata que aboga por reformar el sistema de financiación de las campañas políticas en el país.

Según un análisis de The Washington Post, hasta febrero de 2016 el 41% del dinero recaudado por los "super-PAC" correspondía a 50 grandes donantes y sus parientes, entre los que destacan los directores de fondos de alto riesgo (hedge funds) Tom Steyer, un defensor del medioambiente, y Paul Singer, que apoyó a Rubio.

"El problema es que se permite a un solo individuo dar grandes cantidades de dinero a un candidato, lo que da influencia y acceso", alerta Corrado.

De esta forma, según el experto, influidos por la vorágine de gastos de las campañas electorales, los candidatos a la Presidencia y también los legisladores corren el peligro de guiar sus palabras o sus votos en el Congreso por los intereses de una elite poderosa que poco tiene que ver con la democracia.

Agencia EFE

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