23 de noviembre 2009 - 00:00

“Los clubes de jazz hicieron grande la música”

Larry Coryell, fundador del jazz-rock, fue un innovador del género y hoy ya es un clásico. Estará una vez en Buenos Aires.
Larry Coryell, fundador del jazz-rock, fue un innovador del género y hoy ya es un clásico. Estará una vez en Buenos Aires.
Figura destacada de la música popular de las últimas décadas e instrumentista virtuoso, el guitarrista Larry Coryell llegará una vez más a la Argentina. Nombre fundamental para los comienzos del jazz-rock, dialogó con este diario poco antes de su viaje a Buenos Aires, donde hará un único concierto en el Auditorio de Belgrano -junto a Alphonse Mouzon en batería y Victor Bailey en bajo- el próximo viernes.

Periodista: Mucha gente lo considera el padre del jazz-rock. ¿Se siente cómodo con esa calificación?

Larry Coryell: Si lo dicen pensando que soy uno de los padres de la nueva música que emergió a mediados de los 60, es correcto. Yo, concientemente, hice un esfuerzo por combinar estilos como, por ejemplo, improvisar en jazz sobre una melodía de Los Beatles. En realidad, era lo que surgía naturalmente en esa época. Por muchos años de mi carrera he estado asociado a ese movimiento; a veces como un elogio y a veces como un cuestionamiento. Hice distintos intentos de búsqueda, especialmente en los 60; algunos fueron exitosos y otros no tanto. De todos modos, pareciera que muchas de las grabaciones y las actuaciones que a mi no terminaron de convencerme sí fueron bien aceptadas por mis oyentes.

P: ¿Y qué ocurre cuando lee que usted es uno de los mejores guitarristas de los últimos tiempos?

L.C.:
Que no me reconozco con ese calificativo. Lo que trato es de ser el mejor músico posible, y mi instrumento es la guitarra. Desde ya, estoy agradecido por todos los reconocimientos; sobre todo cuando viene de la mano de eximios colegas.

P.: Justamente, respecto de colegas. ¿A cuáles reconoce como sus influencias?

L.C.: John MacLaughlin
y Paco De Lucia a la cabeza. John con su abierto y original acercamiento a la música. Paco como un maestro del flamenco. Claro que también podría decir que tengo influencias de Miles Davis, John Coltrane, Dizzy Gillespie y Jimmy Smith, así como de grandes guitarristas del jazz tradicional como Jim Hall, Wes Montgomery y Tal Farlow. Otro músico que tiene mucho que ver en mi vida es Sonny Rollins, como quien he tocado un tiempo breve; siempre me impresionó con la fuerza de su arte, y lo considero un maestro. En esa lista de ilustres influencias, están también John Scofield, Michael y Randy Brecker, Herbie Hancock, Stephane Grappelli, Max Roach, Mingus. Cuando usted está en el escenario con genios como estos, no hay manera de no recibir algo de ese talento.

P.: ¿Le parece que se puede seguir hablando de conceptos como «jazz-rock» o «jazz-fusión» en nuestro tiempo?

L.C.:
Podemos hablar de «jazz-fusión», tal como hacen muchos periodistas, para definir los estilos de algunos músicos. Personalmente, siendo un músico con «background» jazzero, prefiero considerarme simplemente un artista. La música habla por sí sola; y en todo caso son quienes la escuchan que deciden cómo llamarla.

P.: A lo largo de su vida ha tocado tanto en lugares pequeños como en grandes salas. ¿Ambos formatos le resultan igualmente agradables?

L.C.:
Yo disfruto muy especialmente tocar en una buena sala de teatro. Eso tiene un sentimiento y una excitación especiales. Los clubes son buenos pero en un sentido distinto. Siempre creí que los clubes de jazz eran el corazón del desarrollo de la música, porque funcionan como una suerte de laboratorio para su evolución.

P.: Nacido en Galveston, Texas, ha vivido en muchas ciudades distintas como Washington, Nueva York, Seattle, ahora en Orlando. ¿Qué lo ha llevado a moverse tanto?

L.C.:
He tenido la suerte de vivir en lugares diferentes y cada uno de ellos ha tenido su cualidad. Nueva York es el lugar ideal para que se desarrollen los músicos, con su entorno de alto nivel; y siempre es bueno pasar un tiempo allí para escuchar, para aprender, para construir una base. Si usted quiere, en otro extremo del mundo, Buenos Aires -donde jamás he vivido, aunque me gustaría- es una ciudad bellísima, con sus grandes avenidas, su gente bulliciosa, su alegría, su energía, su elegancia, su comida excelente. Es además el lugar en el que el tango está vivo y el sentimiento artístico de la ciudad es muy intenso. Mi esposa Tracey y yo vivimos ahora en Orlando y allí disfrutamos del clima cálido y de un estilo de vida más relajado. Créame que me llevó un tiempo acomodarme a la paz y la «lentitud» de Orlando, pero hemos terminado aprendiéndolo y ahora lo disfrutamos mucho.

P.: Hace unos años escribió «Improvising: My Life in Music», su autobiografía. ¿Qué lo llevó a hacerlo?

L.C.: En 2004, pensé que ya era el momento, porque podía recordar muy bien las cosas importantes que habían sucedido en mi vida. Naturalmente, ahí están mis mejores momentos musicales con grandes bandas, como las de Miles, Jimi Hendrix o Bill Evans. Quise documentar todo eso para futuros músicos y aficionados, para que pudieran seguir el curso del desarrollo de la música. Planeo escribir algunas memorias en el futuro; son cosas que no incluí en esa autobiografía que tengo ganas de decir.

P: ¿Cómo recuerda sus anteriores visitas a nuestro país?

L.C.: Estuve en la Argentina a fines de la década del 70 y me tocó compartir el escenario con Rodolfo Mederos; recuerdo que su grupo era fantástico. Después, volví hace unos 20 años y toqué en un club de jazz, con el bajista Javier Malosetti, a quien también recuerdo como un gran músico. No se imagina la alegría que me da volver a Buenos Aires; y quiero muy especialmente que mi esposa conozca esta ciudad excepcional. Estoy seguro de que Tracey se enamorará de Buenos Aires para siempre, como me sucedió a mí.

P.: ¿Ha podido conocer algo de la música de nuestro país?

L.C.: Conozco a algunos músicos de la Argentina, como el guitarrista y compositor Mario Andreola, que es excelente. Coincidí con el Gato Barbieri en Nueva York en 1966 y nos hemos hecho amigos para toda la vida. Siempre me hace feliz disfrutar de su originalidad; Tracey y yo tuvimos la suerte de escucharlo hace tres años en Nueva York y sigue sonando fantásticamente. También tuve la fortuna de haber conocido al gran Astor Piazzolla y me hubiera encantado tocar con él; ustedes deberían considerarlo como un tesoro nacional.

P: ¿En qué cosas está trabajando por estos tiempos?

L.C.: Acabamos de terminar con mi esposa un musical acerca de la «witchcraft» (brujería). Por otro lado, compuse recientemente cuatro piezas para guitarra y cuarteto de cuerdas que espero grabar antes de fin de año.

P: ¿Cómo será este concierto del Auditorio de Belgrano?

L.C.: Tocaremos música de los CDs «Electric» y «Traffic», además de algunas de «Eleventh House Band», el disco que hice con Alphonse Mouzon. Él es un gran baterista que toca con mucha intensidad, que además encaja perfectamente con la excelencia instrumental de Victor Bailey. Ambos son también, como usted sabe, grandes compositores; de modo que también habrá composiciones de ellos.

Entrevista de Ricardo Salton

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