13 de octubre 2010 - 00:00

Los mercados ahora piensan en el “QE2”

Barack Obama
Barack Obama
Las minutas de la última reunión de la Fed sólo confirmaron lo que el mercado daba por descontado: es inevitable una nueva ronda de gran inyección de dólares en los Estados Unidos para que la economía se sostenga. En otras palabras, se busca (casi con desesperación) evitar una doble caída en recesión y al mismo tiempo impedir que la desocupación supere el 10%, lo cual resultaría desastroso para la administración de Barack Obama.

A esta gran emisión monetaria que se avecina, en Wall Street se la conoce como «QE2», es decir la segunda ronda del «Quantitative Easing» o «relajamiento monetario».

Es el punto central en el que cae cualquier análisis de los grandes bancos de inversión para determinar qué puede suceder con el mercado accionario o cuál será la dirección del dólar.

No está claro cuál será el nivel necesario de esta emisión de dólares que se llevará adelante a través de la recompra de títulos del Tesoro. Pero se estima que no bajaría de los 850.000 millones de dólares y podría llegar hasta 1,5 billón.

Esta perspectiva no hace más que debilitar al dólar y bajar todavía más las tasas de interés en los Estados Unidos.


Esta tendencia a la reducción de rendimientos en los mercados desarrollados se contrapone con lo que estuvo sucediendo en los últimos meses en el mundo de los emergentes. Muchos países se vieron obligados a subir las tasas para contrarrestar presiones inflacionarias: empezaron Australia e Israel, pero luego siguieron otros como Brasil y Taiwán. Todos terminarán con cifras de crecimiento superiores al 6% este año.

Un panorama de dólar débil y tasas bajas por un período extenso generó lo inevitable: los inversores se volcaron masivamente a comprar acciones y bonos emergentes, que presentan mejores perspectivas de rendimiento.

El dato del Institute of International Finance, que agrupa a los 350 bancos más grandes del mundo, confirmó esta tendencia: en 2010 ingresaron u$s 825.000 millones netos a los emergentes. Y la cifra se repetirá en 2011. El peligro de una burbuja de precios aún no es evidente, ya que los índices accionarios en su gran mayoría no llegaron a los máximos que habían tocado en 2007, antes de que estallara la crisis hipotecaria en los Estados Unidos.

¿Hasta dónde puede seguir cayendo el dólar? Nadie lo sabe, claro. Pero la debilidad actual ya está incorporando como un hecho un próximo «QE2» por parte del organismo que preside Ben Bernanke.

La mayor parte de los reportes de Wall Street no presagian caídas abruptas adicionales para el dólar. Sí, en cambio, hay optimismo en relación con la evolución del oro (Goldman Sachs habló de 1.650 dólares la onza para dentro de un año) y de otros commodites. Las materias primas volvieron a la dinámica conocida de subir aceleradamente para compensar la caída de la moneda norteamericana. Desde esta perspectiva, podría ser el peor momento para comprar bonos de países desarrollados, ya que las tasas están en niveles mínimos. Cualquier repunte provocaría una pérdida en el precio de los títulos.

¿Y la Argentina? También se aprovecha del ingreso de capitales del mundo, pero tiene su propia dinámica. Los títulos públicos aún rinden casi el triple que bonos similares de otros países de América Latina, lo que explica la avidez de los inversores por incrementar posiciones en las últimas semanas.