13 de enero 2009 - 00:00

Los Moyano sin descanso: bloquearon otra empresa

Pablo Moyano, heredero del imperio de su padre. Los camioneros quebraron la paz estival con un piquete en La Paternal como parte de su tradicional estrategia antiempresa.
Pablo Moyano, heredero del imperio de su padre. Los camioneros quebraron la paz estival con un piquete en La Paternal como parte de su tradicional estrategia antiempresa.
Pablo Moyano, el «delfín» del imperio gremial creado por su padre Hugo, volvió ayer a convertirse en el ariete de la estrategia antiempresaria del secretario general de la CGT. Fue cuando activistas del Sindicato de Camioneros bloquearon la planta de distribución que tiene la cervecera Isenbeck en el barrio porteño de La Paternal, con la excusa de lograr la reafiliación de una treintena de empleados que hoy están encuadrados en el SOEVA (sindicato de vitivinícolas).

La acción del mayor de los hijos «militantes» de Moyano (el menor, Facundo, inventó un gremio para apretar a las empresas concesionarias de los accesos a la Capital) se encuadra en una acción de Camioneros que viene desarrollándose desde hace varios años: aducir que todo trabajador que cargue o descargue mercadería de un camión, o que maneje algún vehículo destinado a mover mercadería (aún dentro de los confines de la misma empresa) debe ser afiliado a Camioneros.

Sin embargo, esta extemporánea acción contra la alemana Isenbeck no se comprendería per se si no se enmarcara en una estrategia más amplia que habría concertado el Moyano grande con el Gobierno: impedir que las empresas puedan disponer movimientos de personal que las pongan a resguardo de los efectos de la ya innegable crisis.

No deja de llamar la atención que la filial de la alemana Warsteiner tenga a sus empleados encuadrados en el SOEVA y no en el mítico sindicato de Cerveceros, que supiera encabezar Saúl Ubaldini. La explicación: la empresa involucrada por los Moyano en el conflicto, BCA (Bebidas de Calidad Argentinas), era una independiente que distribuía vinos, aguas, gaseosas, etcétera. Con la llegada al país de Warsteiner, poco a poco fue convirtiéndose en una empresa cautiva, hasta que los alemanes decidieron comprarla. Sin embargo, sus empleados siguieron en SOEVA, posición que se reforzó cuando hace tres años Isenbeck compró la bodega mendocina Viñas de Orfila.

En un comunicado emitido ayer a última hora, Isenbeck afirma que «en relación con la medida de fuerza llevada a cabo por el Sindicato de Choferes de Camiones, y que mantiene bloqueada la distribuidora BCA, la empresa desea aclarar que la situación se origina en un conflicto intersindical que resulta totalmente ajeno a cualquier decisión de la empresa». Agrega que «la compañía respetará la decisión de los organismos y autoridades correspondientes, quienes deben definir si correspondiere un eventual reencuadramiento o redefinición de la afiliación sindical de dichos empleados».

Por ahora, el Ministerio de Trabajo se limitó a realizar algunas llamadas telefónicas a las partes, y a citar al CEO de Isenbeck, Hernán Pflaum, a la sede de la cartera laboral para una reunión que se realizaría hoy. Sin embargo, el final parece cantado: tal como sucedió en otras ocasiones similares, el Gobierno terminará laudando a favor de su gremialista más amigo y cercano a sus posiciones.

Robos

Cabe recordar que en los últimos tres años los camioneros le «robaron» varios miles de fichas de afiliación a su enemigo, el titular de la Federación de Empleados de Comercio, Armando Cavalieri, también mediante el «método Moyano de negociación»: primero se bloquea la entrada a las plantas de distribución y centros de logística de las empresas-objetivo (con violencia y piquetes si es necesario; ayer no lo fue) para después sentarse a «conversar» en Trabajo, pero con el resultado puesto.

Esto ya sucedió con los operarios de logística de empresas como Coto, Carrefour, Wal-Mart, Cervecería y Maltería Quilmes, Supermercado Mayorista Vital y varias decenas más no tan conocidas ni grandes como las citadas.

Cabe preguntarse entonces si, ante este panorama y la catarata de victorias que acumula Moyano, tiene sentido sacudir la modorra estival por modestísimas treinta fichas de afiliación. Está claro, entonces, que sin un guiño o hasta un pedido oficial, los Moyano habrían seguido durmiendo la siesta veraniega.

¿Se trata entonces de una advertencia a todo el sector empresario, a través de una pequeña cervecera que tiene menos de 7% del mercado y no más de 350 empleados en total? Si se lo compara con las repercusiones del caso Techint/Siderar, en el que están involucrados 2.300 afiliados al gremio de la Construcción, la cifra parece despreciable. En cambio, si se trata de una estrategia global a largo plazo, los empresarios harán bien en estar atentos a lo que sucede en el campo gremial, en un año en el que coinciden el calendario electoral y las casi garantizadas vacas flacas.

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