18 de marzo 2014 - 00:00

Los museos provinciales con aires renovadores

Frente del museo Emilio Caraffa de Córdoba, que días atrás celebró su centenario con la realización de seis muestras simultáneas de diferentes disciplinas.
Frente del museo Emilio Caraffa de Córdoba, que días atrás celebró su centenario con la realización de seis muestras simultáneas de diferentes disciplinas.
Córdoba - El Museo Emilio Caraffa de Córdoba cumplió 100 años de su fundación, y lo festejó con la inauguración de seis muestras simultáneas.

La documental, "100 años del Museo Caraffa", que es una línea de tiempo en la que se puede seguir su evolución en una secuencia didáctica; "Visiones Urbanas: Enrique Rocca", paisajista urbano de trayectoria europea nacido en Qulmes, que lleva su colorida gestualidad al límite de la abstracción; "Perfiles de América", de Liber Fridman, el consagrado maestro de quien se dice que trae mensajes a través de personajes míticos de la iconografía latinoamericana.

Las muestras se completan con "Fútbol: el juego sólo acaba cuando termina", exposición organizada por el Instituto Goethe de fotografías, video y arte sonoro; "Lo efímero persistente", muestra fotográfica contemporánea de la colección del Museo, y "Dobles", de Leticia El Halli Obeid, una muestra de video basada en entrevistas actores del doblaje.

El dia de la inauguración, una sorprendente cantidad de jóvenes se volcó al Caraffa y llenó salas y patio. A la presencia de Jorge Torres, director del museo, se sumó la de Luis Maubecin, factótum y actual director del Museo Contemporáneo recientemente inaugurado en Catamarca que, al igual que el Caraffa está abierto a promover tendencias e incorporar nuevas fórmulas de manejo museístico. Al término de la inauguración, ambos directores dialogaron con este diario.

"En el MOCA, Museo de Arte Contemporáneo de Los Angeles, hay dos direcciones, una artística, que dirige la agenda de muestras, y otra de gestión comercial, que se encarga de la obtención de fondos, membresías, auspicios, merchandising, etc.", ejemplifica Torres, quien resalta que es primordial la función del Estado, que siempre termina financiando, aún cuando otros aportes lleguen esporádicamente. Maubecin está de acuerdo con esa idea, y ambos coinciden también en la conveniencia y la funcionalidad de las membresías, que son pequeños aportes mensuales de personas físicas o empresas. El dinero que se recauda en concepto de entradas ayuda pero no basta, y no hay para el caso de las empresas atractivos extras como alguna exención impositiva especial que lo aliente.

Las empresas, a la hora de auspiciar, no pueden hacerlo con dinero por el reglamento de los museos, sino que cubren necesidades vitales como piezas gráficas, pasajes, alojamientos para artistas, o aun de infraestructura como computadoras u otros elementos. Sin embargo, grandes museos del mundo alquilan sus salas para lanzamientos de empresas, productos o perfomances donde el arte se asocia con grandes marcas de la cosmética o la moda, utilizando espacios para, por caso, grandes maquilladores o diseñadores.

Torres y Maubecin coinciden a este respecto en que el hecho de que una empresa aporte dinero no puede alterar el guión artístico de un museo, que no debe verse influído por conveniencia de algún auspiciante y, para evitar eso, prefieren opciones más creativas: "Actualmente hay muchas alternativas", señala Maubecin, citando ejemplos: "Cuando el gobierno griego suprimió el presupuesto del Museo de la Acrópolis de Atenas, éste se sostuvo con los ingresos que proporcionaba su restaurant y, en México, el Museo de Arte Popular se alquila para bodas y otros eventos". Ambos destacaron como un aspecto positivo el fenómeno de la expansión hacia el interior del país que se produjo en los últimos quince años, que atrajo, además de un público más joven, una afluencia turística creciente de todo el mundo a los museos de arte de las provincias, antes ignorados.

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