18 de abril 2011 - 00:00

Los puntos de una autocrítica fuerte

El presidente de Cuba, Raúl Castro, llamó a erradicar el «dogma», las «consignas vacías», el «reunionismo», el «amiguismo» y la «mentalidad de inercia» vigentes durante medio siglo de régimen comunista. Estas fueron las principales (e inéditas) autocríticas que esbozó en su discurso del sábado ante el VI Congreso del PC.

«Los cuadros se acostumbraron a que todo se decidiera arriba».

«La mentalidad de la inercia debe ser desterrada definitivamente para desatar los nudos que atenazan al desarrollo de las fuerzas productivas».

Se requiere «un efectivo antídoto contra el extendido hábito del reunionismo».

Se necesita «elevar a planos superiores la sensibilidad política, el sentido común, la intransigencia ante las violaciones y la disciplina de todos, en primer lugar de los cuadros de dirección».

«Nuestros cuadros tienen que habituarse a trabajar con los documentos rectores y abandonar el irresponsable vicio de encajonarlos».

«Lo que aprobemos en este Congreso no puede sufrir la misma suerte que los acuerdos de los anteriores, casi todos olvidados sin haberse cumplido».

«Se requiere también dejar atrás (en la prensa nacional), definitivamente, el hábito del triunfalismo, la estridencia y el formalismo al abordar la actualidad nacional».

«No haber resuelto (el ascenso de mujeres, negros y otros grupos a cargos de dirección) en más de medio siglo es una verdadera vergüenza».

«No pocas lecciones amargas nos han legado los desaciertos sufridos a causa de la falta de rigor y visión que abrieron brechas a la promoción acelerada de cuadros inexpertos e inmaduros a golpe de simulación y oportunismo».

«A pesar de que no dejamos de hacer varios intentos para promover jóvenes a cargos principales, la vida demostró que no siempre las selecciones fueron acertadas».

«La militancia no debe significar una condición vinculante al desempeño de puesto de dirección. Los dirigentes no surgen de escuelas ni del amiguismo favorecedor».

«Hoy afrontamos las consecuencias de no contar con una reserva de sustitutos debidamente preparados, con suficiente experiencia y madurez.»

Son viejos hábitos «la superficialidad y formalismo con que se desarrolla el trabajo político-ideológico, la utilización de métodos y términos anticuados».

«Se hace imprescindible cambiar la mentalidad, dejar de lado el formalismo y la fanfarria en las ideas y las acciones, o lo que es lo mismo, desterrar el inmovilismo fundamentado en dogmas y consignas vacías».

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