14 de junio 2011 - 00:00

Los secretos de Siquier

El nuevo título de la colección «Los sentidos», dedicado a Pablo Siquier, visualiza las tensiones que se cruzan en su obra en apariencia apacible.
El nuevo título de la colección «Los sentidos», dedicado a Pablo Siquier, visualiza las tensiones que se cruzan en su obra en apariencia apacible.
«Siquier», es el nuevo título de la colección «Los sentidos» dedicada a los artistas contemporáneos que, desde el año 2006, la editorial Adriana Hidalgo viene publicando en un productivo joint venture con galería Ruth Benzacar.

El libro de Pablo Siquier se inicia con un ensayo de Damián Tabarovsky, el texto permite visualizar las tensiones que cruzan los cuadros en apariencia apacibles. Luego, un amable reportaje del artista Leopoldo Estol, inserta la obra en el contexto de los años 90, y crea un clima propicio para que el artista confiese sus secretos. Finalmente, Claudio Iglesias revisa las diinterpretaciones críticas.

Una de las cuestiones destacables de «Siquier» es el análisis de la cualidad inconfundible de la obra y la capacidad del artista para crear un estilo. De este modo, en el paso a paso de la obra, se explica cómo surgió este estilo, pero además, quedan a la vista los límites que impone el estilo. El artista siente que desde que comenzó su carrera ha pintado un solo cuadro, durante 20 años, el mismo. Siquier rinde cuenta del orden que rige su obra y también del desorden; relata cómo construye sus redes y cómo se relacionan con la arquitectura y las ciudades. Así quedan a la vista las reglas de una gramática visual que fue variando con el uso de la tecnología o de la carbonilla.

Quienes aprecian las pinturas de Siquier encontrarán placer en la lectura, pero para la crítica especializada y para sus pares, los artistas, el libro resulta sumamente didáctico. Un texto de Marcelo Pacheco para el envío a la 26° Bienal de San Pablo, citado por Iglesias, revela que detrás de la aparente frialdad del artista figura la fascinación por la belleza ornamental y decorativa que lo emparienta con el grupo que surgió del Centro Cultural Rojas. «En sus cuadros había algo de pastiche, de simulacro, de maqueta; había apropiaciones, hibridaciones, citas y artificios. Todo su vocabulario se volvía confortable, tenía una razón de ser en este tiempo de las escenificaciones y las nostalgias retro».

Si bien Siquier se apartaba del espíritu juguetón del llamado «arte light» que predominaba en el Rojas, y aunque algunos consideraron que su obra era «críptica» o «silenciosa», el texto de Iglesias deja en claro que su significativa fortaleza inició un diálogo hasta ahora «fecundo con la crítica».

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