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Luis Filipelli, buen cantor, y ya no sólo de tangos

Luis Filipelli fue integrante del Coro de Niños del Teatro Colón. Pasó, siendo todavía un adolescente, por aquel recordado «Grandes valores del tango». Consagrado allí, recorrió los típicos locales del género: El Viejo Almacén, Caño 14, Casablanca. Fue protagonista de la mejor época del Café Homero, y le tocó compartir muchas noches con el «Polaco» Goyeneche. Todavía muy joven, hizo sus primeros dos discos en los años 70 y 80. Cantó con Ernesto Baffa y Osvaldo Berlingieri en el desaparecido Café Mozart. Pasó por momentos de mayor trabajo y por otros más difíciles. Vivió sucesivos «booms» y decadencias del tango. Compuso algunas piezas. No es de los artistas que aparecen en primer lugar cuando se habla de la música rioplatense. Pero Filipelli siempre ha estado allí y ha sostenido su carrera sobre dos valores centrales: una voz potente y siempre bien colocada y una sobriedad tanguera que le ha granjeado el respeto de un ambiente nada sencillo.
Ahora llega con su 5º álbum, aunque ya no es el tango el único protagonista. Con la dirección musical y los arreglos del guitarrista Julián Hermida -al frente de un sexteto de piano, violín, bandoneón, contrabajo, guitarra y percusión más algún invitado-, el cantante mezcla aquí clásicos como «Desencanto» y «La noche que te fuiste» con varias composiciones de Eladia Blázquez. Incluye la milonga «El alazán» de Yupanqui, «Mienten» de Roque Narvaja (junto a Juan Carlos Baglietto), y «La silenciosa» de Rafael Amor y Jairo.
Ricardo Salton


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